Simon Baron-Cohen: un investigador del autismo muy particular

Simon Baron-Cohen es un investigador del autismo que ha propuesto ideas inspiradoras de muchas investigaciones, como la llamada «teoría de la mente». Sin embargo, algunos de sus últimos estudios son controvertidos.
Simon Baron-Cohen: un investigador del autismo muy particular
Cristina Roda Rivera

Escrito y verificado por la psicóloga Cristina Roda Rivera.

Última actualización: 11 julio, 2024

Neurocientífico cognitivo, el doctor Simon Baron-Cohen nació el 15 de agosto de 1958. Es profesor de Psicopatología del Desarrollo en la Universidad de Cambridge, Reino Unido, en los departamentos de Psicología Experimental y Psiquiatría. Se trata de uno de los investigadores del autismo más conocidos, pero también uno de los más controvertidos, debido a sus ideas «excéntricas», como él las llama.

«El lobo solitario de la investigación del autismo», «rebelde creativo», «héroe de la divulgación científica», «trapo rojo para las feministas». Demasiadas etiquetas para un especialista que, aunque pueda considerarse demasiado atrevido, no deja de intentar aportar datos relevantes para ayudar a entender el espectro.

Simon Baron-Cohen: investigaciones sobre ceguera mental e hipermasculinización

Las personas autistas suelen ver bastante, pero reconocen poco. Muchas de ellas tienen grandes dificultades al clasificar lo que ven en un contexto espacio/temporal/social. A mediados de la década de 1980, Baron-Cohen intentó explicar este fenómeno con su teoría de la «ceguera mental».

A diferencia de las personas típicamente desarrolladas, según él, las diagnosticadas como autistas tienen problemas para leer los deseos e intenciones de otros a partir de sus expresiones faciales y gestos.

Uno de los experimentos para evidenciar la teoría de la mente

Baron-Cohen, Uta Frith y A. M. Leslie reclutaron a niños de 4 años con autismo, para un estudio con el que pretendían obtener evidencias que apoyaran su hipótesis. Les mostraron a los pequeños un escenario que involucraba a dos muñecas. En el mismo, una de las muñecas colocaba una canica en su canasta y abandona la escena.

Después de salir, la segunda muñeca mueve la canica a su propia canasta. Luego, los investigadores preguntan a los niños dónde buscará su canica la primera muñeca cuando regrese. Los pequeños con un desarrollo típico y aquellos con síndrome de Down se dan cuenta de que la primera muñeca desconoce lo que ha sucedido en su ausencia. En cambio, una buena parte de los niños con autismo afirma que la primera muñeca irá a buscar la canica en la canasta de la segunda muñeca.

Niño juega con cubos en una habitación
Alegan investigadores que las conexiones cerebrales que procesan emociones y el lenguaje en los niños autistas evidencian menor actividad, contrario a las áreas que procesan objetos.

Análisis con escáner cerebral

Por otra parte, una serie completa de investigadores en todo el mundo escaneó los cerebros de sujetos de prueba sanos y autistas, mientras deben emparejar miradas enojadas y amistosas con las emociones correspondientes, identificar voces de conocidos o describir las intenciones de ciertos personajes en historias.

Las personas autistas a menudo muestran menos actividad en las regiones del cerebro responsables de procesar las emociones y el lenguaje, reconocer rostros o evocar recuerdos. Las conexiones entre estas áreas, se supone, son más débiles en ellas. En cambio, a menudo hay más actividad donde se procesan los objetos.

En 2003, Baron-Cohen presentó la controvertida tesis de que el autismo es una variante extrema del cerebro masculino.

«El autismo es particularmente frecuente entre los niños y los hombres, pero ¿es que los niños están más interesados ​​en los sistemas? Probamos esto con recién nacidos. En su primer día de vida, les mostramos un rostro humano y un móvil y luego medimos cuánto tiempo miraban cada uno. Descubrimos que más niñas miraban más tiempo a la cara y más niños miraban más tiempo al móvil. Esto sugiere que algo relacionado con la ‘masculinidad’ también está relacionado con el autismo y un interés en los sistemas».

Ese «algo», supone Baron-Cohen, es la hormona testosterona. Este hecho es debido a que los fetos masculinos producen el doble de testosterona que las mujeres en el útero y la testosterona prenatal influye en el desarrollo del cerebro.

Al medir el nivel de testosterona en mujeres que debían someterse a una amniocentesis y se examinó a sus hijos después del nacimiento, cuanto más alto era el nivel de testosterona prenatal, más rasgos autistas mostraban los niños y más interesados ​​estaban en los sistemas.

Sin embargo, muchos en el campo de estudio del autismo se muestran escépticos ante esta hipótesis. «No está claro si la teoría predice que la testosterona fetal es suficiente para causar autismo o si los niveles de testosterona fetal interactúan con otros marcadores de vulnerabilidad genética», señala David Skuse, profesor de ciencias del comportamiento y del cerebro en el University College London.

La mayoría de los análisis realizados por el grupo de Baron-Cohen se basan en las percepciones de las madres sobre el comportamiento de sus hijos y no en medidas objetivas, agrega Skuse.

Sinestesia y autismo

La sinestesia es otra área de exploración con la que está vinculado Baron-Cohen. La sinestesia es una condición neurológica en la que una sensación en una modalidad desencadena una percepción en otra modalidad. Él y sus colegas son los primeros en probar la existencia de la sinestesia utilizando neuroimágenes. Además de esto, Baron-Cohen ocupa el cargo de coeditor en jefe de la revista Molecular Autism.

Su idea de autismo

Baron-Cohen descarta rápidamente la idea de que el autismo es una enfermedad mental; afirma que es tanto una discapacidad como una diferencia.

La discapacidad está relacionada con el funcionamiento social y la adaptación al cambio. Según el especialista, el niño está procesando la información de una manera inteligente, aunque diferente, con atención a los detalles y la capacidad de detectar patrones. Compara la forma en que se ve el autismo hoy en día con la forma en que alguna vez se vio ser zurdo.

«Hay muchas rutas diferentes hacia la edad adulta. El perfil que llamamos autismo podría ser una de esas rutas».

-Simon Baron-Cohen-

Baron-Cohen se opone a que el autismo y el síndrome de Asperger deban fusionarse bajo un mismo diagnóstico y defiende que el último debe continuar como una entidad diagnóstica distinta. No cree que haya suficientes estudios que comparen el síndrome de Asperger con otros tipos de autismo, para poder decir que no hay diferencia.

Terapeuta con niña diagnosticada con autismo
Indagaciones actuales de Baron-Cohen pretenden relacionar el carácter profesional de los padres con las probabilidades de tener un hijo dentro del espectro autista.

Estudios actuales de Simon Baron-Cohen

El científico no pierde la oportunidad de ganar lectores de Psychology Today para conseguir que también sean sujetos de un estudio en línea. Se pide a todas las madres y padres que tienen un título universitario que acudan al sitio web www.cambridgepsychology.com e ingresen algunas sencillas preguntas sobre el desarrollo de su hijo.

Luego, compilando suficientes datos, se examina si existe una asociación entre el campo de estudio de los padres y la probabilidad de tener un hijo con autismo. Baron-Cohen sospecha que los graduados en sistemas y el mundo inanimado, como las matemáticas, la ingeniería o la informática corren un mayor riesgo que otros de tener autismo.

Además, el hecho de que más mujeres trabajen ahora en profesiones técnicas y matemáticas y encuentren compañeros similares en el lugar de trabajo posiblemente podría explicar el aumento dramático en los diagnósticos del espectro autista, es decir, autismo y síndrome de Asperger en niños.

Es una teoría atrevida. Pero Baron-Cohen nunca ha rehuido de plantear hipótesis inusuales. El tiempo y la investigación le dará o no la razón.


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