¿Qué caracteriza a la agresividad entre las mujeres?

La sociedad espera que las mujeres no sean agresivas. Sin embargo, esto no solo es una expectativa. Las mujeres también manifiestan agresividad. Esto es lo que dice la ciencia.
¿Qué caracteriza a la agresividad entre las mujeres?
Cristina Roda Rivera

Escrito y verificado por la psicóloga Cristina Roda Rivera.

Última actualización: 01 agosto, 2022

La agresividad entre las mujeres es un tema tabú, pero real; además, parece que durante la infancia, las niñas tienen las mismas conductas de ira que los niños. Sin embargo, con el paso de los años, ellas suelen verse más censuradas. Cualquier manifestación de agresividad es vista como “fuera de lugar”.

Sin embargo, tanto en los niños como en las niñas, puede tener un valor adaptativo. El enfado nos motiva a comunicar a los demás que nos han hecho daño -otra cuestión es si la estrategia que elegimos para comunicarlo es la mejor-. Con la rabia, el profundo dolor o el llanto, los niños expresan lo que no toleran. ¿Quiénes somos los adultos para amputar sus emociones?

Los padres y cuidadores solo podemos ser el sostén de ciertas emociones y conductas. Validarlas y enseñarles cómo pueden gestionar la energía y el mensaje que acompañan a cada estado emocional.

La hipótesis con la que se trabaja los últimos años es que si durante la adolescencia enseñamos a las chicas que cualquier muestra de enfado está fuera de lugar, lo que estaremos haciendo será promover la interiorización de la rabia. Una inhibición que las vuelve más vulnerables frente a los trastornos del estado de ánimo, los trastornos de ansiedad o de la conducta alimentaria, por ejemplo.

Niña enfadada
La agresividad en las niñas suele estar reprimida o encubierta.

La represión total de la agresividad tiene un gran coste en la salud mental de las adolescentes

Al estar en muchos casos encubierta o disfrazada, sabemos menos sobre la agresividad en mujeres que sobre la agresividad en hombres. De hecho, la agresión y la violencia suelen considerarse problemas masculinos.

Hay algo de verdad en esta suposición. A nivel mundial, los hombres son más violentos que las mujeres. Sin embargo, las mujeres frecuentemente se involucran en otras formas de comportamiento agresivo. La investigación informa de que las mujeres manifiestan más su agresividad de manera indirecta.

Inhibir por sistema la ira o el enfado no hace que desaparezcan. De hecho, lo más factible es que la agresividad se interioriza en forma de frustración y se canaliza de la primera manera que encuentra como permitida. Si la manifestación del enfado que se refuerza en las niñas es una contención que termine produciendo tristeza, esta será la vía que interiorizarán. Antes de mostrarse agresiva, preferirá mostrarse indiferente, sumisa y callada.

El precio de mostrar autocontrol en lugar de mostrar sus emociones será la puerta abierta para que otras conductas e incluso funciones fisiológicas se descontrolen. No es extraño que a la misma vez que ciertas conductas y emociones se repriman en la adolescencia, otras se descontrolen. Episodios de atracones, vómitos, insomnio, autolesiones, etc.

Un mayor riesgo de violencia relacional

La agresión indirecta ocurre cuando alguien daña a otro mientras enmascara la intención agresiva (Björkqvist et al., 1992 ; Arnocky et al., 2012).

Las mujeres, en la necesidad de no verse como “locas, inadecuadas o extremistas”, reprimen todo sentimiento de ira que en ocasiones les conduce a otro tipo de violencia más relacional, incluso algo más que entre los varones.

La violencia indirecta o relacional hace mella entre las chicas. Malas contestaciones, hacer el vacío deliberadamente y en público, difusión de rumores e intimidades, ridiculización o infravaloración ante personas desconocidas, etc. Estas conductas generan impotencia, malestar, ira, indefensión, frustración y agresión, al igual que una bofetada o un golpe.

No decir los aspectos que te disgustan de una persona directamente o no señalar un aspecto de la conducta del otro que hace daño no lleva a una mejora de la relación. Todo lo contrario. Sin darse cuenta, una persona que reprime todo lo que tiene que decir acerca de una relación o sus sentimientos, desarrollará una conducta pasivo-agresiva difícil de soportar para quienes le rodean.

Aún así, las mujeres frecuentemente se involucran en otras formas de comportamiento agresivo, como explica el estudio de Deborah Sur Richardson que analiza las formas de agresión en mujeres. Este revela que las mujeres son al menos tan propensas como los hombres a emplear estrategias agresivas indirectas y que la naturaleza de la relación es un mejor determinante de la acción agresiva que el género.

Investigación sobre la agresividad en mujeres

La investigación informa consistentemente que las mujeres usan la agresión indirecta en un grado equivalente o mayor que los hombres. La agresión indirecta ocurre cuando alguien daña a otro, mientras enmascara la intención agresiva. Este aspecto fue especialmente estudiado en la investigación de Kaj Björkqvist y su grupo.

Los ejemplos específicos de agresión indirecta incluyen difundir rumores falsos, chismear, excluir a otros de un grupo social, hacer insinuaciones sin una acusación directa y criticar la apariencia o la personalidad de los demás. El uso de agresión indirecta por parte de las niñas supera al de los niños a partir de los 11 años (Archer, 2004).

Esta diferencia persiste hasta la edad adulta. En comparación con los hombres, las mujeres adultas usan formas más indirectas de agresión en varias áreas de la vida (Björkqvist et al., 1994; Österman et al., 1998).

De hecho, en una gran encuesta transcultural sobre la agresión femenina en 317 sociedades, Burbank (1987) encontraron que la agresión femenina era en su mayoría indirecta y rara vez infligía lesiones físicas. Por lo tanto, en el mundo real, la agresión es común en mujeres y niñas, pero la forma que toma es en gran parte indirecta en comparación con la agresión de los hombres.

Amigas discutiendo
Las mujeres adultas usan formas de agresión indirectas.

La agresión en las mujeres: factores fisiológicos

Varias influencias prenatales y posnatales aumentan el riesgo de agresión más adelante en la vida, pero la mayoría no diferencia entre hombres y mujeres. De los factores de riesgo revisados, la mayor evidencia de efectos dependientes del sexo es la depresión materna posnatal, la desnutrición materna prenatal y la exposición prenatal a drogas y alcohol.

Al igual que con los hombres, la relación positiva entre la testosterona y la agresión en las mujeres es pequeña. Hay alguna evidencia de que la exposición prenatal a la testosterona aumenta la agresión en las niñas más adelante en la vida, pero la evidencia es mixta.

La hipótesis de la hormona dual ha tenido cierto éxito en la predicción de la agresión en los hombres, pero menos en las mujeres. Los datos sobre el estradiol y la progesterona sugieren la posibilidad de que los niveles altos de estas hormonas reduzcan la agresión y el daño autodirigido en las mujeres. Sin embargo, se necesita mucho más trabajo.

La literatura sobre la oxitocina sugiere que la hormona puede disminuir como aumentar la agresión en las mujeres. Es probable que los aumentos en la agresión se deban a una combinación de los efectos ansiolíticos de la hormona, así como a una mayor reactividad a la provocación.

Un camino por recorrer…

La muestra de la mayoría de los estudios sobre los mecanismos cerebrales y hormonales de la agresión han sido hombres. Otros no examinaron las diferencias de género o lo hicieron en un estudio post hoc que se basó en muestras pequeñas.

Por lo tanto, hay poca oportunidad de sacar conclusiones sólidas sobre cómo los procesos revisados ​​​ influyen en la agresividad en las mujeres. Por el contrario, de acuerdo con Richardson (2005), los datos de comportamiento son claros en el sentido de que las mujeres tienden a involucrarse predominantemente en agresiones indirectas.

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  • Björkqvist, K., Lagerspetz, KMJ y Kaukiainen, A. (1992). ¿Las chicas manipulan y los chicos pelean? Tendencias de desarrollo con respecto a la agresión directa e indirecta. agresión Comportamiento. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1002/1098-2337(1994)20:1%3C27::AID-AB2480200105%3E3.0.CO;2-Q
  • Burbank VK. Agresión Femenina en Perspectiva Transcultural. Investigación en Ciencias del Comportamiento . 1987;21(1-4):70-100. doi: 10.1177/106939718702100103.
  • Richardson DS. El mito de la pasividad femenina: treinta años de revelaciones sobre la agresión femenina. Psicología de la Mujer Trimestral . 2005;29(3):238-247. doi: 10.1111/j.1471-6402.2005.00218.x