Respeta tu ritmo, respeta el ritmo de los demás

Valeria Sabater · 16 enero, 2017

Ser y dejar ser. Este principio tan sencillo y elemental no se aplica demasiado. No todos son conscientes de que cada uno de nosotros tenemos un ritmo, una música interior y un modo de ver y sentir las cosas. Quizá, por ello, nos vemos obligados a protegernos de quienes osan desafinarnos, modular nuestras emociones a su antojo.

Hablemos pues de ritmos. Es un tema tan delicado como desconocido del que no siempre somos conscientes. Es más, en esta actualidad, estamos casi obsesionados en promover un aceleramiento de los mismos a todos los niveles: los niños deben aprender cuanto antes a leer y a escribir, los adolescentes deben comportarse como adultos y nosotros, los adultos, no hacemos más que compararnos con los ritmos ajenos.

“Sé tu mismo, los demás puestos están ocupados”

-Óscar Wilde-

Se nos olvida que para aspirar a una auténtica armonía interna no hay que tomar como referencia el dinero, el poder, el prestigio ni aún menos obsesionamos en lo que nos falta y en lo que otros ya han conseguido. De mantener este esquema de vida lo único que haremos es mendigar y avanzar en círculos, al compás de una música tosca y caótica.

La auténtica armonía empieza por uno mismo. Solo cuando alcanzamos la calma, el autoconocimiento y esa humildad de corazón donde nada sobra y nada falta, el mundo se acompasa en un mágico equilibrio. No importa lo rápido que vaya el mundo, no importan las exigencias ajenas: porque el faro de la felicidad está en nuestro interior.

Más deprisa, por favor

En el libro “Alicia a través del espejo”, Lewis Carroll nos dejó un momento digno de reflexión del que científicos y sociólogos no tardaron en hacerse eco para desarrollar la conocida como “Hipótesis de la Reina Roja”. Cuando Alicia llega al país de este personaje, y después de una conversación previa, es tomada de la mano por la Reina para iniciar una carrera. Debe hacerlo, porque en ese mundo todos corren, y lo hacen muy muy rápido.

Alicia no tarda en darse cuenta de que por muy rápido que corra, no avanza. Al poco la Reina Roja le explica la razón: “Aquí, es preciso correr mucho para permanecer en el mismo lugar. Sin embargo, para llegar a otro hay que correr el doble de rápido“. En nuestra sociedad ocurre lo mismo. Si aceleramos el ritmo del niño más allá de lo que es esperable para su edad, aumentaremos, supuestamente, la probabilidad de su éxito académico.

Si demostramos al resto que podemos ofrecer y hacer más de lo que entra en nuestras posibilidades, puede que alcancemos el triunfo. Sin embargo, la única meta que logramos cruzar es la de la infelicidad. Estamos envueltos por un entorno feroz y demandante que nos pide ir más deprisa, que nos roba el tiempo, la calma e incluso la vida.

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Ahora bien, hemos de tener muy en cuenta que en un mundo de prisas nada crece. Porque todo en esta vida tiene su tiempo de cocción, su tiempo de elaboración y maceración… Así pues, para alcanzar esa armonía interna es necesario establecer una conexión interna con nuestro ser para poner en práctica algo muy difícil: dejar de ser lo que otros esperan.

Respeta tus ritmos, respeta el ritmo de los demás

Las personas somos como peonzas dando vueltas por un salón de baile. Unas van más rápido, otras más despacio, otras se detienen de vez en cuando y el resto van a una velocidad tan frenética que acaban golpeando a los demás. El famoso dicho de aprender “a ser y dejar ser” no es precisamente fácil y, por ello, es común que en un momento nos sintamos superados.

Entiende el ritmo de tu corazón, cuida los ciclos de la Naturaleza y respeta  la música interna que da fuerza a cada persona.

Mihaly Csikszentmihalyi nos explicó en su libro “El yo evolutivo” que son muchas las personas que llegan a la consulta de los psicólogos en busca de una lección “rápida” de crecimiento personal. LLegan con un nivel de saturación tan elevado que hay quien busca soluciones rápidas a momentos desesperados.

Sin embargo, no existen los milagros bajo manga ni tiritas mágicas para el malestar de la vida. Entender que incluso los procesos de curación y de reconstrucción de la autoestima llevan su tiempo es algo primordial. De hecho, tal y como nos explica el propio Mihaly Csikszentmihalyi, a mayor nivel de ansiedad menor posibilidad de alcanzar ese fluir vital con el cual sentirnos bien, en equilibrio.

delfín escuchando su ritmo

Cómo hallar tu ritmo, tu música interna

Tenemos claro que para alcanzar esa necesitada calma interior vamos a necesitar tiempo, voluntad y dedicación cotidiana. Una vez tenemos claro que todo cambio implica responsabilidad, aplicaremos las siguientes estrategias:

  • Sé consciente de tu “equipaje” personal. La educación recibida, el perfeccionismo extremo, la necesidad de complacer o la baja autoestima son claros enemigos a tener en cuenta y sobre los cuales, reflexionar.
  • Analiza ahora tus hábitos. ¿Qué haces en el día a día? ¿Qué hechos te traen ansiedad o insatisfacción? ¿Por qué los has cronificado en tu vida si te causan infelicidad?
  • Consigue el mayor tiempo de calidad que puedas. Si el día tiene 24 horas, no puedes dedicarle 12 a los demás ni ocuparlo en aspectos que no te son significativos. Ten en cuenta que el concepto de “fluir” no se haya precisamente en la inactividad o en un estado de relajación. Está en dedicarnos a tareas que nos identifican, que nos dan sentido, ritmo, satisfacción y por tanto, felicidad. Encuéntralas.

Para concluir, es necesario entender que cada cual lleva su propio camino en el interior y se halla a su vez, en una etapa concreta de su crecimiento personal. Unos tardarán más en entender ciertas cosas, y por eso, no hay otra opción más que tener paciencia y practicar el respetoAprendamos pues a dejar al mundo correr mientras permanecemos en nuestro propio centro.

Imágenes de cortesía Hajin Bae