Prácticas saludables que en exceso se vuelven nocivas

Edith Sánchez · 21 septiembre, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 17 septiembre, 2019
Es importante adoptar conductas y prácticas saludables dentro de los hábitos de autocuidado. Además, es esencial adoptarlas con unos márgenes, teniendo claras las consecuencias que pueden derivarse de una carencia o de un consumo o actuación excesiva.

Algunas prácticas saludables son el resultado de grandes esfuerzos por informar y educar a la comunidad para que proteja su organismo. Es bueno que conozcamos las pautas de alimentación y los estilos de vida que favorecen el cuerpo y la mente. El problema aparece cuando esta preocupación pasa a ser fuente de malestar.

La salud, física y mental, no se beneficia de reglas inamovibles. Así mismo, aunque en general se recomienden ciertas prácticas saludables, también hay casos específicos en los que las mismas pueden ser contraproducentes. Por eso siempre es mejor reflexionar y adaptar ciertas recomendaciones a las necesidades y posibilidades propias.

La salud depende en gran medida del equilibrio, tanto del físico como del mental. Un balance que se ve comprometido por los excesos. Veamos algunas de esas conductas sanas, que llevadas al extremo se transforman en un problema.

La mucha luz es como la mucha sombra: no deja ver”.

-Octavio Paz-

Mujer de espaldas recordando a su yo del pasado

El ejercicio, una de las prácticas saludables

Hacer ejercicio es una de esas prácticas saludables de las que hablamos. Fortalece el corazón, activa el cerebro y hace que el sistema músculo-esquelético se mantenga en forma. También ayuda a prevenir enfermedades, como la diabetes o la hipertensión, convirtiéndose en un guardián del equilibrio del que hablábamos antes.

En principio, lo recomendable dedicar media hora al día a hacer ejercicio. Ahora, si quieres estar en plena forma, lo más adecuado es una rutina de al menos 60 minutos, cinco días de la semana. Pero, ¿qué pasa cuando alguien se entusiasma demasiado y sobrepasa estos límites? Los médicos señalan que entonces puede pasar a ser una práctica de riesgo para la salud.

El sobreentrenamiento agrava enfermedades como el asma y la artritis. También aumenta el riesgo de desarrollar una arritmia cardíaca e incluso puede generar una alteración hormonal y afectar la sexualidad. Así mismo, un estudio de la Universidad de Monash, en Australia, indica que demasiado ejercicio provoca problemas gastrointestinales.

El mismo estudio señala que quienes tienen problemas, como síndrome de intestino irritable o enfermedad inflamatoria intestinal, se benefician de ejercicios de una intensidad media o baja. Si se exceden, podrían llegar a dañar las células intestinales.

La sal no se debe eliminar

Otra de las prácticas saludables más extendidas es la de comer alimentos bajos en sal. Esto se recomienda principalmente para prevenir o tratar problemas de hipertensión, en la función renal o disminuir la retención de líquidos. Esto, en principio, es adecuado: a partir de un límite, la sal pasa a ser, poco menos, que un veneno.

Sin embargo, tampoco es recomendable eliminar la sal o declararle una guerra incondicional. Esta sustancia contiene sodio, elemento indispensable para el buen funcionamiento del organismo. Lo que se debe evitar es su consumo en exceso, pero también el otro extremo: su ausencia en la dieta.

El sodio facilita la hidratación de las células y con ello, la correcta transmisión de los impulsos nerviosos. Por eso no se debe eliminar totalmente de la dieta. Lo aconsejable es no ingerir más de 5 gramos de sal al día, lo cual equivale a una cucharadita.

El agua: tampoco en exceso

Lo saludable es que una persona consuma la menos un litro de agua al día. Sin embargo, pensemos que no solo consumimos agua de manera directa. El agua está en muchas de las bebidas que consumimos diariamente y también en los alimentos que ingerimos. Si decidimos beber más volumen del recomendado, aparece el fenómeno conocido como sobrehidratación.

Vaso de agua

El exceso de agua hace que se diluya el sodio. Esto nos puede llevar a un estado en el que se produzca un desequilibrio electrolítico, el cual recibe el nombre de hiponatremia. Esto hace que, a su vez, se produzca un desequilibrio en las funciones celulares. En los casos más graves, la sobrehidratación puede derivar en inflamación cerebral.

Esta condición lleva a experimentar letargia; es decir, la persona queda como adormecida y sus reflejos comprometidos. Así mismo, es posible que se produzcan convulsiones, agitación y otros síntomas que son similares a los de la deshidratación. Hablamos de un estado muy peligroso.

Por todo lo anterior, hay que saber por completo aquello que los especialistas llaman prácticas saludables. Lo mejor siempre es encontrar un punto de equilibrio, ya que los excesos, en lugar de incrementar el bienestar, lo que hacen es producir efectos indeseables para la salud.

Castiel, L. D., & Álvarez-Dardet, C. (2007). La salud persecutoria. Revista de Saúde Pública, 41, 461-466.