Psicología de emergencias y Primeros Auxilios Psicológicos

19 Junio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Cristina Girod de la Malla
¿Conoces la labor de los psicólogos de emergencias en una situación de crisis? ¿Sabías que su actuación puede prevenir la aparición de secuelas psicológicas graves en las víctimas? Sigue leyendo para conocer más sobre esta rama de la psicología.

La psicología de emergencias es una rama de la psicología que se encarga de intervenir en situaciones de alto impacto emocional. El Manual de Salud Pública la define como: “rama de la psicología que abarca el estudio del comportamiento y el modo de reacción de los individuos, grupos o colectivos humanos en las diferentes fases de una situación de emergencias o desastres”.

Esta intervención se realiza de manera breve e inmediata (primeros minutos u horas) mediante los Primeros Auxilios Psicológicos (PAP). Como veremos más adelante, los PAP son una serie de intervenciones dirigidas a contener el dolor inmediato.

Es la intervención de elección en las primeras 72 horas tras un evento traumático o una situación de crisis. Se encargan también de dotar a la persona de estrategias que le permitan hacer frente a la situación y evitar consecuencias psicológicas a largo plazo.

Desde los años 90, en España ha empezado a cobrar la importancia merecida. Se ha observado que las situaciones de crisis o catástrofes, además de provocar daños materiales, personales y en el medio ambiente, pueden provocar secuelas psicológicas graves. En primer lugar, vamos a intentar definir qué es una situación de crisis.

Helicóptero de rescate

¿Qué es una situación de crisis?

Es una situación temporal de desorganización provocada por un evento vital extremo cuyas demandas superan la capacidad de afrontamiento de la persona. Como explica la Dirección General de Protección Civil, estas situaciones pueden ser:

  • Accidentes: sucesos imprevistos no deseados. Provocan daños a un número menor de personas. Son situaciones que no superan la capacidad de afrontamiento del sistema.
  • Emergencias: situaciones inesperadas y desagradables. Provocan mayor cantidad de daños, tanto materiales como personales. Alteran momentáneamente la capacidad de afrontamiento del sistema sin llegar a superarla.
  • Desastres: situaciones en las que toda la población se ve afectada y se interrumpe la vida de la comunidad. Se produce una afectación a mayor escala. Aun así, las instituciones siguen teniendo capacidad para atender a las personas.
  • Catástrofes: situaciones en la que se produce un evento o una serie de eventos de extremada gravedad. Provocan una enorme cantidad de afectados e interrumpen por completo la vida de una comunidad. A raíz de estas situaciones, el sistema se ve completamente desbordado, siendo incapaz de atender a todas las personas.

Todas estas situaciones comparten una serie de características: son imprevisibles y accidentales. Frecuentemente provocan indefensión en las personas a las que involucran. Ponen en riesgo vidas y pueden provocar graves secuelas psicológicas: son potencialmente traumáticas. Son urgencias y requieren intervención inmediata.

Síntomas que pueden presentarse en una situación de crisis

Ante una situación extrema, el organismo pone en marcha una serie de recursos fisiológicos para responder a la situación. Se ponen en marcha el sistema nervioso central, el sistema nervioso autónomo y el sistema nervioso neuroendocrino. Entre los síntomas más frecuentes, a nivel fisiológico encontramos, entre otros:

  • Aumento de la frecuencia cardíaca y palpitaciones y aumento de la presión arterial.
  • Aceleración de la respiración, hiperventilación y mareo.
  • Sudoración y temblor.
  • Náuseas y vómitos.

A nivel cognitivo, pueden aparecer despersonalización, pensamientos irracionales, sensación de pérdida de control, olvido, culpabilidad, pérdida de contacto con la realidad o disociación, por ejemplo.

A nivel emocional, las personas pueden encontrarse completamente embotadas y en shock. Pueden presentar, además de tristeza y miedo, sentimientos de indefensión. Las reacciones de ira y agresividad no son infrecuentes. También es posible encontrarse personas en estado de negación.

Situaciones más comunes de intervención

  • Accidentes de tráfico. Incluidos accidentes aéreos, ferroviarios o navales.
  • Conductas autolíticas, intentos de suicidio o suicidios consumados.
  • Actos terroristas.
  • Accidentes laborales o accidentes naturales.
  • Violencia de género, maltrato infantil y violencia sexual.
  • Secuestros, toma de rehenes o casos de personas desaparecidas.
  • Situaciones de alarma social.

Labor de los profesionales de la psicología de emergencias.

Como explica Mercedes Cavanillas de San Segundo, psicóloga de emergencias, su labor va mucho más allá de “coger la manita” a una persona. Entre las principales labores de los psicólogos, encontramos las siguientes:

  • Intervención en emergencias (situaciones de las que hemos hablado anteriormente).
  • Evaluación del estado psicológico de los afectados. Tanto directos como indirectos, allegados e intervinientes, para determinar si es necesario intervenir.
  • Intervención en situaciones de duelo con personas evacuadas.
  • Intervención para favorecer y procurar redes de apoyo social y comunitario.
  • Formación de otros intervinientes para el autocuidado en intervenciones en crisis y emergencias.

Estrategias de intervención: Primeros Auxilios Psicológicos (PAP)

El contacto con los afectados debe iniciarse de manera tranquila y respetuosa. Debemos presentarnos, explicar nuestra labor y los motivos por los que nos hemos acercado a la persona. Si no quieren ayuda en ese momento, la dejaremos ofrecida, informando de dónde pueden encontrarnos.

Debemos asegurar su seguridad y bienestar en la medida de lo posible, así como su privacidad. Les intentaremos alejar de la situación, ofreciéndoles un entorno tranquilo.

Ofreceremos comida y bebida o ropa de abrigo y nos interesaremos por si tienen alguna necesidad especial. En el caso particular de los niños, es importante intentar reunirles con sus familiares y, en caso de no poder hacerlo, asegurarnos de que estén acompañados hasta la llegada de algún familiar.

En primer lugar, debemos favorecer la ventilación emocional y contener la emoción. Intentaremos calmar a la persona, ayudándola a disminuir su activación con técnicas de desactivación.

Asimismo, debemos dar pautas de afrontamiento. Dotaremos a la persona de herramientas que ayuden a gestionar de manera adecuada los primeros días. Es básico normalizar las emociones y las reacciones emocionales y apoyar el afrontamiento activo.

Recogeremos información relevante respetando su privacidad. Según esa información, ofreceremos asistencia práctica como, por ejemplo, ponerles en contacto con familiares o asegurarles un lugar donde pasar la noche.

Se les debe informar con sinceridad, evitando detalles escabrosos. Y se les facilitará el contacto con personas o recursos que puedan ofrecerles más información. Por último, antes de terminar nuestra labor y despedirnos, debemos favorecer la conexión con su red de apoyo social y con los recursos asistenciales que pudieran necesitar, como policía, atención médica, servicios sociales, etc.

Junto a todo lo anterior, es importante tener en cuenta que en todo momento debemos adaptar nuestra actitud general a las circunstancias sociales, culturales y religiosas del lugar y al ámbito en el que estemos interviniendo.

Psicóloga ateniendo a un hombre víctima de una catástrofe

La importancia de la psicología de emergencias

Una situación de crisis tiene el poder de afectar tanto a quien estaba presente como a quien no. En base a esto, encontramos los siguientes tres grandes grupos de afectados.

  • Los afectados primarios son las personas directamente implicadas, estén o no heridas.
  • Los afectados secundarios son aquellas personas unidas afectivamente a los afectados primarios; es decir, familiares y amigos.
  • Y los afectados terciarios son los profesionales que trabajan como intervinientes en la emergencia.

Sin embargo, podemos hacer un mayor desglose y añadir a los tres anteriores otro tipo de afectados: los de cuarto, quinto y sexto nivel. Estos representarían de manera más fiel el alcance de daños que puede tener una situación extrema. Entre los afectados de cuarto nivel encontramos a la comunidad. Por ejemplo, personas que se ofrecen desinteresadamente para ayudar.

En el quinto nivel se encuentran las personas que, sin haber estado presentes, también acusan reacciones de estrés derivadas de la situación. Y, en el sexto nivel, podemos encontrar aquellas personas que podrían fácilmente haber sido víctimas también, pero que no lo han sido.

Como se puede observar, el alcance de los daños puede ser muy extenso. La intervención precoz de los profesionales de la psicología de emergencias es básica para favorecer un afrontamiento adecuado de la situación. También ayuda a prevenir que todas las persona afectadas puedan desarrollar problemas psicológicos más graves.

No obstante, queremos destacar que no solo es importante la intervención en el momento inmediato. El Sistema Nacional de Salud debería asegurar atención psicológica a todos aquellos afectados que pudieran necesitar atención a largo plazo.

Fernández Millán, J.M. (COORD.) (2005). Apoyo psicológico en situaciones de emergencia. Madrid: Pirámide.
http://www.proteccioncivil.org
https://delodivinoylohumano.wordpress.com/2019/02/13/que-es-la-psicologia-de-emergencias/
https://www.madrid.es/portales/munimadrid/es/Samur/SAMUR-Proteccion-Civil/?vgnextfmt=default&vgnextoid=c88fcdb1bfffa010VgnVCM100000d90ca8c0RCRD&vgnextchannel=84516c77e7d2f010VgnVCM1000000b205a0aRCRD&idCapitulo=1233702