Selectividad alimentaria: ¿puede tu sensibilidad llevarte a rechazar alimentos?

¿Qué es la selectividad alimentaria? ¿Por qué se produce? ¿Con qué solemos confundirla? ¡En este artículo te lo contamos!
Selectividad alimentaria: ¿puede tu sensibilidad llevarte a rechazar alimentos?
Elena Sanz

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz.

Última actualización: 17 noviembre, 2022

Desde pequeños nos insisten en que debemos comer de todo. Nos instan a probar e incluir en nuestra dieta todo tipo de alimentos para así gozar de una mejor salud. En la mayoría de los casos, aunque puedan surgir pequeñas dificultades, los niños terminan aceptando esta variedad. Sin embargo, hay un pequeño grupo para el que esto supone un desafío inabarcable, no solo en la infancia sino también en la edad adulta. Es lo que se conoce como selectividad alimentaria.

Como decíamos, son muchos los niños que experimentan ciertas dificultades con la comida, especialmente en determinados periodos. Pueden tener poco apetito, negarse a probar alimentos nuevos, rechazar ciertos grupos de alimentos o tener preferencias marcadas. Sin embargo, se trata de estados transitorios que, con una buena actuación por parte de los cuidadores, pueden revertirse sin demasiada dificultad.

El caso de la selectividad alimentaria es mucho más complejo. No se trata de una cuestión de tiempo ni tampoco de la forma en que los padres ofrecen el alimento. Quienes la tienen, pueden llegar a la adultez sin haber apenas avanzado respecto a su variedad alimentaria. Pero, ¿a qué se debe? Exploramos la respuesta a continuación.

Niña negando comida

¿Qué es la selectividad alimentaria?

La selectividad alimentaria es una condición que lleva a la persona a sufrir una gran aversión hacia los alimentos en función de sus características sensoriales. Es decir, que el rechazo puede venir producido por el color del alimento, su olor, su textura, su temperatura… no es el sabor el único factor implicado.

Se trata de una característica de un rasgo neurológico conocido como alta sensibilidad (AS), por lo que las personas con AS tienen más probabilidad de manifestarlo. También es común que se presente en quienes forman parte del espectro autista.

Es importante mencionar que al tratarse de un rasgo genético y hereditario, no se debe a que los padres hayan hecho un mal trabajo de crianza, ni tampoco a que el niño sea caprichoso o malcriado. Más bien hablamos de un instinto, de un mecanismo de defensa que se pone en marcha por la incapacidad del cerebro para procesar los estímulos sensoriales.

La integración sensorial es el proceso mediante el cual recibimos y organizamos la información que proviene de nuestros sentidos (ya sea externamente, del ambiente, o de nuestro propio cuerpo). Las personas con alta sensibilidad perciben y procesan mucha más información de lo habitual y con mucha más profundidad y esto puede dificultar la integración sensorial.

Llevado al campo de la alimentación, estas personas perciben en una fracción de segundo múltiples aspectos relacionados con el alimento; y, al sentirse sobrepasadas, optan por rechazarlo como una forma de protección.

Síntomas y signos

Como ves, es una realidad diferente a los picky eaters o niños quisquillosos con la comida. No se trata de una cuestión de gustos, sino de instinto. Tampoco es una fase transitoria, sino una cualidad que acompaña a la persona de por vida. Para poder identificar si se padece selectividad alimentaria sensorial pueden observarse los siguientes signos:

  • La persona rechaza más alimentos de los que acepta. Su aversión sensorial puede llevarla a tolerar únicamente unos 10 o 15 alimentos.
  • La variedad de alimentos aceptados no se modifica en función de cuántas veces se exponga al niño a probar un producto.
  • Los alimentos deben ser siempre iguales, de la misma marca y cocinados del mismo modo. No se toleran ni las mínimas modificaciones.
  • Suele existir una preferencia por alimentos secos, crujientes y homogéneos (como las tostadas o las patatas fritas). Y esto es debido a que estos productos suelen ser siempre lo mismo y la persona sabe qué esperar de ellos. Una fruta, por ejemplo, puede ser más grande o más pequeña, dulce o ácida, jugosa o no, en función del momento, y esto satura los sentidos.
  • La elevada sensibilidad no se presenta solo en relación con la comida, sino que abarca otros aspectos. Por ejemplo, la persona suele sentirse molesta ante luces brillantes o ruidos fuertes, o sentirse incómoda ante las costuras y etiquetas de la ropa. También sus emociones son vividas con mayor profundidad y expresadas de forma intensa.
  • La aversión hacia los alimentos es tal que no solo genera rechazo a comerlos. También puede hacer que la persona se sienta muy incómoda ante la sola idea de tener que ingerirlos o al tenerlos cerca.
Niño rechazando comida

¿Cómo abordar la selectividad alimentaria sensorial?

Para los padres de niños son selectividad alimentaria sensorial es una gran preocupación que sus hijos se nieguen a aceptar la inmensa mayoría de alimentos. Pero para los propios niños (y los adultos en los que se convierten) tampoco es sencillo.

Generalmente, pasan la vida siendo criticados y juzgados por su conducta alimentaria y experimentan continuas presiones por parte del entorno. Esto hace que se genere una visión muy negativa de la comida y que el momento de comer con otros genere una enorme ansiedad, malestar y miedo.

Lo cierto es que no hay una forma de eliminar la selectividad alimentaria, en tanto que parte de un rasgo neurológico. Ni la psicología, ni la terapia ocupacional ni otras intervenciones podrán revertirlo. Sin embargo, sí hay algunas pautas para manejarlo o gestionar sus consecuencias.

Por un lado, el avance en este aspecto está muy relacionado con el desarrollo del córtex prefrontal. Es la maduración de esta área cerebral la que permite que una persona deje de regirse solo por impulsos y pueda tomar decisiones racionales; y es aquí cuando la persona puede escoger conscientemente introducir ciertos alimentos aun en contra de su instinto. Pero es casi imposible que esto ocurra antes de los 10 años, por lo que forzar o tratar de convencer a un niño más pequeño será en vano.

Por otra parte, es fundamental no presionar, juzgar o amenazar al niño con selectividad alimentaria. Como decíamos, esto hará que su organismo se mantenga en alerta al momento de comer y no solo no habrá avances, sino que se generará un fuerte malestar emocional.

Una pauta que puede seguirse, para tratar de implementar una alimentación más sana, es tomar los alimentos seguros del niño (aquellos que sí acepta) e ir introduciendo pequeñas variaciones. Por ejemplo, ofrecer patata asada en lugar de frita u añadir una verdura al zumo de frutas que sí tolera.

En definitiva, la selectividad alimentaria sensorial es compleja y el mejor apoyo siempre será la comprensión. A pesar de esto, los terapeutas pueden ofrecer pautas para favorecer la integración sensorial, ayudar al niño a tomar decisiones racionales y mejorar otras manifestaciones de la alta sensibilidad, por lo que es importante acudir a ellos.

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