Quién es más Raven

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 12 junio, 2013
Sergio De Dios González · 12 junio, 2013

Seguro que si te interesa la psicología sabes que esta rama de la ciencia y los que la practican a menudo se sirven de instrumentos o test para hacer evaluaciones. La evaluación puede tener muchos fines y a menudo van a ayudar al profesional a tomar una decisión: decisiones relativas al nivel de habilidad, decisiones de diagnóstico, decisiones de selección de los sujetos más capaces, decisiones de asignación a grupos, posicionamiento dentro de una jerarquía, orientación, detección rápida, etc.

Estas decisiones no siempre tienen la misma trascendencia ni usan como criterio solamente una fuente de información, pero muchas veces sí que tienen un peso preponderante y encaminan casi de manera determinante la decisión. 

Sin embargo, estas pruebas no suelen estar libres de problemas y más a menudo de lo habitual sus deficiencias son mayores que sus virtudes. Para no ser demasiado abstractos, vamos a centrarnos en un campo de tradición histórica y en el que los test y las teorías de medida han tenido un papel protagonista: la inteligencia. 

El primer problema que tiene un test de inteligencia es que no hay un acuerdo sobre lo que es: hay prácticamente tantas definiciones como expertos. Imaginaros que cada uno de nosotros tuviéramos un metro con cm de distinta longitud o peor, que habláramos de tamaño y alguien hablara en unidades de volumen, otra persona en unidades de área y otras en unidades de superficie y desconociéramos las relaciones que hay entre estas medidas. Pues la torre de babel. 

Por otro lado, para medir la inteligencia necesitamos un instrumento que relacione a las respuestas que recoge (conducta observable) con algún atributo de la inteligencia para poder situar a las personas y a los elementos que lo componen precisamente en el atributo que miden. Entonces, si cada test tiene una definición de inteligencia, cuando una persona lo completa y obtiene una puntuación se está situando en la definición de inteligencia de ese test y no de otro. 

Además de este problema, la medición de variables no observables, latentes o inferidas entraña muchos más problemas. Quizá otro de los más grandes y al que le dedicaremos más atención en próximos artículos es que el que atañe al error de medida. Imaginaros que tenemos un metro que tiene unidades de mm, esto hará que cuando demos una medida con este instrumento tenga como máximo un error de 1mm (y si somos finos y sabemos redondear medianamente 0,5 mm) sin embargo en psicología a los errores de medición se les atribuyen distribuciones de probabilidad que no se encuentran acotadas.

Así, si te dicen que tienes un Raven de 130, aunque la probabilidad sea muy baja sería posible que lo tuvieras de 150. Sí, y esto puede ser más bruto aún porque tu probabilidad de que sea 135 no es tan baja y puede que esto suponga que te quedes fuera de una beca o un puesto de trabajo o simplemente que considerar esto sea muy bueno para tu autoestima y no lo hagas porque te han dicho que tienes 130. 

P.D y Explicación del Título: El Raven es uno de los test más populares de inteligencia en el que la persona que lo responde debe encontrar la pieza faltante en una serie de figuras que se irán mostrando, aumentando paulatinamente el nivel de dificultad.