Perdonar implica entender, no justificar

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 30 julio, 2017
Laura Reguera · 30 julio, 2017

Saber perdonar se ha visto siempre como una virtud. Hay personas a las que les cuesta especialmente hacer borrón y cuenta nueva cuando alguien hace algo que le duele. Mientras que hay otras que perdonan absolutamente todo lo que les hacen los demás… ¿Cómo encontrar el equilibrio?

Saber perdonar no implica olvidar todo lo que nos hacen los demás sin importar cómo nos sentimos. Es importante aprender a dejar el rencor atrás, pero sin justificar lo injustificable… ¡Sigue leyendo para aprender a usar el perdón en equilibrio y mejorar así tu bienestar emocional!

“Solamente aquellos espíritus verdaderamente valerosos saben la manera de perdonar. Un ser vil no perdona nunca porque no está en su naturaleza”.

-Laurence Sterne-

La virtud de perdonar empieza en uno mismo

Aprender a perdonar no implica que no nos importa lo que nos hagan, sino que no dejamos que ese enfado o molestia inicial se convierta en rencor e inunde de malestar nuestra vida y la relación con la persona que nos ha hecho daño. De hecho, perdonar nos ayuda a dejar pasar lo sucedido, pero tomando decisiones que nos protegen de aquello que nos ha perjudicado en un futuro.

Mujer superando su depresión

Pensamos en perdonar a los demás pero tenemos la mala costumbre de olvidar perdonarnos a nosotros mismos. La realidad es que ninguno de nosotros somos perfectos. Aunque suene a tópico, todos cometemos errores. Es importante que comprendamos esto, pues en muchas ocasiones tenemos unos niveles de autoexigencia que son imposibles de cumplir, lo cual nos pueden generar sentimientos de frustración, ansiedad o enfado con nosotros mismos.

Por lo tanto, reconocer que somos humanos es el primer paso para aprender a perdonarnos. Pero podemos ir un paso más allá: si hemos hecho algo que consideramos incorrecto, podemos dejar de dar vueltas al hecho y buscar una solución.

La cuestión está en cambiar esa espiral de pensamientos que nos llevan a un callejón sin salida por una afrontación mucho más adaptativa del problema. De modo que tenemos dos alternativas: poner remedio a lo que hemos hecho y si no lo tiene, pensar en qué podemos hacer para evitar caer en el mismo error en el futuro.

Perdonar implica entender que los demás también cometen errores

Una vez que tomamos conciencia de que no somos perfectos, toca plantearnos lo mismo respecto a los demás. Muchas veces, nos es más fácil justificar nuestras equivocaciones que aquellas de las personas que nos rodean. La realidad es que, al igual que tenemos exigencias para con nosotros mismos, también las tenemos para con quienes nos rodean.

“Perdonar es no tener demasiado en cuenta las limitaciones y defectos del otro, no tomarlas demasiado en serio, sino quitarles importancia, con buen humor, diciendo: ¡sé que tú no eres así!”

-Robert Spaemann-

Manos de dos personas simbolizando la acción de perdonar

Así, esperamos cosas de ellos que no siempre se pueden cumplir. Entender que los demás no están obligados a cumplir con nuestras expectativas es muy importante para aprender a perdonar aquello que consideremos que han hecho mal. Al igual que cuando nos enfadamos con nosotros mismos, es importante tratar de dejar atrás el rencor.

De nuevo, quedarnos dándole vueltas a aquello que nos ha hecho la persona en cuestión, no nos ayuda para nada. Si algo nos molesta, hay que tratar de entender los motivos que puede haber tenido el otro para actuar de ese modo. En esta línea, mantener una conversación al respecto, tratando de buscar una solución a lo que ha pasado, puede ser beneficiosa.

Perdonar no quiere decir que todo sea justificable

Ahora bien, no hay que perdonar todo lo que nos hacen por costumbre. Es importante dar peso a nuestros propios derechos y necesidades. Si disculpamos constantemente los agravios que nos ocasionan los demás, perjudicamos nuestro propio bienestar e impedimos nuestra autoafirmación.

“Perdonando demasiado al que yerra se comete injusticia con el que no yerra”

-Baldassare Castiglione-

Amigos abrazados perdonándose

Aprender a escuchar a nuestras emociones en estos casos nos proporcionará pistas para saber qué hacer. Así, aprenderemos a poner límites a los demás y a defender nuestros propios derechos.

De modo que para aprender a no perdonar absolutamente todo, es importante que reflexionemos sobre lo que ha pasado y sobre cuál es el motivo de nuestro enfado. De esta manera trataremos de adjudicar la responsabilidad de lo sucedido a quien corresponde.

No se trata de buscar culpables, sino de repartir a cada uno lo que le corresponde. Porque antes de disculpar al otro sin más, es recomendable hablar sobre su comportamiento y sobre aquello que esperábamos o que nos gustaría que hubiera pasado. Se trata, por lo tanto de equilibrar la balanza entre nuestras necesidades y las de los demás. ¡Aprende a perdonar!