Sobreviviendo al crimen

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 25 noviembre, 2015
Aileen Zaera · 8 octubre, 2013

La naturaleza humana es por demás compleja, y desentrañarla es una labor en la que aun están psicólogos, psiquiatras, antropólogos, sociólogos y demás especialistas de diversas ramas, por lo que entender qué lleva a una persona a cometer un crimen no es una cuestión nada sencilla, ni tampoco lo es entender cómo repercute a nivel emocioanal el ser víctima de un robo u otro delito.

“Un muerto duele, 100 son una tragedia, 1000 son estadística”

Actualmente las personas se han visto obligadas a presenciar, cada vez de forma más frecuente, distintos tipos de crímenes, a veces de forma directa y a veces en contra de otros, pero esto no quita que cada vez sorprendan menos las tasas de muertos, robos y secuestros, entre otras, las cuales van en aumento de forma progresiva. Y los medios de comunicación, y la repetición de noticias sobre delitos, crea cierto efecto de insensibilidad sobre la población, por lo que tal vez a pocos les mueva alguna fibra el leer o saber de algún delito que ocurrió, pero ¿qué pasa cuando somos nosotros las víctimas? 

Porque puede ser un simple robo, pero hasta la más pequeña situación de violencia puede tirar al suelo cualquier sensación de seguridad que se poseía, pudiendo quedar uno con una sensación de amargo desconcierto y desprotección. Las cuestiones a partir de este momento serían ¿cómo sobrevivir a un crimen? y ¿cómo superar el miedo y estrés generado por la expectativa de poder volver a experimentar una situación similar?

Luego de experimentar el despojo forzado de cualquier posesión material, se puede experimentar un nivel de estrés post-traumático tan elevado que puede conducir al aislamiento o al pánico, pero no hay que dejarse llevar, sino aprender a sobrellevarlo

Existen muchas técnicas y herramientas que pueden utilizarse dependiendo de cuál fue el crimen del que fuimos víctima, pero lo principal es no caer en la paranoia, aprender de la experiencia de forma positiva, y trabajar, paulatinamente, en superar los temores generados por dicha situación negativa y fortalecerse internamente.

Continuar viviendo luego de ser víctima de un delito

El robo es uno de los delitos más comunes y menos denunciados, ya que una gran parte de los casos no son reportados por las victimas por tratarse, en un alto número, de carteristas o personas dedicadas a robar a peatones incautos. Usualmente estos delincuentes interceptan a sus víctimas y las amenazan con hacer uso de algún arma si no le son entregadas sus pertenencias, mientras que otros sólo extraen las pertenencias de las personas de sus bolsos o carteras sigilosamente aprovechando la multitud para no ser detectados, y otro grupo de delincuentes corren y arrebatan aquello que desean robar sin mediar palabra alguna, a toda velocidad, sin dejar mucho tiempo a reaccionar por el factor sorpresa.

En cualquiera de los tres casos (u otros similares) la sensación de seguridad que normalmente debería acompañar a las personas desaparece repentinamente, y luego de superado el estado de shock inicial, puede persistir e instalarse una sensación de estar experimentando una situación surrealista, ocurriendo incluso que se llegue a fantasear con finales alternativos, o, en casos más oscuros, se puede rememorar la vivencia una y otra vez experimentando la misma situación de miedo.

En primer lugar se deben conocer lo que en psicología se llaman “estrategias de afrontamiento”, que son aquellos esquemas que utiliza la mente para responder ante alguna situación negativa o conflicto interno que se pueda experimentar, y aunque cada mente y persona es distinta, es común que en caso de robos o asaltos las personas hagan uso –inconscientemente – de la estrategia del escape/evasión, que es apartarse emocionalmente de la situación o fantasear con diferentes variables (como defenderse o evitar el suceso).

Por otra parte, existe un gran número de víctimas que aprenden de la situación (lo más recomendable). Es importante ser consciente que la pérdida fue sólo material (en el mejor de los escenarios), y que conociendo cómo ocurrió pueden disminuirse los riesgos de experimentar una situación similar otra vez.

Por ejemplo, resulta muy útil que, si la víctima se encontraba caminando de forma distraída por una calle en particular al ser asaltado, aprenda que si vuelve a recorrer esos caminos lo haga en estado de alerta, previniendo cualquier actividad sospechosa, mientras que para otros puede resultar útil tomar algunas clases de defensa personal o simplemente evitar recorrer lugares desconocidos mientras están solos.

En cualquiera de los casos lo más importante es mantener la calma y tratar de sobrellevar los días después de experimentar un robo con la cabeza lo más fría posible y sin tomar decisiones apresuradas.

Imagen cortesía de Geoffrey Fairchild.