¿Qué puedo hacer si a mi hijo le cuesta dormir?

Sergio De Dios González · 13 abril, 2017

Dormir es quizás la parte más importante de nuestro descanso. Especialmente es una parte importante para el cerebro de un niño, ya que tiene que generar un montón de conexiones neuronales que acompañen a la vertiginosa velocidad de aprendizaje que ponen en marcha cuando están despiertos. Por lo tanto, un sueño estructurado y reparador es sin duda el mejor hábito que puede adquirir un niño.

Si la importancia del sueño en la infancia es indudable, lo que nos dicen algunos estudios longitudinales (siguen a la muestra de estudios durante años) es que los niños que no adquieren un buen hábito en la infancia después probablemente lo van a a arrastrar durante la vida adulta. Las consecuencias irán desde una disminución del rendimiento o una tendencia a la irascibilidad y a la ansiedad. Así, por ejemplo, el carácter agrio de muchas personas tiene su origen en el hecho de no haber aprendido a dormir.

¿Cuándo está el niño preparado para dormir sin compañía?

¡Mamá, agua! ¡Papá, no me duermo! ¡Mamá, me da miedo! ¡Papa, cuéntame otro cuento! Estas frases surgen de la oscuridad cuando pensamos que hemos terminado con todo el ritual que los niños siguen antes de acostarse. Hemos recogido la habitación, se han duchado, cenado, jugado un poquito, leído un cuento y dado las buenas noches. Han tenido un día intenso en el que no han parado. Todo estaba listo para dormir y…sin embargo, parece que no hay manera. ¿De dónde sacarán tanta energía?

En primer lugar, los expertos dicen que si estas conductas se mantienen es porque los padres las refuerzan de alguna manera. Lo hacen sin querer: llevan seis vasos de agua, se terminan acostando al lado de los pequeños o durmiendo a su lado mientras encadenan un cuento detrás de otro. Quizás esto termine definitivamente con las energías de los más pequeños y les aporte seguridad, pero también les hace dependientes de otras personas para dormir.

Muchos psicólogos infantiles defienden que los padres deben conseguir que el niño se duerma de manera autónoma (sin la presencia de sus padres) cuanto antes. Algunos sostienen que es posible conseguirlo incluso con bebés que no han cumplido medio año. Además defienden esta postura porque piensan, de manera acertada, que cuando el niño es pequeño cuenta con estrategias más primitivas para buscar “compañeros de fiesta”, de manera que será más fácil sustraerse de sus llamadas.

Esta “indiferencia”, que siempre tiene que ser controlada, hace que el niño aprenda a calmarse solo. Que entienda que sus padres no van a venir y que si no vienen en realidad es porque no pasa nada. Sin embargo, esta práctica, pese a que ha demostrado resultados positivos, es cuestionada por otro grupo de psicólogos que señalan que podría poner en peligro la relación de apego.

La variedad de opiniones en este sentido es amplia; lo es tanto como la variedad de modos de actuación de los padres. Por ejemplo, en Alemania parece que alrededor del 25% de los niños duermen en la habitación de sus padres hasta los 4 o 5 años. Algo que no parece muy adaptativo si tenemos en cuenta el ritmo de vida actual y que los padres cuentan con un horario laboral rígido.

¿Cómo acostumbrar a un niño a dormir solo?

Los estudios nos dicen que la mayoría delos trastornos del sueño, tanto en adultos como en niños no tienen un origen orgánico. Estarían causados por diferentes tensiones, tanto del propio niño con el entorno como tensiones percibidas dentro del propio entorno, entre sus padres por ejemplo.

Así, una de las mejores formas de mejorar la calidad del sueño es identificar estas tensiones e intervenir sobre ellas. Con ello no solamente conseguiremos mejorar el sueño de los más pequeños, sino que también conseguiremos que se muestren más tranquilos y receptivos durante el día.

Por otro lado, cuando los padres deciden que ha llegado el momento de que su hijo duerma solo lo ideal es trabajar en este proceso de manera gradual. Aquí os dejamos un ejemplo de los diferentes pasos que se pueden seguir:

  • Si el niño es pequeño podemos acunarlo en brazos hasta que se duerma y después acostarle. Si es mayor, podemos permanecer en la habitación con él hasta que se duerma.
  • Un paso más avanzado sería no acunarle ni acostarnos junto a él. Sí podemos cantarle o contarle un cuento hasta que se duerma.
  • Seguiremos cantando o contando un cuento pero nos iremos de la habitación antes de que se duerma. Si pone alguna reticencia podemos decirle que tenemos que realizar una tarea y que volveremos en cinco minutos para comprobar que todo está bien. Cumpliremos con ello, pero cada vez iremos espaciando más estas “visitas” hasta que no sean necesarias.

Además, la relajación puede ser una herramienta muy útil para los niños más activos y que llegan con más energía al final del día. Al ser una práctica compartida suele encantarles y participar en ella con entusiasmo.

7 reglas de oro para un mejor descanso

Para terminar os dejamos una serie de pautas que aumentarán la probabilidad de que los niños duerman mejor:

  • La cama es el lugar para dormir. No es un lugar de juegos ni un lugar para ver la tele.
  • La temperatura no debe ser muy baja, pero sí lo suficiente para que el niño agradezca estar confortable bajo las sábanas.
  • Evitar las bebidas estimulantes y las comidas copiosas durante la tarde/noche.
  • Seguir un horario para que sea el propio cuerpo el que le diga al niño que ha llegado la hora de de dormir. En este sentido, lo mejor es evitar que se echen siestas muy largas y que estén muy espaciadas de la noche.
  • Se puede dormir con peluches pero no con juguetes.
  • Nunca mandarles a la cama como castigo. No es algo que queremos que funcione como elemento aversivo.
  • Intentar reducir cualquier tensión con ellos antes de que se vayan a dormir. Es importante que tampoco perciban tensiones entre los adultos.

Con estas 7 pautas seguro que consigues aliviar en gran medida los problemas de sueño de tu hijo. Recuerda que lo importante no es realizarlas un día, sino ser consistentes con ellas de manera que terminen configurando un hábito en el que tu hijo se sienta bien.