¿Por qué tropezamos?

Para un correcto funcionamiento mental se requiere descanso, tranquilidad y atención. Si tropezamos es porque estamos descuidando alguna de estas áreas. Te contamos más al respecto.
¿Por qué tropezamos?
Elena Sanz

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz el 02 diciembre, 2021.

Última actualización: 02 diciembre, 2021

Piensa en la última vez que tropezaste físicamente, cuando perdiste la coordinación y el equilibrio, cuando tus pies se enredaron y estuviste a punto de caer. ¿Qué estabas haciendo en ese momento? Quizá te encontrabas subiendo o bajando unas escaleras o paseando por la calle. Lo que es seguro es que tu mente no estaba centrada en ese presente. Y es que si nos preguntamos “¿por qué tropezamos?”, la respuesta es evidente: porque no estamos prestando atención.

Podemos fácilmente establecer un paralelismo entre ese tropiezo físico y otro psicológico. Por ejemplo, podemos considerar que tropezamos cuando al escribir un informe nos equivocamos tecleando una letra, cuando la comida que estamos cocinando se nos quema o cuando al hablar nos trabamos y pronunciamos una palabra que no era la que teníamos en mente. Pero, ¿por qué nos sucede? Y, sobre todo, ¿qué hacer al respecto?

¿Por qué tropezamos?

Si últimamente sientes que cometes más errores de lo habitual, que te demoras más tiempo de la cuenta finalizando las tareas y que el resultado que obtienes no es tan óptimo como cabría esperar, te interesa saber por qué tropezamos. A continuación hablamos sobre algunas de las causas más frecuentes.

Vamos con prisa

Tal y como afirma el dicho popular “las prisas no son buenas consejeras”. De la misma forma que si caminas rápido es más probable que tropieces, si tratas de terminar una acción lo antes posible probablemente se reduzca tu precisión y empeoren tus resultados.

Esto no siempre se deriva de que el tiempo disponible sea realmente limitado. Algunas personas, por su propia actitud y temperamento, tienden a sentirse inquietas, impacientes y aceleradas. Es lo que Friedman y Rosenman denominaron personalidad tipo A.

Estos individuos necesitan estar en constante actividad, se desesperan con la espera y procuran abarcar la mayor cantidad de actividades en el menor tiempo posible. Como consecuencia, es posible que cometan más errores.

Nuestra atención está en otra parte

Aunque no lo parezca, la mayor parte del tiempo las personas estamos en una suerte de estado de hipnosis. Actuamos de forma automática, sin ser realmente conscientes de lo que estamos haciendo. Quizá mientras te ejercitas en el gimnasio estás recordando tu cita de ayer o mientras friegas los platos estás pensando en qué cocinarás para la cena.

Raramente, nuestra atención acompaña a nuestra actividad, y es que tenemos la tendencia a divagar entre el pasado y el futuro y a mantener un estado mental caótico que salta de unas ideas a otras. Esto, por supuesto, nos resta precisión y efectividad.

Tratamos de realizar varias tareas al mismo tiempo

Este es otro de las principales respuestas a la cuestión de por qué tropezamos, y es que con frecuencia realizamos varias tareas al mismo tiempo. Y no siempre porque tengamos prisa, sino porque a veces nuestra necesidad de estimulación es muy grande. Por ejemplo, necesitamos encender la televisión o la música mientras realizamos otras tareas para evitar el silencio, o revisamos las redes sociales al tiempo que hablamos con un amigo.

Esto nos lleva a no disfrutar ni implicarnos verdaderamente en ninguna de las actividades y a descuidar aquella que realmente requiere de nuestra atención.

¿Cómo evitar estos tropiezos?

¿Te has sentido identificado con las anteriores tendencias? Entonces, te mostramos algunos pasos que puedes dar para modificarlas.

Reduce el estrés

El estrés tiene un importante impacto en el funcionamiento cognitivo. Cuando afrontamos un estrés sostenido se ve resentida nuestra memoria, la capacidad de atención y concentración, la resolución de problemas y, en general, todas las funciones ejecutivas. De este modo, es importante realizar ajustes en nuestra rutina diaria, o en nuestra actitud ante la misma, para disminuir los niveles de ansiedad y estrés experimentados.

Mejora el descanso

Un sueño suficiente y de calidad es esencial para que nuestra mente, nuestras emociones y nuestro cuerpo funcionen adecuadamente. El insomnio y otros trastornos del sueño han aumentado su incidencia en los últimos años y pueden conducir a que las personas se encuentren irritables y distraídas y no rindan adecuadamente en sus proyectos laborales y en su vida personal. Cuida tu descanso y estarás reduciendo la ocurrencia de estos tropiezos.

Practica mindfulness

El mindfulness es una actitud vital de entrega absoluta al momento presente. No es necesario meditar sobre una esterilla ni aislarse del mundo, sino simplemente implicarse en cada actividad con los cinco sentidos y una total atención. Mientras cocinas no pienses en ayer ni en mañana, sino en los olores, colores y sensaciones que estás percibiendo en ese momento. Cuando juegues con tu hijo, dedícale toda tu atención y olvida el teléfono móvil y otras distracciones. Esto evitará que cometas errores y, sobre todo, te permitirá alcanzar estados de mayor paz y plenitud.

En definitiva, si los fallos son muy frecuentes en tu día a día, esta puede ser una señal de que necesitas bajar el ritmo. No necesitas ir más rápido ni abarcar más, sino involucrarte realmente en aquello que hagas en cada momento. Que el ritmo frenético de la sociedad no te lleve a desconectarte de ti mismo.

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  • Rosenman, R. H., & Friedman, M. (1977). Modifying type A behavior pattern. Journal of Psychosomatic Research21(4), 323-331.
  • Sandi, C. (2012). Influencia del estrés sobre las capacidades cognitivas. Ministerio de Educación.