Padres que pegan a sus hijos - La Mente es Maravillosa

Padres que pegan a sus hijos

Milagro Mendoza Gutierrez 6 enero, 2014 en Psicología 200 compartidos


Aunque, afortunadamente cada vez hay menos, aún existen padres que someten a sus hijos a castigos corporales para que estos les obedezcan. Esto ha traído como consecuencia la muerte de infantes en manos de sus padres, que bajo los efectos de la ira descargan su fuerza física sobre la persona o personas que tienen la responsabilidad de proteger: Sus hijos

Es lamentable, que aún existan personas que suelan aconsejar:

¡A ese niño lo que le falta es un buen azote!

En distintos países se ha legislado para proteger a los niños y adolescentes. A pesar de la protección en esta materia, el maltrato infantil es difícil de erradicar. El silencio actúa como cómplice, ya que en muchos lugares se piensa que la forma de impartir educación por parte de los padres les pertenece a éstos por completo, sea cuál sea el método. Por una parte, algunas personas creen, erróneamente, que el maltrato consiste exclusivamente en castigos corporales. También hablamos de maltrato cuando existe negligencia a la hora de satisfacer las necesidades de los hijos: alimentación, descanso, recreación, afecto, seguridad, apoyo psicológico o la atención en periodos de enfermedad.

Además, también es maltrato el rechazo afectivo expresado en gritos, insultos, amenazas, humillaciones. El no permitir la asociación o amistad con otros infantes es aislar socialmente. Impide el libre desarrollo de sus habilidades sociales.

Algunos padres no permiten que sus hijos regresen al hogar durante el día, después del colegio, porque no toleran la responsabilidad de preparar la comida, tener ropa y un hogar limpio. En este cuadro, es típico encontramos con progenitores alcohólicos o drogadictos.

Como he señalado, el maltrato no es muchas veces evidente. Muchas veces es tan sutil que se puede presentar, por ejemplo, con la comparación entre hermanos o con otros infantes. Muchas veces, esta comparación Impide que desarrolle el sentido de pertenencia al grupo familiar, aumenta la desconfianza en sí mismo y lleva al ensimismamiento o aumenta las ganas de evasión de la realidad.

Los docentes en la escuela pueden jugar una función importante al observar e identificar cambios en la conducta de sus alumnos. Esto debido a que en muchas ocasiones una conducta disruptiva o agresiva en el niño o niña, es producto del maltrato que recibe de parte de un adulto. Entre las conductas que permiten identificar un posible maltrato infantil, se encuentran:

• Berrinches: destrozos de puertas, conductas agresivas hacia sus compañeros
• Miedo hacia uno de sus padres
• Miedo al agua, a salir al patio. Cualquier conducta anormal que persista en el tiempo es motivo de alerta.
• Insomnio, la aparición de conductas infantiles ya superadas como orinarse en la cama, pesadillas, pérdida del apetito, aislamiento, juego solitario o agresivo
• En el cuerpo, aparecen marcas o moretones de causa "desconocida". Cicatrices a nivel del lóbulo de la oreja.

Así, es lamentable cuando se escucha de la boca de la madre:

¡Solamente me das problemas¡
¡Menuda desgracia tengo contigo!
¡No te van a querer ni regalado!

Es muy difícil ocultar el maltrato infantil, porque los niños suelen ser libros abiertos

Es probable, que aunque no queden secuelas físicas en los niños, sí queden secuelas psicológicas del maltrato que han recibido. Un infante que crece en el maltrato probablemente generara una baja autoestima, vivirá temeroso, tendrá la percepción del mundo como un lugar hostil, le resultará muy difícil confiar en las personas y no es extraño que reproduzca le maltrato en sus propios hijos.

Todo niño, niña y adolescente tiene derecho a una vida libre de violencia y acrecer en un entorno vivenciado como seguro. Si bien, los hijos necesitan limites en su conducta para vivir en la sociedad, el maltrato para imponerlos no tiene justificación. Las secuelas ocultas probablemente se revelarán más tarde.

¿Por qué hay padres que maltratan a quién debieran proteger?

Muchos niños maltratados ayer son los maltratadores de hoy. Sin embargo, otros superaron su dolor traumático y canalizaron su energía a proteger a la infancia maltratada.Debemos considerar que la mayoría de padres que maltratan o pegan no quieren hacerlo, muchas veces son ellos quienes describen lo mal que se sienten después de hacerlo. Así, muchas veces cuando agreden se agreden también a ellos mismos y si lo hacen es porque no saben otra forma de hacerlo ni creen que exista.

Quién maltrata suele usar la violencia para imponer respeto ante su escasa facultad para establecer límites en la conducta infantil. Este adulto olvida que trata con un infante. Espera que el niño piense y actúe como un adulto de 20 o 30 años, pero él es incapaz de ponerse en el lugar del niño, que no comprende el motivo de las palizas. Una excesiva exigencia provoca que muchas veces los niños no puedan cumplir con aquellas esperanzas del adulto. Esperanza incumplidas que derivan en decepción y frustración que es canalizada de manera errónea a través del maltrato del niño.

Por otro lado, algunos padres alcohólicos, drogadictos o ludópatas ven a sus hijos como una carga pesada para el consumo de su adicción. En estos casos el maltrato se suele dar en forma de desatención de las necesidades, ya que los padres destinan los recursos que deberían ser para atender las necesidades de los infantes a seguir con su propia adicción.

Finalmente, debemos reflexionar y ser conscientes de que, aunque en la educación los padres deben tener un papel preponderante, la sociedad tiene la responsabilidad de velar porque esta educación sea impartida SIEMPRE en el marco de los derechos de los niños.

Milagro Mendoza Gutierrez

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