Mi perro es mi mejor amigo

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Laura Rodríguez
· 6 junio, 2019
Los perros son nuestros mejores amigos, los que siempre nos reciben con alegría cuando llegamos a casa. Lejos de castigar nuestros días malos, parecen saber que es entonces cuando más les necesitamos.

«Mi perro es mi mejor amigo» es una idea que comparten cada día más personas. En este sentido, cada vez son más quienes adoptan a un perro que lo necesita, que no tiene quien cuide de él y que con el paso del tiempo se convierte en un miembro más de la familia.

Cabe destacar que un gran número de personas no conciben a su perro con el término «animal de compañía», sino que lo conciben como una parte importante de sus vidas; su perro es su amigo, su familia, su compañero de viaje.

Asimismo, en muchos casos, el perro es considerado fuente de apoyo y de amor incondicional, puesto que nos sentimos aceptados tal y como somos. A nuestro perro no le importa si somos altos o bajos, si tenemos el pelo corto o largo o si somos delgados o gruesos; nos quiere incondicionalmente y nos ofrece todo a cambio de nada.

«Quien nunca ha adoptado a una mascota, no sabe lo que es el amor más puro, auténtico y desinteresado».

Chica abrazando a su perro

Mi perro es mi mejor amigo, mi familia

El hecho de considerar a un perro como uno más en la familia es una idea difícil de concebir para muchas personas: les cuesta entender que se pueda crear un vínculo de esta dimensión con un animal. Esto es, ¿cómo se puede crear ese vínculo tan fuerte con nuestro amigo peludo?

Un equipo de científicos del departamento de Ciencia, Animal y Biotecnología de la Universidad Azabu en Japón, han demostrado que estar con nuestros caninos estimula la oxitocina, la conocida como «hormona del amor».

Parten de la teoría de que la oxitocina genera esa conexión tan fuerte que se crea con nuestras mascotas, asemejándose, tal y como afirman el equipo de científicos, a la conexión que se crea entre padres e hijos a nivel biológico.

Según su experimento, el simple contacto visual entre el perro y su dueño fortalece sus vínculos afectivos. Por consiguiente, el amor que sentimos por nuestros caninos y el que recibimos por su parte tiene un cierto origen biológico.

Beneficios de tener un perro

Produce sensación de bienestar

Al hilo de párrafo anterior, el contacto con nuestro perro genera un aumento en la producción de oxitocina, la hormona del amor. Esa sensación de amor y cariño aumenta la sensación de bienestar y de felicidad, por lo que relacionarnos con nuestro compañero peludo es un buen antídoto contra la depresión.

Reduce la sensación de soledad

Tener un perro disminuye la sensación de soledad, puesto que nos sentimos acompañados, que no estamos solos; nuestro amigo nos está esperando al llegar a casa. En efecto, encontrarnos de camino a nuestro hogar sabiendo que nuestro peludo nos está esperando, que está deseando vernos y nos recibe con una alegría enorme, es uno de los momentos más placenteros del día para muchas personas.

Apoyo emocional

Nuestro perro nos aporta apoyo emocional cuando estamos tristes, cuando salimos del trabajo y nos sentimos estresados o simplemente cuando algo nos preocupa.

Para muchas personas el hecho de llegar a casa sabiendo que nuestro perro nos está esperando con alegría y felicidad al vernos, alivia cualquier tristeza y situación negativa que hayamos vivido. Una vez que sentimos esa ternura y ese amor incondicional que nos procesan, seguramente ese malestar que sentíamos disminuya.

Te mantiene activo

Vivir con un perro implica tener que salir a pasear, caminar diariamente. Como consecuencia, salir de paseo incrementa la tasa de ejercicio físico, mínimo unos 20-30 minutos al día. Asimismo, el aumento de la actividad física constituye una salida para el estrés, relajando nuestro sistema nervioso, tal y como afirma un estudio de la Universidad Commonwealth de Virginia (EEUU)

Cabe destacar que los paseos diarios con nuestro peludo pueden mejorar nuestra vida social, dado que en los paseos probablemente coincidamos con otras personas que están paseando con sus mascota, siendo más accesible entablar conversaciones y socializar con los demás.

Previene enfermedades

Un artículo del British Medical Journal mostró que más de un tercio de los perros que viven con personas diabéticas muestran cambios en su comportamiento cuando los niveles de azúcar en la sangre de sus propietarios son bajos, llegando incluso a detectar este cambio de niveles de azúcar antes que las personas. Por lo tanto, según este artículo, al detectar los cambios en los niveles de azúcar en sangre, pueden darnos señales que nos permitan anticiparnos a ellos.

Asimismo, convivir con un perro produce que los niños sean menos propensos a desarrollar alergias en el transcurso de sus vidas según un estudio de Cincinnati Childhood Allergy & Air Pollution Study (CCAAPS). Este estudio afirma que convivir con un peludo genera cierta inmunidad a desarrollar alergias, convirtiéndose en una consecuencia positiva de la convivencia con los caninos.

Niña dando un beso a un perro

El dolor tras decirle adiós a nuestro mejor amigo

Perder a un ser querido es un duro golpe, al igual que también puede serlo perder a nuestro perro. En este sentido, seguramente la persona que esté leyendo esto y haya pasado por la pérdida de un animal querido entenderá perfectamente la idea que queremos transmitir en estas líneas, aunque aquí nos centremos en un animal concreto, el perro, está claro que no es el único animal por el cual las personas pueden sentir afecto y crear un vínculo tan fuerte como el que se crea con amigos y/o familia.

«Mi perro es mi mejor amigo, siento un dolor tan grande comparable al que sentí al perder a un familiar cercano», «me siento culpable por si hubo algo más que hubiera podido hacer por salvarle, por si no hice lo suficiente», son algunos testimonios de personas que han vivido la muerte de su animal querido. En efecto, afrontar la pérdida de nuestro perro puede ser muy doloroso, tal y como se recoge en la revista Perspectives in Psychiatric Care, la cual afirma que la reacción de duelo tras su muerte es comparable a la que se experimenta con la pérdida de un miembro de la familia.

Para concluir, adoptar a una mascota puede aportar numerosos beneficios a nuestra salud. Es cierto que el dolor derivado de su pérdida es enorme; no obstante, el bienestar que emana de los recuerdos, sabiendo que le dimos la mejor vida que pudimos darle, compensa todo ese dolor tras la pérdida. En definitiva, todo aquello que nos ha aportado, todos los momentos buenos que hemos vivido es lo que permanecerá siempre con nosotros, dado que mi perro es mi mejor amigo y lo seguirá siendo.

«Hasta que no hayas amado a un animal, parte de tu alma estará dormida».

-Anatole France-