Para algunas personas, todo es veneno

Para algunas personas, todo es veneno

Sonia Viéitez Carrazoni 21 marzo, 2013 en Psicología 0 compartidos

Todos convivimos con amigos o conocidos, que necesitan culpabilizar a los demás de todo lo malo o desgraciado que les pasa. Estas personas, suelen convencerse de una manera consciente o inconsciente que el resto del mundo está en su contra. En cualquier situación, ellos optan por sentirse castigados o heridos, o envenenados.

A esta manera de vivir podemos denominarla"victimismo". Los victimistas, se quejan y lamentan de forma reiterada sobre todo lo que sucede a su alrededor. Su estilo de vida incorpora una narración repetitiva y agotadora de todas sus tristezas, y desdichas: "siempre me ocurren a mi estas cosas ", " qué mala suerte tengo", "no hay derecho", "otra vez igual"," que desgracia" etc, etc, etc.

Podríamos decir, que asumen el papel de mártires para llamar la atención y recibir la correspondiente compasión de quienes les rodean. Aunque sus quejas no se corresponden con la realidad, optan por la resignación y por la correspondiente aprobación de los demás, mientras el universo sigue confabulándose en contra de ellos.

Cualquier acontecimiento negativo por pequeño que sea, será sobredimensionado hasta tal punto de deformar exageradamente la realidad, y buscarán apoyo y comprensión en su círculo más cercano, mostrándose débiles y desamparados ante las terribles desgracias que siempre les envía el "destino".

El victimista suele poseer poca vitalidad, pero un elevado grado de interés para conseguir en muchas ocasiones, un beneficio a su actitud. Para lograr algo de alguien, sensibilizan a sus amigos/pareja/entorno laboral/ mediante el llanto, sus palabras lastimeras, y la descripción de todas sus desdichas, hasta conseguir lo que desde un principio se proponen.

Si nos rodeamos de personas con tendencia victimista, podemos confirmar que hacen del sufrimiento su forma de vida, consiguen ser una autentica carga para todos cuantos les rodean hasta convertirse en víctimas de sí mismos. Debemos de intentar conseguir, que cada vez que se sientan dolidos o derrotados, asuman que es sólo una alteración de su conducta, una elección de actitud, que se prolonga pues siempre se aferran a lo que no funciona, sin atreverse la carga negativa o las ideas que sólo generan desdicha.

NACEMOS LLORANDO, VIVIMOS QUEJÁNDONOS Y MORIMOS DESILUSIONADOS.

Thomas Fuller

Imagen cortesía de bark

Sonia Viéitez Carrazoni

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