Microbiota intestinal y alzhéimer, ¿cómo se relacionan?

02 Octubre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Cristina Girod de la Malla
Quizás hayas oído hablar de la microbiota, responsable de tantas y tantas patologías. Pero ¿conoces su posible papel en la enfermedad de Alzheimer? Aquí repasamos una de las investigaciones más recientes y esperanzadoras sobre esta relación.

A día de hoy, y por desgracia, todavía no se ha encontrado la cura para el alzhéimer. Existen terapias que pueden mejorar la progresión de la enfermedad, como la estimulación cognitiva, y otras más innovadoras como la realidad virtual. Pero ¿y si parte de la solución estuviera mucho más a nuestro alcance? ¿Y si pudiéramos empezar a tratar y prevenir el alzhéimer desde el intestino, más concretamente, desde la microbiota intestinal?

Se estima que entre el 60 y el 70 % de los casos de demencia -ahora trastorno neurocognitivo mayor- se deben a la enfermedad de Alzhéimer. Se cree que hay en torno a 48 millones de personas en el mundo que viven con la enfermedad. Con estas cifras, toda investigación es poca y todo hallazgo, por pequeño que sea, un hilo del que tirar.

A este respecto, vamos a ahondar en el concepto de microbiota intestinal y hacer un repaso sobre la más reciente investigación que relaciona la disbiosis, una alteración en el equilibrio de la microbiota intestinal, con el alzhéimer, tanto con el inicio de la enfermedad como con su evolución y pronóstico.

Microbiota intestinal

Vamos por partes: ¿qué es la microbiota intestinal?

Llamamos microbiota intestinal al conjunto de microorganismos vivos que viven en el organismo y que conviven de manera simbiótica con el mismo, o en este caso, con nuestro intestino. Esta convivencia simbiótica (equilibrio) es fundamental para la salud.

La microbiota del intestino, en concreto la del intestino grueso, es una de las más pobladas del planeta: está formada por unos 100 billones de microorganismos de unas 1000 especies distintas, ¡lo equivalente a entre un kilo y medio y dos kilos!

La microbiota intestinal es propia de cada individuo. Podríamos decir que es casi como nuestra segunda huella dactilar, ya que solo una mínima parte de las especies son comunes a distintos sujetos (solo 60 especies de las más de 1000 están presentes en la mitad de la población de una misma zona geográfica).

El desarrollo de la microbiota empieza tras el nacimiento y esta muy influenciado por factores externos, como la forma de alimentarnos, el estrés, el uso de fármacos… Aunque la microbiota está sujeta a variaciones hormonales normales, estas variaciones son más acusadas en la tercera edad, periodo en el que se observan un empobrecimiento y un desequilibrio de la microbiota intestinal.

¿Cuáles son las funciones de la microbiota?

Por su complejidad y su importancia para el buen funcionamiento del organismo, se ha llegado a considerar a la microbiota como un órgano funcional más del cuerpo humano. Entre sus funciones debemos destacar las siguientes:

  • Ejerce funciones metabólicas esenciales: favorece la digestión y la absorción de nutrientes, y participa en la síntesis de metabolitos (algunos ácidos grasos y algunas vitaminas).
  • Tiene función de barrera, lo que permite actuar como defensa contra agentes patógenos, como toxinas o microbios.
  • Actúa como defensa, ya que favorece la maduración del sistema inmunitario intestinal. Alrededor del 70 % de nuestras células inmunes se encuentran en nuestro intestino.
  • Interviene en la maduración del tubo digestivo, mantiene la mucosa intestinal y la actividad enzimática de la mucosa.

Origen del alzhéimer: ¿tiene algo que ver la microbiota intestinal?

El origen y la causa de la enfermedad de Alzheimer son aún un misterio. De hecho, el diagnóstico solo puede ser confirmado postmortem. En vida, el diagnóstico se queda en “enfermedad de Alzheimer probable o posible”. Por ello, la investigación para lograr determinar la causa de esta enfermedad está muy viva.

Entre las recientes investigaciones y hallazgos destacamos el de un grupo de investigadores chinos, que propuso un posible vínculo entre la enfermedad de Alzheimer. Estudiaron la composición de la microbiota intestinal de ratones sanos y ratones modificados genéticamente para desarrollar los síntomas típicos del alzhéimer, encontrando que había grandes diferencias entre ambas.

Se tomaron muestras de heces en ambos grupos de ratones a diferentes edades (1, 3, 5- 6 y 8–12 meses). Esto permitió estudiar la diversidad y la abundancia de bacterias de la microbiota intestinal.

Principales y halagüeños hallazgos

Se comprobó que la composición de la microbiota intestinal cambió en función de la edad en todos los animales. Además, se observaron otro tipo de diferencias entre ambos grupos. Los ratones “con alzhéimer”, a partir de los 5-6 empezaron a presentar disbiosis. En concreto, presentaban un nivel bajo en el cerebro de butirato, un ácido graso de cadena corta (AGCC) con efectos probióticos que parece contribuir a proteger las neuronas contra procesos inflamatorios, con su correspondiente correlato en la medición en heces.

Los investigadores encontraron también que los ratones “con alzhéimer”, desde los 5 meses, presentaban depósitos amiloides en el intestino. Por otro lado, se hallaron alteraciones estructurales típicas de las placas seniles presentes en el alzhéimer, vellosidades más cortas e irregulares en el intestino y degeneración mitocondrial.

Como explican los investigadores, estos depósitos amiloides, junto con las alteraciones estructurales encontradas facilitan el desequilibrio en la microbiota intestinal (disbiosis) y por tanto podrían estar implicados en el déficit de butirato, lo que podría contribuir a aumentar los síntomas cognitivos de la enfermedad de Alzheimer.

Cerebro de una persona con alzheimer por resonancia magnética

La microbiota intestinal abre una puerta de esperanza

Como afirma la Dra. Frida Fåk Hållenius, una de las autoras del estudio, estos resultados significan, principalmente, que se puede empezar a investigar sobre nuevas formas de prevenir la enfermedad de alzhéimer, retrasar su inicio y favorecer una mejor progresión. 

De hecho, recientemente se realizó un ensayo clínico cuyos resultados demostraban pequeñas mejorías en enfermos de alzhéimer tratados con probióticos durante 12 semanas. Tras este periodo, se pudo observar una significativa -aunque ligera- mejora de las puntuaciones en el MMSE, un test de screening para medir el deterioro cognitivo.

Esta línea de investigación está a la orden del día, por lo que se espera que siga avanzando. Todo avance es importante, ya que nos acerca a encontrar el origen y el tratamiento de una de esta “epidemia creciente” que mata a tantas personas al año y que mayor impacto económico genera.

Zhang L et al. Altered Gut Microbiota in a Mouse Model of Alzheimer's Disease. J Alzheimers Dis. 2017;60 :1241–1257. Lynch SV, Pedersen O. The human intestinal microbiome in health and disease. N Engl J Med 2016; 375: 2369-79. Hill JM, Bhattacharjee S, Pogue AI, Lukiw WJ. The gastro-intestinal tract microbiome and potential link to Alzheimer’s disease. Front Neurol 2014; 5: 43. Bhattacharjee S, Lukiw WJ. Alzheimer’s disease and the microbiome. Front Cell Neurosci 2013; 7: 153