“Querido profesor”: un vídeo para entender al alumno con TDAH

Raquel Lemos Rodríguez · 5 abril, 2017

Un alumno con TDAH (Trastorno por Déficit de Atención) no suele comportarse como los profesores esperan. Esto hace que los docentes tomen una serie de medidas, medidas que por otra parte no siempre son las adecuadas. Así, si pudiésemos ponernos en la piel de estos niños, tal vez entenderíamos mejor cómo ven ellos su situación en el colegio.

Es sencillo juzgar, enfadarnos y disponer soluciones que desde nuestro punto de vista son válidas. No obstante, quizás estemos empeorando lo que en realidad pretendemos, y es que los más pequeños aprendan. Tal vez sí prestan atención, aunque no de la forma políticamente correcta.

Quizás creamos que no desean aprender, cuando en realidad es algo que les gusta mucho. Los alumnos con TDAH tienen algo que contarte a ti, como profesor (o como padres, o como abuelos, o como amigos…), ¿estás dispuesto a escucharlos?

El alumno con TDAH y la autorregulación de emociones

El comportamiento que un alumno con TDAH suele demostrar una gran dificultad para controlar, autorregular y gestionar sus emociones. Por ese motivo, estas pueden ponerse de manifiesto en el momento menos indicado y de la forma menos apropiada.

Esta falta de control ocasiona que sus sentimientos sean expresados de una manera intensa y descontrolada. Una forma que, ante los ojos de los adultos, corresponde a una conducta inmadura.

La inmadurez, en comparación con los niños de su edad, no es la causa en este caso, o al menos la madurez en el sentido clásico de la palabra. Estamos tratando con niños, son pequeños y, por ende, inmaduros. ¿O es que acaso todo el mundo nace siendo ya maduro?

El castigo no es la solución

Intentar mediante castigos que el alumno con TDAH no vuelva a actuar de esa manera tan inapropiada es un ejercicio inútil. Hay que trabajar la gestión emocional, no castigar una conducta que se ha realizado sin maldad.

Cuando a un alumno con TDAH se le castiga para que de esta manera controle y reprima sus emociones podemos intuir la respuesta que tendrá: se pondrá a la defensiva. Desconocer todo esto provoca que señalemos al alumno con TDAH, que lo etiquetemos y que sin querer incentivemos sus sensaciones de inseguridad, algo que no le beneficiará en absoluto.

No estoy por debajo de lo “normal”, ni valgo menos, ni soy menos capaz, solo funciono de manera diferente.

¿De verdad queremos que los niños con este trastorno tengan una baja autoestima? ¿Es esto lo que les estamos enseñando en las aulas? Solo porque no aprendan de la manera estipulada, quizás deberíamos preguntarnos si en vez de intentar cambiarlos a ellos, no deberíamos modificar la manera de enseñar.

Un niño sentado, quieto y estático escuchando información que no comprende. Queremos que sean adultos, que se comporten como mayores, pero no nos damos cuenta que tan solo son niños.

¿Cómo ayudar al alumno con TDAH?

En el vídeo los niños lo dicen bien claro. Los más pequeños con TDAH necesitan moverse, dar rienda suelta a su creatividad. Estar sentado y muy quieto no lo aguanta ¡ningún niño! Aunque se muevan, esto no implica que se distraigan, sino que es su manera de poder aprender. Si se están quietos como estatuas, ¡no podrán hacerlo!

No es necesario reñir o imponer castigos porque se mire por la ventana o a algún otro lado. Nosotros lo hemos hecho en incontables ocasiones y no pasa nada. Tras un minuto o menos volvemos a centrar nuestra atención. Es algo natural.

Pero, imponer como sanción quedarse sin recreo es algo terrible para ellos, que precisamente necesitan actividad. Piensa que los niños necesitan desconectar al igual que nosotros. ¿De verdad favorecemos a que aprendan evitando que descansen, se relajen o jueguen?

Aceptar su forma de aprender

Los niños con TDAH necesitan más apoyo, más ayuda. Si no se la brindamos, no podrán hacer lo que les mandamos porque no sabrán cómo. La paciencia y la calma serán dos cualidades esenciales para poder explicarles lo que necesiten y aclararles las dudas que tengan.

Aunque, quizás, el problema resida en que lo que hemos dicho contiene mucha información. Aquí llegamos a un punto importante. Muchos niños desconectan porque reciben una gran cantidad de información que no entienden. También encontramos con el caso contrario, niños que se aburren porque no reciben la suficiente información.

Encontrar el equilibrio entre estos dos extremos tiene mucho que ver con el arte de enseñar. Respecto a los niños con TDAH, tengamos presente que a ellos les suele costar especialmente trabajar con una gran cantidad de información a la vez, especialmente si esta información la adquieren de manera estática.

“Si te atreves a enseñar, no dejes de aprender”.

-John Cotton Bono-

Si hay algo que los niños con este trastorno reclaman es que se acepte su forma de aprender, de entender y de comprender lo que se les dice. Su cerebro no es igual al de los demás, pero esto no significa que no sean tan capaces como otros alumnos. Solo necesitan paciencia, menos castigos y más comprensión.

No saber a qué se deben diversos trastornos ni cómo se vive teniéndolos provoca que nos comportemos como auténticos ignorantes ante niños que quieren aprender, pero que nosotros no sabemos darle lo que demandan.

No los saturemos de información, no pretendamos que se aburran para así interiorizar conocimientos y no los castiguemos porque así es como descargamos nuestra frustración sobre ellos.

Los niños con TDAH son inteligentes y quieren aprender. Ellos se esfuerzan al máximo, merecen que nosotros también nos esforcemos por ellos.