¿Quién nos cuida cuando atendemos a un ser querido?

16 Febrero, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz
Convertirse en el cuidador principal de una persona dependiente supone todo un desafío. Pero lo más importante es que recuerdes reconocer tus límites y delegar para preservar tu salud.

Son muchas las situaciones en las que nos vemos obligados a dejar a un lado nuestra rutina para ocuparnos del cuidado de alguien más. Desde el nacimiento de un hijo, hasta un accidente, una enfermedad o la inevitable vejez, en todas las familias ocurre. Los seres humanos somos frágiles y, muchas veces, requerimos de los demás para salir adelante. Pero, ¿qué ocurre con nosotros cuando atendemos a un ser querido?, ¿quien se ocupa de nuestra salud física y emocional?.

Siempre es deseable y beneficioso que sea alguien del entorno afectivo quien se ocupe de la persona dependiente. Y resulta maravilloso cuando se cuenta con esa posibilidad, en lugar de encontrarnos en la necesidad de delegar esos cuidados en un extraño. Sin embargo, convertirse en el cuidador principal de otro ser humano puede constituir un verdadero reto.

Cuando atendemos a un ser querido, de pronto, toda nuestra rutina cambia. Hemos de afrontar la incomodidad de salir de nuestra zona de confort, de abandonar nuestro empleo y el rol que llevaba asociado. Haciendo frente además, en muchos casos , a la preocupación y el choque emocional por el estado de salud de nuestro familiar..

Esto, sin duda, representa un desafío a muchos niveles. Y, en función de cómo la persona decida (o logre) adaptarse a la nueva situación, el desenlace será muy diferente. 

La importancia de nuestra actitud cuando atendemos a un ser querido

Víctor Frankl, el psiquiatra sobreviviente del horrendo Holocausto nazi dijo que lo que no nos pueden quitar ni las más terribles circunstancias de la vida es “la elección que se hace respecto a cómo vivir y enfrentar lo que nos pasa”. Esto quiere decir que siempre tenemos la libertad de escoger qué vamos a hacer con lo que la vida nos pone enfrente.

Una vez superado el torbellino emocional que nos sobreviene ante la nueva situación de dependencia de un familiar, y ya asentados en la nueva rutina, llega el momento de barajar nuestras opciones. De decidir cuál va a ser nuestra actitud:

No aceptar la situación. Es normal sentir agobio y resistirse frente a una contrariedad, pero si esta actitud de resistencia se mantiene experimentaremos rabia, frustración, tristeza e impotencia. Como consecuencia es probable que suframos de estrés crónico y desgaste emocional. Lo cual no solo afectará a nuestra salud y felicidad, sino a nuestra capacidad de cuidar al otro.

Aceptar la situación como una obligación moral. Esta aceptación a medias estaría más motivada por el deber que por el querer. Por lo mismo asumiríamos la tarea sin entusiasmo ni corazón, algo que no nos favorecería a ni a nosotros mismos ni a nuestro familiar.

Mujer cuidando a su madre anciana

Aceptar la situación como una oportunidad para crecer y salir fortalecidos. Esta sería la actitud más positiva y beneficiosa, aquella que nos permitiría trascender más allá de lo exigente y duro de la situación y encontrar un lado amable, un aprendizaje. Esto nos conduciría a poder conservar la armonía interior y transmitírsela a quien estamos cuidando.

Cuídate para poder cuidar

Aunque afrontes esta dura, y tan necesaria, tarea con la mejor actitud posible, encontrarás obstáculos y en muchos momentos te sentirás agotado. Las ganas de tirar la toalla aparecerán, sentirás quizá la incomprensión y la soledad en tu rol de cuidador. Te preguntarás quien nos atiende a nosotros cuando atendemos a un ser querido. Irremediablemente la respuesta es: tú mismo.

Medico cuidando a paciente anciana

Eres tú quien debe hacerse consciente de los límites humanos que posees y de que también mereces descanso y tiempo para ti mismo. Por ello no dudes en pedir ayuda y delegar cuando sientas que es necesario. Recurre a amigos o familiares para que te releven en determinados momentos. Busca la ayuda física, económica o emocional que necesites. Pues, en muchos casos, lo que más hace falta es poder compartir y ventilar las emociones.

Dejarlas salir, expresar tus miedos, tus inquietudes, tu cansancio o tu soledad. Rodéate de personas que te quieren y ábrete con ellas. Busca ayuda profesional si sientes que flaquean tus fuerzas. Haz lo que sea necesario por ti, por tu salud y tu bienestar. Y, sobre todo, no te abandones. Cuida las otras facetas de tu vida y dedícales tiempo, no te sientas reducido a tu rol de cuidador, aún eres mucho más que eso. No olvides disfrutar también tu vida.

  • López Gil, M., Orueta Sánchez, R., Gómez-Caro, S., Sánchez Oropesa, A., Carmona de la Morena, J., & Alonso Moreno, F. J. (2009). El rol de Cuidador de personas dependientes y sus repercusiones sobre su Calidad de Vida y su Salud. Revista Clínica de Medicina de Familia2(7), 332-339.
  • Afanador, P., Herrera, N. S., & El, B. (2000). reto de los cuidadores: Familiares de personas en situación crónica de enfermedad.