Sesgo de desinformación: falsos recuerdos y fake news

El impacto de las noticias falsas en el cerebro humano se explica por el sesgo de desinformación. Este sucede cuando muchos datos falsos se sobreescriben sobre lo que sabemos, hasta el punto de dudar de nuestros conocimientos.
Sesgo de desinformación: falsos recuerdos y fake news
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 22 febrero, 2022

Cada día nos encontramos con decenas de noticias falsas. Algunas las identificamos de inmediato; otras llegan a convencernos. Una forma de comprender la mecánica de la manipulación psicológica es mediante el sesgo de desinformación. Este efecto se da cuando, a pesar de conocer un hecho, el bombardeo de datos sesgados acaba por alterar nuestra opinión.

Podríamos decir que en este sesgo encaja muy bien lo que Joseph Goebbels, desde el Ministerio de Propaganda de Reich, solía decir: “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”. De algún modo, cuando después de haber recibido una información se nos aporta otra nueva de manera persuasiva y constante, puede hacer que dudemos de nuestras creencias.

Esto provoca que, aunque en ocasiones conozcamos un hecho o nos hayamos informado de una realidad concreta, si cada día nos informan (o bombardean) con mensajes poco veraces, pero constantes, tarde o temprano asumiremos esas ideas sesgadas y falsas. No siempre es fácil mantenernos en una idea, ni siempre tenemos tiempo para verificar aquello que nos llega.

“Internet es como cualquier otra tecnología, básicamente neutra, puedes usarla en formas constructivas o dañinas. Las formas constructivas son reales, pero muy pocas”.

-Noam Chomsky-

Móvil con muchas notificaciones simbolizando el Sesgo de desinformación
Todos somos susceptibles a la manipulación y a los sesgos de nuestra memoria.

¿Qué es y cómo afecta el sesgo de desinformación?

El sesgo de desinformación es bien conocido en el mundo del derecho penal. Cuando una persona es testigo de un delito sabemos que lo que nos pueda contar no siempre es 100 % fiable. Porque la memoria no es perfecta y porque la mente es una selva compleja de sesgos cognitivos. Uno de ellos tiene que ver precisamente con aquello que sucede inmediatamente después del evento delictivo.

Imaginemos que alguien ve cómo una persona asalta a una joven en la calle y la golpea para robarle el bolso. Ese testigo es el que ha tenido una mejor visión de lo sucedido, pero al desplazarse de esa zona se encuentra con más gente. Unos comentan que el ladrón llevaba un gorro rojo, otros que era muy alto, algunos que no llevaba un gorro rojo, sino que era calvo y llevaba una mochila roja… Al final, termina dudando de cómo era realmente el agresor.

El recuerdo de una experiencia puntual puede quedar contaminada por aquello que suceda después, hasta el punto de dar por válidas imágenes falsas que nunca sucedieron. Es más, la psicóloga Elizabeth Loftus explica en un estudio cómo el simple hecho de hacer preguntas engañosas o capciosas a un testigo distorsiona en ocasiones su memoria hasta el punto de invalidar su declaración.

El sesgo de desinformación se conoce también como efecto de la verdad contaminada. Sucede cuando aquello que damos por sentado puede verse alterado cuando nos ofrecen datos engañosos.

Cuando en los medios buscan transmitirnos ideas y recuerdos falsos

¿Pueden las redes sociales y quienes las controlan introducirnos recuerdos falsos? Si bien esta idea parece auténtica ciencia-ficcion, el hecho es que el sesgo de desinformación aparece con frecuencia durante las campañas electorales. Son esos momentos en que más se necesita de la ingeniería de la manipulación para movilizar el voto hacia un bando u otro.

Por ejemplo, durante muchos comicios es frecuente ver en redes sociales a figuras de la política estrechando sus manos con líderes poco democráticos o con terroristas. Estas fotos (fakes audiovisuales) aparecen bajo rótulos del tipo “¿no recuerdas este momento?”. También se nos presentan imágenes descontextualizadas para convencernos de cosas que jamás han sucedido.

Estas ingenierías de la inteligencia artificial y de las guardias de los programadores de bots buscan alterar nuestra voluntad. Ponen en duda nuestros recuerdos y creencias presentándonos creaciones visuales de gran impacto o datos falsos para hacernos dudar. Cuantas más veces aparezcan, antes asumiremos lo que desean.

móvil representando el Sesgo de desinformación
Quien busca manipularnos mediante fake news intentará contaminar nuestra verdad, ponerla en jaque y hacernos dudar de manera continuada.

¿Cómo podemos combatir el sesgo de desinformación?

El mejor antídoto para la desinformación es la educación. Es imprescindible que en los currículums educativos, junto a las matemáticas, ciencias e idiomas se implemente una asignatura sobre el buen uso de las redes sociales. Esto implicaría enseñar a los niños desde bien pequeños que no todo lo que ven y leen en sus pantallas es verdad.

Desarrollar en ellos el pensamiento crítico, la habilidad de poner en duda lo que les llega y de ser capaces de tener una opinión propia sobre las cosas es clave. El sesgo de desinformación sucede cuando después de haber asumido una idea o de haber tenido una experiencia, alguien la pone en duda. Muchos buscarán esto mismo, boicotear nuestra verdad, contaminarla, llevarla a otro terreno.

Mantenernos firmes, posicionarnos en nuestras creencias y verdades es nuestro mejor salvavidas en esta era donde lo digital manda. La alfabetización en los medios digitales es esa materia troncal que jóvenes y adultos debemos asentar.

Ser cautos con aquello que damos por válido y aplicar adecuadas habilidades de investigación son las mejores herramientas para lidiar con el actual mundo complejo y, a menudo, engañoso.

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