Mi mente en mi cuerpo

7 octubre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Elena Sanz
Mente y cuerpo están estrechamente relacionados. La influencia de uno sobre el otro tiene importantes repercusiones.

La dualidad mente-cuerpo ha sido un tema recurrente de debate. En él, ciencia y espiritualidad se entremezclan y, con frecuencia, se oponen. La idea de que ambos son entidades separadas e independientes ha prevalecido durante años, influyendo nuestra concepción de la salud y la enfermedad.

Esta división se muestra especialmente en nuestras sociedades occidentales, donde por mucho tiempo hemos distinguido académicamente ciencias de humanidades. Donde hasta hace poco ha sido impensable analizar el estado emocional para explicar un dolor físico. Donde no cabía opción a buscar un origen físico ante una alteración mental.

De forma adicional nos hemos acostumbrado a priorizar y atender casi en exclusiva nuestro estado físico. Y, en consecuencia, hemos aprendido a negar y relegar nuestro mundo mental y emocional. Si una persona tiene fiebre se le permite descansar en casa sin cuestionamiento alguno. En cambio, si padece ansiedad, se le tacha de débil y se le niega el tiempo de reposo.

En el mundo que nos rodea parece no existir lugar para nuestra realidad mental. Dentro de las escuelas no se educa en emociones, en gestión de conflictos, en estrategias de manejo del estrés. Y es precisamente esa dualidad mente-cuerpo la que favorece que esto ocurra.

Mi mente en mi cuerpo

Afortunadamente el paradigma va cambiando y hoy vamos caminando hacia una integración cada vez mayor de estas dos entidades. En la literatura científica tenemos numerosos hallazgos que evidencian la intrínseca relación existente entre cuerpo y mente. Así como  la influencia bidireccional que se produce entre ellos.

Las somatizaciones

Todos hemos experimentado en alguna ocasión ciertas molestias físicas para las que no es posible encontrar una causa orgánica. Dolores de cabeza, malestar estomacal, alteraciones en el sueño. Todos ellos ejemplos de cómo el estado mental o emocional puede influir en nuestras manifestaciones físicas.

Diversos trastornos como la depresión o la ansiedad aparecen acompañados de quejas físicas que reflejan nuestro mundo interno. Incluso situaciones puntuales de nuestra vida cotidiana nos provocan malestares somáticos.

El efecto placebo

La realidad de este efecto ha sido ampliamente demostrada a lo largo de diversas investigaciones. Una condición de salud puede mejorar e incluso remitir en ausencia de un principio activo que de cuenta a nivel químico o fisiológico de esta mejora.

La simple creencia de estar expuestos a una sustancia curativa puede tener un correlato en nuestra realidad física. Mente y cuerpo interactúan, reaccionando uno al otro para conformar nuestro estado de salud.

Biología de los trastornos mentales

Muchos de los trastornos mentales graves que hoy en día conocemos tienen una fuerte fundamentación biológica. Lejos de explicaciones espirituales, enfermedades como la depresión, la esquizofrenia o el trastorno bipolar presentan una base física

El papel del desbalance químico de ciertos neurotransmisores en estos trastornos es innegable. Además constituye el punto de partida para lograr obtener medicamentos que, modificando esta situación bioquímica, logren mejorar el estado mental de la persona.

Lo que ocurre en la mente está íntimamente ligado a lo que acontece en el cuerpo, y viceversa. No es posible ni razonable entender al primero sin el segundo.

Psiconeuroinmunología

Se han encontrado relaciones significativas entre algunos factores psicosociales y la susceptibilidad a padecer ciertas enfermedades y a recuperarse de ellas. Los procesos psicológicos pueden alterar el sistema inmune.

La calidad de nuestro estado mental y de nuestras relaciones sociales tienen una influencia real en nuestra predisposición a enfermar y en nuestra capacidad para enfrentar la enfermedad.

Mi mente en mi cuerpo: una integración necesaria

Por tanto, la relación entre mente y cuerpo es innegable. Pero, además, aceptar y comprender los flujos bidireccionales que se establecen entre ellos es útil y necesario.

  • Para lograr un buen estado de salud hemos de atender a nuestro estado físico, mental y social. Comprender que si uno de ellos falla, la salud no es completa, nos ayudará a cuidarnos de un modo más integral.
  • Podemos influir en nuestra salud mental trabajando a nivel físico. Al igual que podemos influir en nuestro estado físico cuidando la salud mental.
  • Es nuestro derecho y nuestro deber atender, trabajar y expresar nuestras emociones como parte esencial de nuestro ser. La educación emocional ha de ser prioritaria en las generaciones más jóvenes puesto que no podemos ignorar esa gran parte de nuestra humanidad.

 

Silva, H. (2002). Nuevas perspectivas en la biología de la depresión. Revista chilena de neuro-psiquiatría40, 9-20. Villarroel, P. E. V., & Casal, G. B. (1999). Psiconeuroinmunología: Relaciones entre factores psicológicos e inmunitarios en humanos. Revista latinoamericana de Psicología31(2), 271-289.