Cómo romper la contagiosa cadena de la injusticia

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 9 junio, 2016
Pedro González Núñez · 9 junio, 2016

Si atendemos a la frase de Montesquieu que reza que “una injusticia hecha al individuo es una amenaza hecha a toda la sociedad”, parece que cobra más sentido el conocer que la cadena de la injusticia es una especie de contagiosa enfermedad.

Sin embargo, por muy injusta que consideremos una sociedad, la cadena no tiene por qué ser perpetuada. Así al menos lo demuestra un estudio llevado a cabo en el seno de la Universidad de Bonn, en Alemania.

“Aceptar la injusticia no es una virtud, sino todo lo contrario”

-Cleóbulo de Lindos-

¿Qué es la cadena de la injusticia?

¿Qué sientes cuando se te trata de forma injusta?, ¿notas cómo la ira y la rabia te corroen? Pero, ¿hacia quién diriges esos sentimientos de dolor y de cólera cuando te encuentras en una situación que consideras que no te mereces?

El problema de la cadena de la injusticia aparece cuando aquellas personas que son tratadas de forma injusta, no solo dirigen su furia y resentimiento hacia quienes ejercen el acto, sino también hacia otras personas. Habitualmente las mismas, las más cercanas y las que más nos quieren.

Hombre gritando

Desgraciadamente, la cadena de la injusticia es muy contagiosa, lo que permite que miles de individuos encaminen su ira tanto hacia su agresor como a otras personas no involucradas y ajenas. Luego, una vez estas continúan esta línea de obra, se crea una interminable sucesión de eslabones que perjudican a sociedades al completo.

“La injusticia es una madre jamás estéril: siempre produce hijos dignos de ella”

-Adolphe Thiers-

¿Cómo funciona la contagiosa cadena de la injusticia?

¿Es posible detener la firme y cruel cadena de la injusticia? Lo cierto es que según se desprende de un estudio llevado a cabo en el seno de la Universidad alemana de Bonn, sí es factible parar la sucesión de actos que crean estas situaciones. De hecho, no parece especialmente complejo.

La propia cadena de la injusticia, llamada en términos científicos como “reciprocidad negativa generalizada”, se produce cuando se crea la reacción. Por ejemplo, en un ámbito laboral, cuando un individuo es tratado de forma injusta y este hace lo mismo con su subordinado, formando así el fenómeno.

Manos con cadenas

En este caso, las partes implicadas, es decir, la figura que comenzó la cadena y el primer receptor de la injusticia están formando la llamada reciprocidad negativa, por lo que provocan un conflicto que se transfiere a otras personas que nada tienen que ver.

Ahora bien, ¿cómo se puede interrumpir o detener esta reciprocidad negativa o cadena de la injusticia? Pues podría ser tan sencillo como escribir un mensaje al responsable principal que ayude a reevaluar la situación y regule las emociones.

¿Cómo detener el efecto contagio de la cadena de la injusticia?

A lo largo de las investigaciones, el equipo científico puso en práctica lo que es conocido como “el juego del dictador”, en el que participaron un total de 237 sujetos. En el mismo, algunos ejercen como dictadores y deciden si comparten cantidades de dinero de forma justa y equitativa o no.

A pocos sorprenderá el resultado. Un total del 83% de los 24 sujetos que ejercieron como dictadores decidieron actuar de manera injusta, quedándose la mayor parte del dinero para sí mismos. El resto de participantes se vieron obligados a aceptar la situación.

El efecto creado resultó en una situación emocional cargada en el resto de participantes, que se supieron tratados de forma injusta. Sin embargo, la escritura trajo la calma, demostrando que las acusaciones en cadena podían ser interrumpidas.

Persona escribiendo una carta

Entre los métodos usados, a un grupo se le obligó a hacer una pausa tratando de provocar desapego emocional. Un segundo equipo describió una imagen neutra para buscar una distracción, mientras que el tercer grupo tuvo la opción de quejarse por escrito al dictador.

Las reacciones posteriores de los grupos demostraron que el tercer grupo, al quejarse en forma de escrito hacia el dictador, no propagó la cadena de la injusticia, con independencia de que el mensaje llegase o no a su receptor objetivo (el dictador).

La escritura como arma para acabar con la cadena de la injusticia

Así pues, la calma que sintieron los sujetos que tuvieron la opción de plasmar sus quejas en un e-mail fue significativa. De hecho, estos participantes demostraron posteriormente un trato más justo hacia otros individuos.

Así pues, los científicos han sugerido que la escritura es una forma adecuada para romper la cadena de la injusticia y las emociones negativas. Una forma de denuncia que aporta unos excelentes niveles de regulación personal y mental.

En este sentido, este humilde escritor que ha narrado este experimento lo mejor que sabe, puede dar fe de la experiencia de la escritura. Gracias a ella, muchos hechos denunciables que incluso le quitaron el sueño pudieron convertirse en pequeñas piedras en el camino en lugar de grandes obstáculos. Así, tanto desde la ciencia como desde mi experiencia personal, os recomiendo una buena redacción para dejar de crear o prolongar cadenas de injusticia.