No tenemos Wi-Fi, hablen entre ustedes

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 10 agosto, 2017
Valeria Sabater · 9 septiembre, 2015

Cuando nos desvestimos de las obligaciones del año y por fin, cogemos vacaciones, el simple hecho de cambiar de rutinas, escenarios y contextos, supone a más de uno algún pequeño dilema como no saber si habrá Wi-Fi allá donde vaya.

Si hacemos una reserva en un hotel, buscaremos aquel que nos ofrezca Wi-Fi. Si salimos a comer a un restaurante, o vamos a tomar algo a alguna terraza, siempre agradecemos que nos ofrezcan conexión gratuita para nuestros dispositivos electrónicos.

Somos una sociedad conectada, y ello, a pesar de ofrecernos grandes beneficios personales, emocionales y laborales, supone algún cambio en nuestra forma de relacionarnos. De vivir el momento.

Internet, las redes sociales, los teléfonos inteligentes o las tablets, nos integran en un mundo donde prima la inmediatez, donde la información se capta al segundo y se comparte, donde todos estamos unidos sin necesidad de “estar físicamente”.

Todo ello es sin duda una estupenda ventaja y un gran valor, pero por otro lado, nos está determinando en muchos otros aspectos. “Tememos la desconexión”.

El estar sin Wi-Fi, el perder cobertura en nuestros móviles o ver como se reduce nuestra tarifa de datos en un momento dado, supone quedar aislados, desinformados, se nos arranca de modo temporal ese cordón umbilical con los nuestros para de pronto, ponernos frente a frente con lo que nos rodea.

Y es posible que lo que tengas ante ti en ese mismo instante, sea en realidad lo más importante de tu vida.

El sutil miedo a la desconexión

personas en globo

¿Cómo sería un día en nuestra vida sin conexión a Internet? Supondría en primer lugar no estar informados. Sabemos que medios como la televisión y la radio siguen presentes, pero nada es tan inmediato, por ejemplo, como las noticias que aparecen en nuestros portales habituales.

Estar desconectados se traduce también en dejar de relacionarnos a través de las redes sociales. Y más aún, en no saber qué hacen o dejan de hacer nuestros conocidos. Nos obligaría, de alguna forma, a estar pendiente de nuestra realidad más cercana, más tangible.

¿Significa esto quizá que deberíamos desconectar nuestros dispositivos electrónicos y vivir sin Internet? En absoluto. Tal y como hemos señalado al inicio este medio es un gran valor humano de comunicación, conocimiento y trabajo. Enriquece nuestro día a día y nos permite crecer, aprender, crear…

Ahora bien, como ocurre en todas las cosas de esta vida, la clave está en el equilibrio:

  • En no obsesionarnos en que estar 20 minutos sin mirar el móvil, por ejemplo, supone “perderse muchas cosas”.
  • Internet es una herramienta valiosa, pero debemos verla como una pieza más en nuestra cotidianidad, es una llave que te da acceso a numerosas dimensiones, pero no es una forma de vida.
  • En nuestro día a día, se nos pueden estar escapando muchas más cosas de las que acontecen en las redes sociales.

La vida no son solo instantes que publicar en las redes sociales para conseguir un like. Son también momentos que grabar en nuestro corazón, y a veces, hasta en el silencio y la complicidad de quienes amamos.

El valor de enriquecernos con todo, pero con equilibrio

pareja en el campo

No hay que caer en los extremos, ni tampoco cerrarnos puertas: Internet es algo positivo. La sociedad se alza sobre una red de conexiones infinitas donde corren datos, informaciones, donde se comparten conocimientos y emociones…

¿Cómo poner muros a lo que no tiene forma, y a su vez, nos hace la vida más fácil? Las nuevas tecnologías deben ser una herramienta a nuestra disposición, pero no esa ventana única desde la que asomarnos para ver la vida, y en ocasiones, hasta dejarla escapar.

No tengas miedo de llegar a ese lugar donde de pronto, tu teléfono pierde cobertura. No temas que a tu alrededor no exista ningún espacio que te ofrezca Wi-Fi. Hay quien no lo concibe, pero cabe la posibilidad de guardar el móvil en el bolso, o en el bolsillo de nuestro pantalón durante un buen rato.

Son esos instantes en que no sólo nos desconectamos de los dispositivos electrónicos, también lo hacemos de las noticias del mundo, de esa vibración que te avisa de un mensaje nuevo, de algún like a alguna de tus fotografías en Instagram.

No importa. Toma aire, y disfruta de esta desconexión momentánea en un ambiente donde quizá, no haya redes eléctricas, y donde los únicos canales de comunicación válidos, sean las palabras, las sonrisas, las caricias o los silencios donde descifrar universos enteros.

Todos necesitamos de esos instantes temporales donde romper los vínculos con nuestras obligaciones, con el ruido, con el rumor de lo artificial. Son momentos en los cuales, conectar con nosotros mismos sin artificios, con honestidad y deleite. Disfrutando de lo que nos envuelve, sin necesitar nada más…

Imágenes cortesía Mariana Kalacheva