¿Por qué se contagian los bostezos?

01 Septiembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Laura Ruiz Mitjana
¿Sabías que un 60 % de las personas bosteza cuando ve a alguien bostezar? ¿Por qué se contagian los bostezos? ¿Qué dice la ciencia al respecto?

¿Has oído a hablar alguna vez de los ecofenómenos? Se trata de la repetición automática de las palabras o acciones de otros. Un ejemplo de ecofenómeno sería cuando vemos a alguien bostezar y no tardamos en imitarle. Pero, ¿por qué se contagian los bostezos? ¿Existe alguna base neuronal que explique este fenómeno?

El psicólogo Robert Provine (1986) nos dejó esta frase: “El bostezo puede tener el dudoso honor de ser, de entre todos los comportamientos humanos más comunes, el menos comprendido“. Años más tarde, ¿podemos resolver esta cuestión a través de la neurociencia? ¿Hay una única explicación al respecto, o más de una? Vamos a descubrirlo.

¿Por qué se contagian los bostezos?

Según un estudio de Romero et al. (2014), aunque muchos animales bostezan, solo las personas, los chimpancé, los perros y los lobos nos contagiamos los bostezos. Pero, ¿por qué se contagian los bostezos? Vamos a hablar, en este caso de los humanos, de lo que dicen algunas de las explicaciones más relevantes:

Hombre bostezando

Activación de la zona motora

Un grupo de científicos de la Universidad de Nottingham (Inglaterra), realizó una investigación en 2017, publicada en Current Biology, en la que trataron de hallar respuesta a la pregunta de por qué se contagian los bostezos.

Según los investigadores ingleses, esta acción consistiría en un reflejo del cerebro, que se activa justo en la zona encargada de controlar la función motora. Así, según el estudio, la propensión a contagiarnos de los bostezos de los demás, se originaría en la corteza motora primaria del cerebro; dicha zona se encarga de la ejecución del movimiento a través de los impulsos neuronales.

¿En qué consistió el experimento?

En la investigación se enseñó a contener el contagio a un total de 36 adultos voluntarios mientras contemplaban clips de vídeo donde aparecían personas bostezando. Después, se contabilizaron todos los bostezos emitidos (incluidos los reprimidos).

A través de técnicas de estimulación magnética transcraneal (TMS), los investigadores analizaron la posible relación entre la base neural del bostezo y la excitabilidad motora.

De esta manera, el grupo encontró que ser más o menos propenso al bostezo contagioso depende de la excitabilidad cortical y la inhibición fisiológica del córtex motor primario de cada persona. Esto explicaría por qué hay personas que bostezan más y otras menos, y por qué hay personas que se contagian más del bostezo y otras que no tanto.

¿Podemos reprimir el bostezo?

Pero, ¿siempre nos contagiamos del bostezo cuando vemos a alguien bostezar o, en cambio, este reflejo se podría controlar? Según los mismos investigadores ingleses, la capacidad para resistirnos a este contagio es limitada; además, añaden, el hecho de intentar reprimir el bostezo puede aumentar la necesidad de bostezar.

De hecho, a través de la estimulación eléctrica, durante el experimento, pudieron comprobar cómo al aumentar la excitabilidad motora, aumentaba la tendencia a contagiarse del bostezo. Así que, realmente no, no podemos controlar este contagio, porque tenemos una predisposición innata a ello.

Comprendiendo las causas de ciertos trastornos

El estudio mencionado puede llevar a los investigadores a determinar con mayor precisión las causas de ciertos trastornos que presentan un aumento de la excitabilidad cortical o una disminución de la inhibición fisiológica.

En este tipo de trastornos -la demencia, el autismo, la epilepsia o el síndrome de Tourette…- los pacientes no pueden evitar presentar ciertos ecofenómenos (como sería el contagio del bostezo), como la ecolalia (repetición de palabras o frases del interlocutor) o la ecopraxia (repetición automática de las acciones del interlocutor).

En relación a ello, la directora del estudio, Georgina Jackson, profesora de Neuropsicología Cognitiva del Instituto de Salud Mental de Nottingham, explica lo siguiente:

“Creemos que estos hallazgos pueden ser particularmente importantes para comprender aún más la asociación entre la excitabilidad motora y la aparición de los ecofenómenos en una amplia gama de patologías clínicas relacionadas con el aumento de la excitabilidad cortical y/o disminución de la inhibición fisiológica”.

-Georgina Jackson, directora del estudio-

Además, Jackson añade que se podría llegar a ayudar a los pacientes con síndrome de Tourette, reduciendo la excitabilidad motora para reducir los tics.

Mujer bostezando

Otras explicaciones: empatía, genética y sincronización

Anteriormente a este estudio, otros científicos intentaron dar respuesta a esta cuestión; muchos de ellos hablaron del contagio de la empatía como posible explicación. Así, al ver a una persona bostezar, de manera inconsciente, empatizaríamos con ella y realizaríamos el mismo gesto sin poder evitarlo, como si fuéramos el reflejo de su espejo.

Esta teoría cuenta con muchos adeptos. Sugiere que la capacidad para interpretar cómo se sienten los demás nos llevaría a ponernos en su lugar o a sentir lo mismo, en un acto tan “primario” como este. Esto, a su vez, haría que nos dejáramos llevar por la tentación de bostezar.

Algunos estudios -que pretenden explicar por qué se contagian los bostezos- hacen referencia a la activación de ciertos circuitos cerebrales propios de la empatía y que incluyen las famosas neuronas espejo. Dichas neuronas actuarían como un reflejo interno de los movimientos que observamos en el resto de personas.

Otra posible explicación a este fenómeno tiene que ver con la comunicación y la sincronización. En relación a ello, el investigador y profesor de psicología Matthew Campbell afirma lo siguiente:

“Una posibilidad es que en las especies sociales que coordinan sus niveles de actividad, copiar los bostezos puede ayudar a sincronizar el grupo”.

-Matthew Campbell-

Es decir, la explicación tendría su origen en una acción imitativa; así, la copia del bostezo pondría al grupo en sincronía. Así, según Campbell, cuando es hora de comer todos comen (comer también sería contagioso), y lo mismo con otras funciones como el movimiento o las posturas.

  • Georgina, M. Jackson et al. (2017). A neural basis for contagious yawning. Current Biology. DOI: 10.1016/j.cub.2017.07.062.
  • Romero T, Ito M, Saito A, Hasegawa T (2014). Social Modulation of Contagious Yawning in Wolves. PLoS ONE 9(8): e105963. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0105963