No sé que decisión tomar

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 25 septiembre, 2015
Dolores Rizo · 25 septiembre, 2015

“No sé qué decisión tomar” es quizás, una de las frases más frecuentes en aquellas personas inseguras de sí mismas, y por tanto indecisas ante la vida.

Tomar una decisión conlleva responsabilizarse de las consecuencias que ello conlleva. Por lo tanto, es una tarea que no suele hacerse a la ligera, sobre todo si la cuestión es importante.

¿Por qué no sabemos tomar una decisión?

En realidad, sí sabemos, todos sabemos tomar decisiones. Lo que sucede es que dudamos de cuál es la decisión correcta, y eso nos paraliza.

Tomar una decisión, es fácil, siempre que nos sintamos seguros de nosotros mismos.

Pero es precisamente nuestra inseguridad la que nos impide tomar decisiones ante la vida. Y junto a ella, nuestros miedos.

Mujer pensando sin saber que hacer

¿Qué significa sentirnos inseguros?

Sentirnos inseguros significa no estar centrado en nosotros mismos, y por el contrario, estamos pendientes de lo que pensarán los demás de nuestra decisión.

Por tanto, es fácil, no saber tomar una decisión si nos basamos en los motivos en los que otros esperan u opinan acerca de esto.

La inseguridad crecerá en nosotros y por tanto, la indecisión y los miedos, aumentando así el círculo vicioso sin salida, sintiéndonos cada vez más bloqueados y paralizados.

¿Cómo recuperar la seguridad personal?

Sentirnos seguros de nosotros mismos supone tener una buena autoestima, es decir, una buena relación con nosotros mismos, valorando quienes somos, conociendo bien nuestras virtudes, y también nuestras debilidades.

Tener seguridad personal supone conocernos a nosotros mismos y conocer nuestros valores y deseos ante la vida.

“A veces, la decisión más pequeña puede cambiar tu vida para siempre”

-Keri Russell-

 

¿Cómo tomar una decisión?

Cuando estamos ante varias opciones, de las cuales tenemos que tomar una decisión, en primer lugar, como hemos dicho, es importante sentirnos conectados con nosotros mismos, sabiendo quiénes somos y nuestra proyección en la vida.

De tal forma, que no estaremos centrados en los demás, en lo que piensan u opinan de nuestras opciones, sino en nosotros.

En segundo lugar, es importante tomarnos un tiempo de reflexión acerca de cada opción, valorando sus pros y contras. Contrastando lo que nos convence con lo que nos limita.

La mejor forma de valorar los pros y los contras, es darles una puntuación numérica, de tal forma, que en función de la importancia de cada aspecto en concreto, le damos una puntuación entre 0 y 5, por ejemplo.

De esta forma, nos resultará fácil, de forma numérica, contrastar la importancia de los motivos de cada escala, sabiendo así cual es la que nos beneficia más.

Para ello, es importante, que la valoración de cada aspecto sea sincera, y basada en nuestros intereses personales y no en los intereses de otras personas, que no son quienes tienen que tomar la decisión.

¿Cómo llevar la decisión a la práctica?

Una vez valorados los aspectos y motivos de los pros y contras, con el resultado, es necesario ser coherente, y con ello, la toma de decisiones estará resuelta.

Después solo nos queda expresarlo a los demás, exponiendo nuestros motivos, aquellos que valoramos muy importantes y por ellos, el resultado de la decisión.

Y tras la exposición, ejecutar la decisión tomada supone dirigir nuestra vida, hacia ese camino, sin dudas, y recordando en todo momento, los motivos por los cuales llegamos hasta éste punto de partida.

La peor decisión es la que no se toma

¿Y que hacemos con los miedos?

Ante cualquier cambio en la vida, aparecerán miedos y éstos nos harán dudar sobre si esa decisión será la más adecuada.

 ¿Y quién sabe qué decisión es la mejor?

La única persona que puede valorar lo que es mejor para mí, soy yo

Mujer encerrada en un bote con miedo

Podemos equivocarnos, por lo que el error, inevitablemente, nos podrá servir para aportarnos aprendizaje en  nuestra vida. Caminar por la vida, es ir a ciegas, desconociendo lo que nos depará.

Por lo tanto, una vez que hemos valorado nuestros motivos, merecerá la pena decidir ir adelante, superando y afrontando nuestros miedos.

Además, es probable que no tomar la decisión fuese la peor opción, porque nos bloquearía en el camino, y la consecuencia de esto sería mucho peor que las consecuencias que nos puede deparar el camino escogido, ya que se corresponde a  nuestros deseos y valores más profundos.

“Valiente es aquel que supera sus miedos y no el que no los tiene”