La luz de nuestras horas oscuras, nuestra fe

Noemí Carranza · 18 noviembre, 2012

Cuando pensamos que las cosas no pueden ir a peor y sentimos que debemos renunciar, siempre volvemos a intentar aquello que quisiéramos dejar de lado y por lo que nos vemos sometidos a horas oscuras. Siempre hay una parte de nosotros que nos sostiene, y es aunque para algunos sea una utopía, nuestra fe. No nos encaminaremos por la fe religiosa, un tema complicado que dejaremos bajo decisión personal de cada cual… Sino a la fe que representa a nosotros mismos y nuestras capacidades, cuando todo parece venirse abajo.

Esa es la luz de los momentos en que parece que el sol no volverá para sonreírnos en un nuevo día, cuando hemos derramado suficientes lágrimas para sentirnos derrotados, y por esa misma fe seguimos intentando. Intentamos cuando nos dicen que no hay más por hacer; intentamos vivir cuando hemos perdido suficiente para no querer vivir más, y cuando nos empeñamos en seguir tras nuestros sueños, aunque algunos les parezcan imposibles o descabellados, siempre tenemos ese instinto, en un rincón del alma, que nos recuerda que aún podemos hacer más… Es cierto que vivimos tiempos convulsos, no es fácil mantenerse firme en la adversidad, el día nos trae la esperanza pero también puede suponer un renunciar a cosas y personas que forman parte de nuestra felicidad.

Pero desistir no es algo que debemos considerar, hay más entereza en reconocer lo vulnerables que somos e intentar aunque sea una cuesta arriba constante, mantenernos contra el viento cuando todo parece llevarse los pétalos de nuestra existencia. Y cuando al caer la noche, a solas con nuestro corazón, nos sorprendemos de haber sorteado un día quizá lleno de tropiezos, nos maravillamos de sacar fuerza de donde parecía faltarnos, de vernos empecinados en seguir y seguir…

Y quizá no pensamos en ese algo que nos hace seguir adelante… Seguir adelante cuando nadie parece creer en nosotros, cuando el fracaso está a la orden del día, cuando hemos perdido, y cuando nos hemos sido sumergidos por nosotros mismos en la soledad… Ese algo es la fe a la que no renunciamos, por mucho que fracasemos y nos percibamos fracasados, en el fondo siempre estamos dispuestos a intentarlo una vez más. He allí lo que siempre debemos recordar… No venimos al mundo para que nos hagan la vida y a nosotros mismos, sino a hacernos la vida y construirnos a nosotros mismos, por eso nunca debemos perder la fe.