Padres que mienten a sus hijos, ¿qué efectos puede tener?

Las mentiras a los niños, aunque sean para obligarles a hacer ciertas cosas o para protegerles de temas delicados, nunca son útiles ni aún menos pedagógicas.
Padres que mienten a sus hijos, ¿qué efectos puede tener?
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater el 22 septiembre, 2021.

Última actualización: 22 septiembre, 2021

Son muchos los padres que mienten a sus hijos. Y no nos referimos a las clásicas mentiras piadosas, como las asociadas al ratoncito Pérez o al hada de los dientes, hablamos de esas mentiras instrumentales con las que intentan que cambien su conducta ante una amenaza puntual (si no te portas bien, llamaré a la policía para que te lleve). Este tipo de enunciados, aunque no lo creamos, tienen consecuencias indeseadas.

Lo cierto es que si ponemos la mirada en el retrovisor, todos recordaremos alguna sentencia parecida. Nos mentían para evitar rabietas o conversaciones sobre temas difíciles. La muerte de algún familiar solía ser escenario propicio para las medias verdades.

“El abuelo se ha ido a un largo viaje, está en el cielo o se lo han llevado los angelitos”, solía (y suele ser) el recurso más usado. Así, aunque es evidente que existen temas sobre los que nos resulta difícil hablar con los niños, siempre es recomendable intentar ajustarnos a la verdad, reconociendo, por ejemplo, que nosotros también desconocemos la respuesta.

Por tanto, es importante profundizar un poco más en un tema que, aunque nos parezca inofensivo o sin trascendencia, tiene su impacto en la mente infantil.

“El hecho de que me hayas mentido no es lo que me aterra. Lo que me asusta es no ser capaz de volver a confiar en ti”.

-Friedrich Nietzsche-

Madre hablando con su hija simbolizando cómo los padres que mienten a sus hijos

Padres que mienten a sus hijos: ¿qué tipo de mentiras son las más comunes?

La omnipresencia de la mentira por parte de los adultos en la vida de los niños responde a varias razones. La principal y más evidente está en intentar poner límites a los deseos de los niños. Esos que nos cuesta tanto gestionar. Ejemplo de ello es decirles el clásico “ahora no tengo dinero o ya lo compraremos más adelante”, cuando se encaprichan de algo que ven en una tienda.

Estas dinámicas que nos parecen normales adquieren en ocasiones tintes algo más problemáticos cuando se recurre a la amenaza y al miedo. Hay padres que mienten a sus hijos haciéndoles creer que si no se portan bien, aparecerá el “hombre del saco”. Cabe señalar que este tipo de recursos, aunque sin un fondo de maldad en su mayoría, no son nada pedagógicos.

Conozcamos cuáles son las mentiras más frecuentes que cuentan los padres.

Las mentiras instrumentales para lograr que el niño cambie su conducta

Uno de los estudios más conocidos sobre la persuasión/falsedad parental se realizó en el 2013 en la Universidad de California. En este trabajo se analizaron dinámicas familiares de la propia Norteamérica y también de China.

En dicho estudio quedó reflejado que las mentiras instrumentales son las más comunes y que estas cumplen un fin: fomentar determinadas conductas. Esto era especialmente común en el país asiático. Sin embargo, si las analizamos, tomaremos conciencia de que es un recurso muy usado en la crianza y educación en muchas partes del planeta.

  • Mentiras vinculadas a la alimentación: “si no te comes el brócoli te saldrán granos en la cara; si no te bebes la leche, no crecerás y serás el más bajito de clase”.
  • Mentiras relacionadas con el dinero: “mamá no ha traído dinero y no puede comprarte eso que quieres”.
  • Falsedades relacionadas con el movimiento: “si no bajas de ahí ahora, papá te dejará solo; si no sales ahora llamaré a la policía para que te lleven”.
  • Mentiras asociadas a la mala conducta: “si te portas mal, te dejaré en un orfanato; si no cambias tu comportamiento, ya no te querré y te quedarás solo”.

Mentiras asociadas al rendimiento: ¡qué bonito es tu dibujo, eres un artista!

Los padres que mienten a sus hijos lo hacen en buena parte de los casos con buena intención. Ejemplo de ello es recurrir de manera constante e indiscriminada al refuerzo positivo. Ensalzar todo lo que hacen de manera sobredimensionada no permite a los niños esforzarse un poco más en algo.

Si validamos de manera exagerada cada dibujo que hacen, cada manualidad, ejercicio o actividad, llegará un momento en que no encuentren motivos para mejorar. En estos casos, lo más adecuado es apreciar lo realizado, pero darles ánimos y confianza para que sigan mejorando. Hay que despertar su potencial y su motivación para progresar.

Declaraciones falsas para encubrir hechos incómodos

“Tu cobaya se ha ido a vivir con una persona muy buena a una granja inmensa donde será feliz; mamá (o papá) se va de casa porque tiene que trabajar en otra ciudad, pero tú irás a verlo todos los fines de semana”.

Muertes, divorcios… Hay realidades incómodas que no sabemos muy bien cómo explicar a los niños. Si los padres mienten a sus hijos recurriendo a este tipo de declaraciones lo hacen sobre todo para anestesiar preocupaciones y emociones. Asumen que la ignorancia es mucho mejor que la verdad.

Falsas promesas

No podíamos pasar por alto en este listado a los padres expertos en hacer promesas y después romperlas. Lo más llamativo de todo es que esos castillos en el aire parten de una evidente falsedad. Es decir, los propios progenitores saben que no van a cumplir esas propuestas, pero las hacen para salir del paso en un momento dado, para despertar el afecto de los hijos (aunque sea por un momento).

Niño enfadado por los padres que mienten a sus hijos

¿Qué efectos tienen las mentiras por parte de los padres en los hijos?

Los niños entienden más de lo que creemos y pueden explicar. No son ingenuos, y tarde o temprano descubren las patas de la falsedad. Siempre llega un momento en el que confrontan lo que no entienden y se encaran ante quienes les mienten, aunque sean sus padres.

Trabajos de investigación, como los realizados en la Universidad Tecnológica de Nanyang, la Universidad de Singapur y la Universidad de Toronto señalan algo importante. Las mentiras parentales afectan de manera negativa al desarrollo psicosocial de los niños. La mentira es la semilla de la falta de honestidad.

Los pequeños aprenden de manera temprana que la verdad no tiene valor y que con la mentira, al menos en el momento, se pueden obtener resultados muy tentadores. También puede llegar un momento en el que dejen de respetar a sus progenitores.

Por tanto, debemos tener claro un aspecto: los niños merecen ser tratados con respeto. Esto implica hacer siempre uso de la sinceridad; ya que ajustarla a su edad para que sea comprensible y pedagógica, les permitirá crecer de manera más madura en todos los sentidos.

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