Redes sociales: el yo desintegrado

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Cristina Roda Rivera
· 22 febrero, 2019
Nuestro autoconcepto se construye en buena medida gracias a las referencias que nos llegan del exterior; sin embargo, en pocos sitios estas referencias aparecen tan adulteradas como en las redes sociales.

No sabemos si dentro de unos años las redes sociales serán evaluadas como el elemento más nocivo e inútil de esa maravilla llamada Internet. Quizás, los estudios que ya se han hecho, se están haciendo y se harán, de forma longitudinal y transversal, revelen que las redes sociales son perjudiciales para la salud física y mental.

Todavía no tenemos los suficientes datos para apoyar una conclusión absoluta, pero muchos de ellos ya sí que apuntan a algunos datos importantes sobre el uso que le damos a las redes. Parece que podrán afectar a la salud psicológica dependiendo de la personalidad del usuario, de la cantidad de tiempo que pase en ellas, del tipo de red social o la edad de inicio en la que se empiecen a utilizar.

Dejando a un lado el uso o mal uso de las mismas, sabemos que pueden llegar a ser adictivas, como cualquier otra sustancia, pues parecen actuar sobre los circuitos neuronales del refuerzo. También se han observado los fenómenos de tolerancia y abstinencia.

Distintas redes sociales, diferentes efectos

Todos hemos sentido o entendido la sensación de inferioridad, inquietud e incluso ansiedad que pueden proyectar los trolls en los comentarios o las fotos llenas de photoshop. Dibujan un escenario incompleto o diferente de la realidad. Si bien se sospechaba del impacto negativo de las redes sociales sobre nuestro bienestar mental, un nuevo estudio ha supuesto un duro golpe a las redes sociales.

Chica viendo las redes sociales

Se concluye que Facebook, Snapchat, Instagram y Twitter pueden causar un daño serio a la salud mental de los jóvenes de 14 a 24 años. Instagram sería la red social más dañina para los jóvenes, según este estudio publicado por dos organizaciones, la Royal Society for Public Health y el Young Health Movement.

En dicho estudio, les pidieron a casi 1500 jóvenes de 14 a 24 años que compartieran con los investigadores el impacto de las cinco redes en ellos, también YouTube, de acuerdo con 14 criterios diferentes: la soledad, la autopercepción, la ansiedad, el estrés o el acoso. De todas ellas, Instagram recibió la peor calificación.

Snapchat, Facebook y Twitter tampoco se salvan. El impacto de las tres redes sería en esencia negativo para el bienestar. Los investigadores apoyan la idea de que sirven de sustento para la ansiedad. Solo YouTube se considera la red social con un impacto positivo, incluso a pesar de que hay usuarios que consideran que dicho portal y su contenido hace que duerman menos.

«Es interesante ver cómo Instagram y Snapchat se clasifican como las peores redes de bienestar y salud mental. Las dos plataformas están todavía muy centradas en la imagen y parece que pueden provocar sentimientos de inferioridad y ansiedad en los jóvenes «, dijo Shirley Cramer, directora ejecutiva de la Royal Society for Public Health, una de las dos organizaciones detrás del estudio.

Instagram y el yo desintegrado

Instagram puede darnos la sensación de ser una red con muy poco contenido, carente de relato: en esta red social es lo que se ve, lo que se expone, lo que se exhibe en fotos el mayor reclamo para entrar en ella. Aquí no solo seguimos a amigos o conocidos, sino que a través de hashtags y de perfiles públicos, podemos ver a algunos famosos y otras personas que ya se han hecho conocidas a través de instagram; están al alcance de todo el mundo.

Es la red social que también se utiliza más entre los jóvenes. Esto conlleva importantes riegos, ya que estos jóvenes se encuentran en pleno proceso de construcción personal y adquisición de valores para la vida en sociedad y las redes sociales les muestran que el esfuerzo y la dedicación a un estudio u ocupación vale menos que una pose.

Ciertas redes sociales han dejado de ser medios para relacionarse con los demás, para ser un espacio de publicidad de muchas marcas. Las redes se han convertido en una red de negocio y los usuarios en sus principales consumidores. Muchas marcas incluso ven un filón en que sean las madres las que publiciten algunas marcas que llevan sus hijos, convirtiendo a los menores (y no menores) en un producto.

Si ven a una persona superficial, vacía, sin ningún oficio conocido teniendo a miles de seguidores, pueden considerar que «algo tendrán», que lo importante es parecerse lo más posible a ellos. Empezarán a actuar con poca naturalidad, empezarán a dar me gusta y a interesarse por cosas que realmente no les llaman la atención. De esta forma, su débil «yo», puede resentirse, descomponerse, desintegrase.

Demasiadas fotos, ropa, casas, viajes, amigos, bromas, besos o abrazos. Por cada cuenta que aporta algo de variabilidad, hay 10 cuentas que buscan el impacto a través de un disfraz potente y seductor para lo vacío.

No podemos resistirnos a mirar unas fotos bonitas alguna vez, es loable que queramos mirarlas y querer tener una imagen parecida de vez en cuando, hacer un viaje parecido pero… ¿Cuál es el mercado laboral en la actualidad? ¿A qué tipo de contratos se enfrentan los jóvenes conseguir un plan de vida digno? ¿Qué distancia existe entre las imágenes y la vida lo que nos ofrecen las redes sociales y lo que nosotros podemos conseguir en la vida real? ¿Queremos conseguirlo? ¿Nos hace falta para vivir?

Mujer con Instagram

Los profesionales deben empezar a actuar: prevención y concienciación

Cuando las redes sociales en la que pasas gran parte de tu tiempo no representan nada de lo que vas a encontrar en la realidad, llegan las dudas sobre tu planteamiento de vida, la sociedad, el valor del esfuerzo y el trabajo, la ilusión por emprender.

Los jóvenes, y no tan jóvenes, pueden ver en esta realidad virtual unos valores atractivos que no encuentran en la «dura realidad» y empezar a reconsiderar en su vida el valor de la formación, el trabajo, el esfuerzo, la implicación en una relación íntima, etc.

No cabe duda de que nuestro autoconcepto se construye en buena medida gracias a las referencias que nos llegan del exterior; sin embargo, en pocos sitios estas referencias aparecen tan adulteradas como en las redes sociales. En poco sitios podemos parecer tan pequeños, cuando en realidad tenemos la posibilidad de ser muy grandes.