¿Podemos fiarnos de nuestra intuición?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 22 marzo, 2017
Paula Murillo · 22 marzo, 2017

Existe mucho material para ayudarnos en la planificación a la hora de resolver problemas, pero ¿qué hay de eso que llamamos pálpito? Es algo que trasciende a la razón. Si buscamos en el diccionario de la Real Academia Española por esos términos relacionados con las corazonadas aparece la palabra “presentir”. La definición que lo acompaña nos habla de intuir, adivinar o tener la impresión de que algo va a suceder.

Sí, tenemos capacidad para tomar decisiones en cuestión de segundos y no equivocarnos. Por tanto, parece imposible que un mecanismo que contribuye de un amanera tan importante a nuestra supervivencia esté gobernado por el azar. Sobre todo, si tenemos en cuenta la cantidad de veces que acierta.

“Por medio de la intuición venceremos la hostilidad aparentemente irreductible que separa nuestra carne humana del metal de los motores”.

-Filippo Marinetti-

La fragilidad de la intuición

Sabemos que no siempre podemos confiar en nuestras primeras impresiones. Todos guardamos en la memoria varias veces en las que nos hemos fiado de ellas y ha fallado. Por otro lado, también sabemos que nuestra intuición trabaja con heurísticos o atajos que por su carácter globalizador y generalista distan mucho de ser precisos.

“Probamos por medio de la lógica, pero descubrimos por medio de la intuición”.

-Henri Poincaré-

intuición mujer

Por otro lado, la intuición ha sido un mecanismo más asociado a la mujer (no en vano utilizamos en el lenguaje popular la expresión de “intuición femenina”). Además, siempre se ha pensado que es algo “mágico”: una habilidad o un don. Sin embargo, pese a que parte de la ciencia no ha podido explicar determinadas situaciones, sí sabemos que su funcionamiento tiene una explicación más cercana y comprensible que la magia.

Los mecanismos de asociación que tenemos en nuestro cerebro, muchos de ellos rápidos y veloces, se encuentran en la base de nuestra intuición. Son tan rápidos porque son capaces de trabajar con una gran cantidad de información y porque además pueden hacerlo en un foco alejado de la atención de nuestra consciencia.

¿Se puede influir en los pensamientos rápidos?

La historia de Abbie Conant que nos cuenta Malcom Gladwell en su libro “Inteligencia Intuitiva” no es solo una historia de lucha contra el machismo en la música. También es un reflejo de cómo se puede favorecer a la intuición cuando la razón se interpone. Abbie tocaba el trombón – instrumento históricamente masculino – en Italia en el año 1980. Envió muchas solicitudes para orquestas europeas y solo respondió la Orquesta Filarmónica de Múnich.

La audición se hizo detrás de una cortina porque uno de los aspirantes era hijo de una persona conocida por el jurado. Abbie Conant interpretó el Concertino para trombón de Ferdinand David y falló en una nota. Pese a que salió pesimista de la prueba fue la elegida por el tribunal para formar parte de la orquesta.

“El intelecto confunde la intuición”.

-Piet Mondrian-

Los expertos musicales reconocieron en cuestión de segundos la calidad de una interpretación. Con Conant lo tuvieron claro y después de escuchar la pieza tocada por ella no quisieron escuchar a nadie más.

La sorpresa para ellos fue cuando pidieron que saliera a escena el trombonista elegido y apareció una mujer en el escenario. Una mujer que en sus mentes no podía tener la capacidad para tocar ese instrumento. Pese a que la contrataron, le hicieron pasar un sinfín de pruebas hasta llegar a los tribunales para poder ser reconocida.

Este es el ejemplo de cómo podemos manipular el entorno para dejar que la intuición fluya. La cortina es la clave en esta historia. Al anular la parte de pensamiento únicamente quedó la sensibilidad y lo puro. Sin la cortina el valor de Abbie hubiera quedado enturbiado por otro de los ogros de la intuición: el prejuicio.

La importancia de despejar el camino para corazonadas fiables

Pese a lo que hemos dicho, la intuición suele ser fiable cuando tenemos poco tiempo para tomar una decisión. Imagina que te ofrecen cambiar de departamento en la empresa en la que estás y además te dicen que es una decisión que tienes que tomar con urgencia porque necesitan cubrir ese puesto. En los casos en los que los que no tenemos tiempo para tomar una decisión fiarnos de la intuición es la opción más adecuada.

mujer ensalzando la luna y la intuición

También es una buena aliada en los procesos en los que hay una gran cantidad de información. Tanta que es imposible ponerla en una balanza que podamos calibrar con la razón. En estos casos, la intuición, al trabajar en parte alejada del foco de nuestras conciencias tienen un mayor poder para darnos una solución a partir de tal cantidad de información, sin saturar a nuestro sistema lógico.

La intuición no está libre de ser alterada por contextos culturales, prejuicios o emociones descontroladas. Dicho de otra manera, puede jugarnos muy malas pasadas. De ahí que podamos convertirla en un recurso pero nunca en una solución única. Hay determinadas situaciones para las que es mejor, teniendo el tiempo suficiente, realizar un razonamiento consciente.

Finalmente, señalar que podemos mejorar nuestro proceso intuitivo intentando identificar esas asociaciones rápidas con las que trabaja y poniéndolas a prueba. Podemos ver hasta qué punto los votantes de un determinado partido político se identifican con una determinada característica o hasta qué punto los habitantes de un determinado país siguen una costumbre que desde fuera parece identificarles.

Mejorar y perfilar este tipo de asociaciones va a hacer que nuestra intuición trabaje de manera más eficiente, ya que las asociaciones rápidas con las que vamos a poder contar en nuestro cerebro van a ser más precisas.

 

“Vivid no de acuerdo con los ideales recibidos, sino con vuestras aspiraciones, con vuestra intuición más vehemente”.

-Antonio Gala-