¿Por qué sigues aquí después de tanto tiempo?

Raquel Aldana · 27 febrero, 2016

¿Por qué no te has ido después de tanto tiempo? ¿Por qué no te has marchado si se me ocurren un montón de cosas mejores que hacer que estar a mi lado? Soy una persona más aburrida que entretenida, más melodramática que divertida y cuando meto la pata lo hago hasta el fondo. ¿Qué demonios hay en tu mente para que sigas mirándome con alegría los días que te repito que la tristeza existe?

Tú eres una persona loca, de esas personas locas que ya no quedan. Perdona por llamarte así, pero hoy no puedo esconderte la verdad. No me apetece, no me da la gana. Hoy no puedo engañarte, no puedo suavizar lo que siento, igual que no lo he hecho cuando no le encontraba sentido a nada. Así que hoy te pido que me escuches.

Hay personas a las que siempre podemos regresar. Aunque nos alejemos a años luz y estemos en otra galaxia. Ellas son sinónimo de calidez y de cercanía, son una conexión a primera vista. Una sintonía inquebrantable y única.

Manos dibujadas en el papel

Por favor, sigue leyendo…

Has sido mi bastón cuando he estado ciega. No te ha importado acompañarme a pesar de que ya sabías que en muchos lugares en los que buscaba no iba a encontrar nada. A pesar de que me lo habías avisado, nunca me has dicho después eso de “te lo advertí”.

Yo sí te quiero decir algo: sin ti no habría llegado hasta aquí y me habría quedado en el fondo, sin ti no habría rebuscado una última bala en mis bolsillos sobre la que cerrar los puños.

No me has dicho nada a pesar de que mis batallas también te han dejado cicatrices. Marcas que ahora miro y me hacen sentir la fortuna de haber podido contar contigo. Huellas que son pruebas de que te has convertido en una parte de mí, que hemos realizado ese ritual en el que se comparte todo, hasta la sangre…

Hermanos tocándose la cabeza

Te has quedado para hacer una valoración realista de los daños y ponerme los puntos. Me has echado alcohol mientras me contabas un chiste malo, sabiendo que escuece al principio pero que de esa manera no hay herida que se infecte.

También has brindado conmigo y mientras me mirabas a los ojos me preguntabas usando los espacios entre palabras por la próxima. Porque ya me conoces desde hace años y sabes que no voy a cambiar mi esencia, pese a que pueda negociar flecos con ella.

Te he enseñado mi peor cara, aquella de la que estoy del todo menos orgullosa, y te has negado a creer mis palabras cuando te he dicho que yo era esa cuando las cosas se ponían feas.

No te has creído las pruebas y me has hablado desde la fe que mueve montañas tan orgullosas como la mía, desde la ilusión de pensar que podría darme cuenta de que no todo era muy negro, muy oscuro y muy tenebroso.

No has dejado en el olvido los buenos momentos y has hablado de ellos con la esperanza de que fueran un hilo del que tirar. La roca a la que podía agarrarme con la mano que me dejabas libre. No te has ido incluso cuando me he creído manca por la mano que me sujetabas, haciendo un ejercicio de victimismo subrealista.

Manos juntas con una mariposa

Para mí también eres importante

No dejaré que olvides estas palabras porque son tan ciertas como contrarias a lo poco que te valoras. Te las recordaré punto a punto para que entiendas que tus esfuerzos tienen resultados. Que a pesar de que racionalmente no entiendo qué narices haces aquí, te agradezco profundamente que lo estés.