¿Muere el amor?

Cuando alguien se va, los sentimientos que albergamos se intensifican. Con el tiempo, existe la posibilidad de que los transformemos y los elaboremos, como el abono que da vida a un bello sauce. ¿Muere el amor o se transforma?
¿Muere el amor?
Gorka Jiménez Pajares

Escrito y verificado por el psicólogo Gorka Jiménez Pajares.

Última actualización: 02 diciembre, 2022

Perder a alguien que aporta luz en nuestro camino nos sitúa a las puertas de un sendero doloroso. El vacío que sentimos nos desgarra por dentro porque algo ha sido arrancado. Cuando el vínculo permanece, pero el hilo se rompe, es fácil que nos embargue la sensación de que la vida se ha vuelto más gris, fría y oscura. ¿Muere el amor? La experiencia nos dice que los sentimientos no distan de morir, sino que se transforman.

A los síntomas que acompañan al acto de la pérdida se le denominan duelo. Existe una creencia generalizada de que el duelo solamente se produce cuando alguien muere, pero la realidad nos demuestra de que el duelo puede darse en diversas situaciones: la separación de tu pareja, el extravío de un objeto con valor personal o fenómenos tan en boga como el ghosting.

“La pérdida es un evento que marca de muchas maneras a las personas debido a las diferentes formas en las que es posible perder algo. De hecho es posible perder desde objetos materiales hasta valores abstractos, como ideales o la identidad, pasando por la salud, las personas y las relaciones afectivas que se construyen con ellas”.

-Freud-

Mujer llorando
El fin último del duelo es aceptar la realidad y sobreponerse al dolor.

Transformaciones de significado

La elaboración del duelo es difícil; supone transformar un gran conjunto de emociones, pensamientos y conductas relacionados con lo que se ha perdido. El objetivo que se persigue es fácil de entender: aceptar la realidad y sobreponerse al dolor. El fin último es la recomposición de nuestro mundo interno. Para la terapia narrativa, nada muere, sino que es transformado.

Entonces, ¿muere el amor?

Cuando perdemos a alguien porque ha fallecido o ha desaparecido, el amor permanece. Sigue meciendo las lágrimas que se derivan del dolor de la ausencia. Nos acaricia el alma en cada recuerdo y en cada pensamiento. Las personas a las que amamos siguen presentes en nuestros pensamientos y el amor que les profesamos está latente, pero de forma distinta.

“El dolor de la pérdida surge muchas veces de manera tan repentina que se siente como incoherencia, lo que introduce cambios significativos en la visión de sí mismo y del mundo y por ende se comienza un proceso reevaluativo sobre cómo era la vida antes de todo”.

-Rood-

Dar sentido al dolor que supone la pérdida también implica darse sentido a uno mismo. De acuerdo con la psiquiatra Kübler Ross, las etapas que atravesamos las personas cuando sufrimos una pérdida son:

  • La negación de lo que nos ha ocurrido, que nos permite atenuar el impacto emocional de la pérdida.
  • La ira, la rabia, el resentimiento que nos permiten manifestar el dolor que sentimos.
  • Cuando la ira ha sido descargada, aparece la negociación, el intento de recuperar lo que hemos perdido.
  • Cuando nos damos cuenta de que no es imposible, la tristeza suele ganar en protagonismo.
  • Tras el abatimiento, llega la aceptación. El sentimiento que acompaña a la paz y a la tranquilidad y que permite recobrar de manera gradual el estado de ánimo y la estabilidad personal.

“Una experiencia tan dolorosa como lo es la pérdida no es un simple hecho que “digiere” con el tiempo”.

-Massa-

Hombre mirando desde ventana
El duelo es proceso que necesita tiempo para ser elaborado adecuadamente.

Las narrativas que formamos sobre el duelo se refieren al lenguaje que construimos para otorgar significados. Esto ocurre porque tratamos de buscar el sentido de las cosas que nos suceden. Pensar en el amor que en el pasado profesamos a una persona que está ausente nos permite reflexionar, reevaluar y construir un significado de la relación que se tuvo y de los hechos que se compartieron.

Con el tiempo, donde hubo dolor, quedan bellos recuerdos, anécdotas y admiración. Para la terapia narrativa, la forma en que hablamos sobre las personas a quienes perdimos tiene un valor muy grande. De modo que, cuantas más formas se empleen para pensar, reflexionar y hablar sobre lo ocurrido, mayor será la posibilidad de construir una versión menos dolorosa.

Elaborar, construir y transformar el dolor implica generar nuevas narrativas. También supone tejerlas y entremezclarlas, unificar nuestra vida antes de la pérdida con la vida actual, de forma que puedan converger. Como decía Brian Jacques:

“No te avergüences de llorar; tienes derecho a llorar. Las lágrimas son solo agua; y las flores, los árboles y las frutas no pueden crecer sin agua, pero también debe haber luz solar. Un corazón herido sanará en el tiempo y cuando lo hace, la memoria y el amor de nuestros perdidos serán sellados en nuestro interior para confortarnos”.

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