Poner distancia: relativizar las cosas para hallar nuevas perspectivas

Poner distancia: relativizar las cosas para hallar nuevas perspectivas

Valeria Sabater 1 abril, 2018 en Desarrollo personal 0 compartidos
Chica que mira un camino intentando poner distancia

A veces lo necesitamos: poner distancia, pero no para alejarnos de todos y todo. Lo hacemos para vernos a nosotros mismos desde otra perspectiva, para desapegarnos de ese “yo” algo erosionado, tocado por la apatía. Necesitamos darnos un nuevo impulso, hallar desde el vacío o la distancia esas fortalezas ocultas que deben ser nuevamente despertadas y reorientadas.

Para entender esta idea, pensemos en algo muy simple que hacemos cada día: levantar la mirada y dejar nuestros ojos en un punto determinado del cielo, de nuestra ciudad, de un parque. En la distancia. Los expertos en ergonomía del trabajo nos recuerdan, por ejemplo, que es recomendable que cada 15 o 20 minutos apartemos los ojos de nuestros ordenadores y alcemos la mirada por encima del propio monitor.

Esa distancia visual genera descanso. Asimismo, poner distancia de nosotros mismos, en un momento determinado, también genera bienestar psicológico y emocional. Sin embargo, ¿cómo se hace eso de distanciarse del propio ser? Vayamos donde vayamos, nuestros pensamientos, esencias y el peso de toda nuestra existencia sigue ahí, como un exceso de equipaje sofocante, como un rumor incansable que nos impide pensar con claridad.

No hay que viajar al Tíbet ni hacer un retiro de una semana en completo silencio para hallar nuevas perspectivas, para desapegarnos del propio yo y tener una conversación con él…

chica en la playa pensando en poner distancia

Poner distancia para reencontrarnos

Hay quien piensa que poner distancia es irse de vacaciones. Que los problemas pierden fuelle e intensidad con una semana en un balneario, con unos días a orillas de una playa de aguas turquesa. Bien, lo que hacemos a menudo con estos intervalos de plácido descanso es simplemente escapar, pero nada se resuelve poniendo la vida en pause en un escenario paradisíaco donde limitarnos a no pensar.

Poner distancia no significa huir ni poner kilómetros de por medio ante aquello que nos disgusta o nos quita la calma. No si al final regresamos al mismo punto que dejamos con anterioridad. Lao Tse solía decir que, en realidad, no hay mayor distancia que la que nosotros mismos establecemos entre nuestra cabeza y nuestro corazón. Es decir, entre lo que nuestra mente se obstina en hacernos creer frente a lo que nos pide el corazón.

Así, algo que hacemos con mucha frecuencia es empeñarnos en dar continuidad a situaciones que, lejos de enriquecernos personalmente, nos arrebatan la oportunidad de ser felices. Un trabajo, una relación, un entorno familiar, todo ello son contextos donde a menudo quedamos encallados, apegados a dinámicas negativas. Hemos puesto tanta distancia entre nosotros mismos y nuestras auténticas necesidades que aquello que necesitamos con urgencia no es un viaje o una escapada puntual. Necesitamos reencontrarnos con nosotros mismos.

Hombre en la montaña pensando en poner distancia

Aprender a mirarnos con perspectiva

Debemos aprender a poner distancia para reencontrarnos, para ver la vida con perspectiva. Vicktor Frankl, padre de la logoterapia y superviviente de varios campos de concentración alemanes, nos explica esto mismo en su libro The Doctor and the soul. De vez en cuando, es necesario dar forma a una especie de desapego de lo que nos rodea para recobrar nuestro sentido de libertad, nuestro potencial y a su vez, recordar cuáles son nuestros propósitos.

La mayor parte del tiempo somos prisioneros de los propios pensamientos. Ese escenario es casi como una cárcel sin ventanas, un entorno hostil donde resulta muy difícil saber qué hay fuera. Por ello, y para facilitar ese desapego antes citado, hay que tomar contacto con nuestras emociones para hallar el impulso suficiente como para generar un cambio.

Estos serían algunos pasos para conseguirlo, para dar forma a ese distanciamiento personal desde el que encontrar una mayor claridad interior.

Establecer distancia de uno mismo para tomar decisiones

Establecer una posición de observación sobre uno mismo es una estrategia terapéutica que nos puede ser de gran utilidad. Consiste en subir unos peldaños sobre nosotros mismos para mirarnos desde arriba de un modo amoroso, cálido y humilde. Es como un juego donde nos convertimos en auto-observadores para reflexionar sobre en qué punto de nuestra vida nos encontramos y qué queremos hacer con ella.

  • Súbete al balcón de tu conciencia para mirarte desde arriba, desde la distancia. Valora si lo que ves te agrada, pregúntate si dentro de un año te gustaría verte de igual modo.
  • Reflexiona sobre tus creencias y tus juicios sin las clásicas defensas del ego, sin esas certezas que otros nos han inculcado y que de algún modo, nos han limitado desde hace tiempo.
  • Revisa el estilo de tus pensamientos, coloca un detector de negatividad para advertir si el enfoque que aplicas a tu realidad se caracteriza por el malestar constante, por la desesperanza, por el mal humor y la apatía.

hombre en montaña mirando pensando en poner distancia

Si lo que vemos desde esa posición de distancia no nos agrada, si solo advertimos el rumor de la negatividad y la infelicidad, será momento de pensar en ciertos cambios. Ahora bien, esos cambios deberán estar orquestados por nuestros propósitos. Tal y como nos decía Viktor Frankl, debemos ser capaces de hallar un significado a nuestra existencia y reconducirla hacia ese objetivo.

No dudemos por tanto en poner distancia de vez en cuando de todo aquello que nos rodea para alcanzar nuevas perspectivas. Para recordar quiénes somos y qué nos motiva.

Valeria Sabater

Soy psicóloga y escritora. La curiosidad por el conocimiento humano es mi cerradura particular, la psicología mi llave, la escritura, mi pasión.

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