Personas adultas que nunca han tenido una pareja

Las personas adultas que nunca han tenido una pareja rara vez lo confiesan. Sin embargo, en medios de comunicación y redes sociales se evidencia que este fenómeno existe y podría ser más grande de lo que parece a primera vista.
Personas adultas que nunca han tenido una pareja
Sergio De Dios González

Revisado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 23 mayo, 2021.

Escrito por Edith Sánchez, 23 mayo, 2021

Última actualización: 23 mayo, 2021

Como lo común en Occidente es que las primeras relaciones sentimentales y sexuales se den antes de los 20 años, muchos se sorprenden de que haya personas adultas que nunca han tenido una pareja. Sin embargo, se trata de un fenómeno que no es tan extraño como puede parecer a primera vista.

A diferencia de otras especies, en los seres humanos la sexualidad tiene connotaciones más complejas. No es solo un instinto de supervivencia, sino que está mediado por todo un conjunto de aspectos psíquicos, culturales y simbólicos. Es por eso que hay personas adultas que nunca han tenido una pareja y, aun así, no pueden llamarse “anormales”.

Hay indicios de que los casos de personas adultas que nunca han tenido una pareja, si bien no son lo más habitual, tampoco son tan infrecuentes. Se sabe que en varias redes sociales hay grupos que aglutinan a quienes tienen esa condición. Así mismo, el diario BBC hizo una publicación al respecto y de vuelta recibió varios testimonios de gente que estaba en esta circunstancia.

Lo más cerca que estuve de una mujer que me gustaba fue quizás hace 30 años. Tengo más de 60 años y estoy jubilado. Nunca he besado a una chica y, evidentemente, nunca he tenido sexo”.

-Lennart-

Chico pensando con dudas

Personas adultas que nunca han tenido una pareja

Las personas adultas que nunca han tenido una pareja pueden tener un trastorno, pero no necesariamente es así. Las circunstancias que rodean esta condición son muy variadas y no siempre obedecen a un problema psicológico. En culturas restrictivas, por ejemplo, el celibato puede ser una opción muy valorada.

Así mismo, es posible que en determinadas circunstancias históricas o culturales se inhiba el deseo de tener pareja. Algo así es lo que ha ocurrido en el Japón del siglo XXI, en donde se estima que alrededor de una cuarta parte de las personas nunca han tenido pareja o sexo. Se trata también de una tendencia social.

Dicho esto, también hay que afirmar que en muchos casos sí puede haber algún tipo de limitación o dificultad individual para entablar relaciones sentimentales o vivir la sexualidad. No todas ellas son graves, pero tampoco son realidades que deban pasarse por alto.

¿Tener o no tener pareja?

Ni tener pareja es saludable en el cien por ciento de las ocasiones, ni no tenerla implica un déficit en muchos casos. Desde una perspectiva amplia, solo se puede hablar de una dificultad cuando la persona ha deseado tener una pareja y no lo ha conseguido. Así mismo, cuando se niega rotundamente a esa posibilidad y no sabe por qué.

Una conducta no es saludable automáticamente solo porque la mayoría de las personas la exhiban. Tampoco es automáticamente dañina cuando es muy singular. Lo que define una dificultad en estos casos es la inconsistencia entre el deseo y el acto, así como la inhibición radical de una conducta sin motivo.

Hay personas adultas que nunca han tenido una pareja y se sienten cómodas con ello. Es una decisión consciente o que, en todo caso, no les genera inquietud. Aun así, hay que decir que las relaciones de pareja son una dimensión que aporta valiosos elementos para la evolución personal. Privarse de ellas es también renunciar a experiencias enriquecedoras.

Mujer pensando

¿Cuándo preocuparse?

Hay motivos de preocupación cuando las personas adultas que nunca han tenido una pareja experimentan dolor por ello o tienen sentimientos confusos al respecto. Esta conducta puede ser fruto de circunstancias psicológicas que no se han elaborado de la forma adecuada. A veces se trata de un trauma, de una fobia o de una relación muy precaria consigo mismo.

El problema es que no siempre esas dificultades son tan evidentes. A veces, lo que hay es una suerte de desinterés en todo lo relacionado con la sexualidad, pero esta es solo la fachada del problema. Es muy frecuente que tras todo esto haya miedos profundos, dudas sobre la propia sexualidad o experiencias traumáticas que no han logrado superarse y se manifiestan como rechazo.

En una relación de pareja se ponen en juego múltiples aspectos del ser humano. Salen a flote inseguridades, vacíos y heridas no saldadas. Cuando una persona se enamora entra en un estado de vulnerabilidad que enriquece, pero al mismo tiempo atemoriza.

Quien ama también sufre, de uno u otro modo, porque así es el amor, sea del tipo que sea. Lo normal es que ese sufrimiento no sea excesivo y se torne manejable.

Por lo tanto, aventurarse a amar también exige valor, tanto para verse uno mismo, y cara a cara, al espejo, como para abrirse a otro y exponerse a salir lastimado porque, finalmente, el otro no siempre hará lo que queramos que haga. Aún así, la pareja también es un espacio de maduración inigualable. Brinda dichas muy grandes y permite crecer. Ahí reside su magia.

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  • MORANO, C. D., & depois de Freud, C. (2006). Sexualidade e celibato: considerações psicanalíticas. Revista de Estudos da Religião, (1), 50-86.