La psicología del rencor

Sonia Viéitez Carrazoni · 4 febrero, 2013

El rencor es un sentimiento de enfado profundo y persistente; un resentimiento arraigado que desequilibra y enferma el cuerpo y la mente. El origen del rencor puede deberse a varias razones (insulto, abuso de confianza, engaños, ofensas, maltratos).

El resentimiento se va acumulando  hasta que finalmente se convierte en deseo de venganza. Un deseo que uno mismo va alimentando y provocando que crezca hasta el punto de que empieza a resultar insoportable.

Todos lo hemos padecido en alguna ocasión, adoptando a veces un comportamiento que va en contra de nuestra verdadera personalidad, para soportar los desequilibrios, y angustias que este sentimiento genera. Generalmente, todos vivimos fieles a nuestros  patrones de conducta, pero estos no siempre coinciden con las conductas de los demás.

Donde algunos ven una ofensa imperdonable, otros pueden considerarla como algo exento de importancia. Y aunque el acto ofensivo en sí haya sido el mismo, recibirá menos daño aquel que piense que menos importante ha sido.

El rencor te encarcela

Mujer llorando agarrada a una alambrada

Existe una fábula que ejemplifica muy bien lo que es el rencor y cómo lo vive una persona:

Dos hombres habían compartido injustamente una celda en prisión durante  varios años, soportando  todo tipo de maltratos y humillaciones. Una vez en libertad, se encontraron años después. Uno de ellos preguntó al otro:

– ¿Alguna vez te acuerdas de los carceleros?

– No, gracias a Dios ya lo olvidé todo – contestó – ¿Y tú?

– Yo continúo odiándolos con todas mis fuerzas – respondió el otro.

Su amigo lo miró unos instantes, luego dijo:

– Lo siento por ti. Si eso es así, significa que aún te tienen preso. 

“Madurar es aprender a querer bonito, extrañar en silencio, recordar sin rencores y olvidar despacito”

-Frida Kahlo-

Como hemos podido ver en la fábula, el rencor termina convirtiéndose en una cárcel. Pero no una impuesta por los demás, sino por nosotros mismos. Este sentimiento de odio profundo no nos permite avanzar, pues continuamos arrastrando todo aquello que está en el pasado y que ahí se debería quedar.

Mujer con pensamientos negativos

Un arma peligrosa que nos hace daño

Si sientes que alguien te ha maltratado injustamente, es la vida quien lo ordenará, pero uno no debe convertirse en juez, solamente debemos de ser responsables de nosotros mismos, modificando los patrones de asociación, teniendo en cuenta de que si alguna persona nos defrauda, no significa que  las demás personas también vayan a engañarnos.

Nosotros somos únicos, no cometamos el error de intentar que otros piensen como quisiéramos. Nunca la otra persona podrá ser como necesitamos que sea,  y existen por tanto numerosas posibilidades de que nos defrauden numerosas veces. Es necesario aprender que todo cambia, y que también nosotros somos capaces aun sin quererlo de defraudar.

Si tomamos la decisión de convertir la amargura, y la rabia profunda en un resentimiento duradero, estaremos fabricando rencor, un arma peligrosa que desequilibra y enferma el cuerpo y la mente impidiéndonos disfrutar de la vida. Y no olvidemos  que muchas veces, hace más daño el rencor que las ofensas recibidas.

El rencor termina, a veces, somatizándose en nuestro cuerpo dando lugar a enfermedades inexplicables y que tienen que ver con ese sentimiento tan negativo que arrastramos y mantenemos en nuestro interior. Está claro que las personas nos pueden defraudar y que nos podemos enfadar por ello. Hay muchas que nos harán daño y eso nos frustrará y nos hará sentir impotentes.

“Guardar rencor es como agarran un carbón ardiendo y resistirse a no soltarlo. El único que se quema eres tú”

-Anónimo-

Manos soltándose

Sin embargo, seguir odiando cuando todo ya ha pasado y no soltar todo ese dolor que otros nos han provocado, será un arma de doble filo. Un arma que se volverá en nuestra contra y que las únicas personas a las que hará daño será a nosotros mismos. ¿Por qué querríamos hacernos este daño?

El rencor reside en nuestro interior y, realmente, no se transforma en ninguna acción más que en deseos de que las cosas le vayan mal a la otra persona o de malas caras que le podemos poner. No va más allá. El odio nos lo quedamos todo para nosotros y si no lo soltamos, sufriremos.