No eres culpable, eres responsable

30 Abril, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga María Vélez
En nuestra sociedad tenemos el sentimiento de culpa muy desarrollado y hacemos uso de él más de lo que deberíamos. Pero abusar de él nos lleva a cambiar nuestra manera de percibir y sentir todo lo que sucede. ¿Por qué no cambiarlo por la responsabilidad?
 

Todos hemos llegado a pronunciar en algún momento de nuestra vida algunas frases que en las que nos culpabilizamos a nosotros mismos. “Todo ha sido por mi culpa”, «Me lo merezco«… Y, aunque es común, quizás nos hemos considerado culpable más veces de las que debiéramos. 

El lenguaje que usamos tiene un impacto directo en nuestra forma de entender e interpretar la vida. Las personas difícilmente somos conscientes de este efecto ineludible, por lo que caemos en la trampa de llevar al extremo muchas de nuestras vivencias adversas. Lo hacemos solo por el condicionamiento que ejercen las palabras que hemos empleado para expresarlas.

Todos hemos pasado por momentos en los que no nos gusta cómo nos hemos comportado, cómo hemos resuelto alguna situación o cómo alguien nos ha hecho sentir con sus palabras o acciones. En ocasiones llegamos a ser muy duros con nosotros mismos, pudiendo machacarnos y juzgarnos con dureza. Es más, probablemente se trate de algo que ya pertenece al pasado y que no tiene un gran impacto real en el momento presente. Sin embargo, nos sentimos culpable y nos torturamos.

 
Niña frotándose los ojos

El boicot contra nuestro yo interno

Soy el culpable de todo esto” es una frase cargada de connotaciones negativas que nublan la capacidad de nuestra mente para razonar, ya que la emoción que produce en nosotros es muy intensa. Asimismo, bloquea todos nuestros recursos y fortalezas para afrontar la situación de manera exitosa, llegando a pensar con clara certeza que somos merecedores de todo lo negativo que nos ocurre.

Si optamos por convencernos de que todo está mal y nos refugiamos en pensar que no podemos hacer nada al respecto, ¿qué razones habría para poner medios en salir de ese bache?

Podemos encontrar un símil de esta convicción en las supersticiones: creencias irracionales mediante las que las personas le echan la culpa de sus adversidades a haber derramado sal, a haber roto un espejo o a haberse cruzado con un gato negro. Estos azares traen una mala suerte inevitable y nada se puede hacer para hacerle frente, refieren algunos.  

 

Los seres humanos somos responsables, que no culpables, de la interpretación que hacemos de nuestras acciones y de nuestras palabras. La responsabilidad es un concepto que tiene una connotación positiva y nos sitúa en un lugar privilegiado de control interno. Así, nos predispone a actuar hacia aquello que queremos solucionar, cambiar o mejorar, tanto si hemos tocado madera, como si no.

mujer lobo

La trampa de la mala suerte

Ocurre que si nombramos a la suerte como capitana de nuestro destino, dejaremos de sentirnos responsables de nuestra vida. De hecho nos situaremos justo en el lado opuesto, en un lugar de control externo, perfecto para librarnos de la culpa o la responsabilidad.

Si afianzamos esta óptica dentro de nuestros esquemas de razonamiento, seguiremos mostrándonos pasivos ante los sucesos que ocurren a nuestro alrededor, por lo que nuestra autoestima y auto respeto perderán solidez.

 

El hecho de posicionarnos, y posteriormente permanecer en el lugar de control interno, se puede conseguir e integrar en nuestra personalidad. Es entonces cuando dejamos de percibir que nuestras experiencias, positivas o negativas, se escapan de nuestro control, a pesar de haber puesto todo nuestro empeño. Es decir, comenzamos a entender que podemos tomar decisiones y cambiar aspectos de nuestra vida.

No olvides que un porcentaje alto de tus logros personales depende de ti y que el modo en que se desarrollan tus relaciones interpersonales está en tu mano. No te ensombrezcas y saca a la luz todas tus habilidades personales que te hagan conciliarte con todo lo que te rodea.

Deja de machacarte, de cuestionarte, de sentirte culpable, deja de perder el tiempo sintiéndote merecedor de todo lo negativo que te ocurre. Quiérete y respétate. Sé responsable de tu propia vida, de manera que no comprometas tu autoestima: solo así podrás poner en marcha todo lo necesario para mejorar, progresar y cambiar eso que te está inquietando.

 

«La disposición a aceptar la responsabilidad de nuestra propia vida, es el origen de donde surge el autorespeto»

-Joan Didion-