No todo tiempo pasado fue mejor, lo mejor está por llegar

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 4 octubre, 2018
Cristina Medina Gomez · 31 diciembre, 2015

No es difícil imaginar por qué un proverbio popular se ha hecho tan famoso como el que dice todo tiempo pasado fue mejor y por qué escritores como Ernesto Sábato lo recogieron en alguna de sus obras. Este opuesto a lo mejor está por llegar nace de esa visión nostálgica, sobre todo de personas mayores que han vivido muchos años, por todo lo acontecido en sus vidas.

Sin embargo, añorar lo que se ha perdido no nos permite disfrutar de lo que aún nos queda por vivir. Por eso, no todo tiempo pasado fue mejor sino que, como diría la gran Mafalda, lo mejor está por llegar.

“No creo en esa historia de que el pasado fue mejor. Comience a explorar el pasado y también descubrirá cosas terribles.”

-Jorge Amado-

Tenemos una capacidad maravillosa de sorprendernos una y otra vez que no deberíamos desaprovechar, como si siempre existieran cosas nuevas que conocer, aprender y sentir en nuestra piel.

Yo lo que quiero que me salga bien es la vida

Mujer con una hoja pensando que lo mejor está por llegar
Queremos ser felices a toda costa, lo que nos conduce muchas veces a caer en el error de olvidar que la felicidad exige un poco de llanto o, en otras palabras, que para que haya un arco iris tiene que haber llovido primero.

Esto es, ambas cosas forman parte de la naturaleza, la felicidad y el llanto se complementan y son igual de reales y obligatorios. Queremos que la vida nos ‘salga bien’, pero no asumimos que eso indica momentos de todo tipo: buenos y malos, caerse de la montaña una y otra vez hasta llegar arriba.

No solemos aceptar que esa ‘vida’ es aquella que de verdad nos permite vivir plenamente hasta valorar todo lo positivo que nos ofrece, que es aquella que nos remueve, nos zarandea y nos impulsa a crecer. Por eso ‘lo mejor está por llegar’ porque las montañas, como las emociones, son infinitas hasta que dejamos de vivir.

La vida empieza a los 40

Decía también Mafalda, con gran parte de razón, que la vida empieza a los cuarenta. Es en esta etapa en la que hemos vivido lo suficiente como para empezar a admitir que el pasado es aprendizaje y, a veces, nostalgia.

Es aquí cuando entendemos que el futuro es ilusorio porque depende del presente y que este presente es el único que moldea eso que está por llegar: tenemos la oportunidad de mejorar continuamente y de no retroceder.

“El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad.”

-Víctor Hugo-

A los cuarenta, comenzamos a darnos cuenta de que la felicidad no depende de alguien que no sea nosotros mismos y entonces comenzamos también a exigirle a la vida lo que de verdad merecemos: nos queremos un poco más, somos más humildes y a soñamos con mayor coherencia.

Es decir, entendemos nuestros límites y hemos experimentado las suficientes caídas como para saber que siempre hay algo mejor.

Deja de instalarte en los recuerdos y fabrícalos: lo mejor está por llegar

Niña entre flores
Cuando pasamos el marco de la adolescencia y de la juventud tenemos lo que podría considerarse la ‘manía’ de revivir una y otra vez momentos del pasado. Recordar es más frecuente cuanto más años tenemos y no es negativo. Lo negativo es quedarse atrás recordando los malos momentos y olvidar el ‘hoy’.

No podemos pasar por alto nunca el momento actual de nuestras vidas porque, como hemos dicho, es únicamente desde ahí desde donde podemos establecer los principios suficientes para el día de mañana.

De la misma forma que recordar no es malo, tampoco lo es soñar: debemos fabricar sueños que nos mantengan ilusionados y con vida. Sin embargo, no podemos dejar que los sueños nos pierdan en nuestra propia realidad.

“No vivas en el mismo año setenta y cinco veces, una y otra vez, y lo llames vida.”

-Robin Sharma-

Lo mejor está por llegar desde el momento en el que aceptamos todo esto: un pasado que sirva de herramienta para sustentarse en el presente y un futuro que mantenga nuestra curiosidad pero nos permita estar sujetos al suelo más inmediato.

Lo mejor está por llegar al igual que no todo lo malo conocido es mejor que lo nuevo por conocer: siempre habrá un atisbo de positividad que nos pueda ayudar a crecer y a no estancarnos.