Pequeñas mentiras en pareja que llevan a grandes malentendidos

Edith Sánchez·
09 Marzo, 2021
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González al
09 Marzo, 2021
Las pequeñas mentiras en pareja no son aconsejables, en especial si se vuelven costumbre. Por el contrario, la honestidad, incluso en pequeñas cosas, suele fortalecer y enriquecer el vínculo.

Las pequeñas mentiras en pareja a veces son inevitables, pero de manera eventual pueden causar mucho daño. En particular, si esto ocurre de forma sistemática o sobre aspectos que en realidad no son tan “pequeños” es posible que den pie a malentendidos de importancia. En últimas, pueden minar la confianza en la pareja.

No es fácil decidir cuál es la verdadera magnitud y el impacto de decir algo que no es cierto. Lo pequeño y lo grande en este terreno es en realidad muy subjetivo. Una persona puede creer que solo dice pequeñas mentiras en pareja, pero para otra persona esto podría ser suficiente motivo para desconfiar.

Lo más complicado es que las pequeñas mentiras en pareja suelen dar pie a nuevas mentiras. Así, se comienza por algo que quizás no es tan significativo, pero que al ir sumando y ampliando el volumen de lo que no es cierto, se puede llegar a una falsedad considerable o a un malentendido de importancia.

No que me hayas mentido, que ya no pueda creerte, eso me aterra”.

-Friedrich Nietzsche-

Las pequeñas mentiras en pareja

No todas las mentiras tienen el mismo calibre ni el mismo impacto. A veces, por ejemplo, se pueden exagerar ciertos detalles de una situación. En ese caso se falta a la verdad en estricto sentido, pero la intención y el efecto no pueden considerarse como importantes, al menos si cuando el objetivo no es dañar.

Otra cosa muy diferente es mentir de forma deliberada o con una doble intención. En esos casos, ya no solo hay una falsedad, sino que también se pone en juego un engaño. Quizás no trate de algo tan relevante, pero la conducta en sí propicia desconfianza en quien es objeto de esa mentira.

Ahora bien, todo depende del tipo de relación que haya. Si ya hay algunos conflictos o distanciamiento, las pequeñas mentiras en pareja pueden ser nefastas. Si, en cambio, prima la estabilidad y la armonía, quizás no tengan mayor incidencia. Pese a esto, en todos los casos, una conducta de este tipo suele ser muy nociva si se torna sistemática.

Una conducta que escala

Un aspecto muy problemático de las pequeñas mentiras en pareja es que muchas veces operan como una especie de licencia para la mentira en general. Otras veces, inevitablemente, implican la necesidad de mentir de nuevo para sostener la versión anterior. Por lo tanto, este tipo de conductas tienden a escalar.

Al respecto hay un experimento interesante que fue realizado por el psicólogo Dan Ariely. Reclutó un grupo de voluntarias, todas mujeres, y luego lo dividió en tres subgrupos. Al primer grupo se le dieron unas gafas y se les dijo que eran de marca auténtica. Al segundo, le dijeron que eran de marca falsa y al tercero no se le dijo nada.

Luego se les hizo una prueba escrita y se les señaló que tenían la libertad para hacer trampa si lo deseaban. El resultado fue que el 30 % de las mujeres del primer grupo hizo trampa. El 42 % del tercer grupo lo hizo; y el 72 % del grupo dos incurrió en una conducta tramposa.

Lo que esto prueba es que la falsedad inicial, es decir el origen no auténtico de las gafas, hizo pensar a la mayoría de las voluntarias que otra falsedad, es decir la trampa en la prueba, no era tan negativa. En otras palabras, fue como si les dieran una licencia para incurrir en falsedades.

Pareja enfadada y discutiendo

Las mentiras en pareja

Las pequeñas mentiras en pareja no son una buena política. Es claro que para el ser humano es muy difícil no incurrir en alguna de estas falsedades alguna vez. Aquí es donde cobra especial importancia el criterio para autoevaluarnos e identificar si se trata de una conducta muy esporádica o de una forma de actuar continua.

Así mismo, es muy importante sopesar de manera adecuada la materia sobre la que se miente. Un jugador compulsivo que rompe su promesa de dejar el juego, pero recae por cinco minutos y lo niega, no está diciendo una pequeña sino una gran mentira.

La honestidad es más difícil, en particular cuando implica reconocer debilidades o errores que pueden molestar al otro. Sin embargo, la buena noticia es que cuando se cultiva y se lleva a la práctica continuamente tiene un poder enorme para fortalecer la confianza y la intimidad en la pareja.

Mentir o decir la verdad al final terminan estableciendo un hilo de continuidad en el tiempo, un hábito. Si la pareja detecta que el otro es honesto, incluso en las pequeñas cosas, lo más probable es que también haga lo mismo. Esto cimenta relaciones fuertes y aumenta la compenetración entre los dos.

Núñez, F., Cantó-Milà, N., & Seebach, S. (2015). Confianza, mentira y traición: El papel de la confianza y sus sombras en las relaciones de pareja. Sociológica (México), 30(84), 117-142.