La teoría polivagal y el trauma: ¿cómo se relacionan?

¿En qué consiste la teoría polivagal? ¿Cómo explica la teoría polivagal nuestras respuesta ante un hecho traumático? ¡En este artículo te lo contamos!
La teoría polivagal y el trauma: ¿cómo se relacionan?
Gorka Jiménez Pajares

Escrito y verificado por Gorka Jiménez Pajares.

Última actualización: 04 noviembre, 2022

Para Stephen Porges, la teoría polivagal y el trauma son indivisibles. Esta teoría da una explicación de cómo nuestro cuerpo reacciona a los hechos traumáticos. Así, enfatiza en que el sistema nervioso cuenta con más de una estrategia de defensa ante el peligro. No solo posee la estrategia clásica de lucha/huida. Sin ser conscientes de ello, el cerebro está en permanente evaluación del riesgo en nuestro entorno, minuto tras minuto, día tras día.

Para algunas personas son las características físicas de lo que ven, escuchan o huelen las que activan un comportamiento de lucha/huida, mientras que otras personas pueden no responder al mismo estímulo de igual manera. Así, el factor crucial no es el evento traumático, es la respuesta a él.

“El trauma es definido y tratado en muchos casos como una categoría general de los trastornos relacionados con el estrés. Al hacerlo, perdemos por el camino buena parte de cómo nuestro organismo responde a situaciones que son evaluadas como potencialmente mortales”.

-Porges-

Mujer triste sentada
El trauma se genera cuando la persona se queda atascada en el dolor.

El trauma desde la teoría polivagal

La teoría polivagal trata de explicar cómo se relacionan y se influyen mutuamente el sistema nervioso autónomo (SNA), la forma en que regulamos y expresamos las emociones y nuestra forma de comportarnos socialmente. Así, identifica tres niveles o sistemas jerárquicos:

  • Primer nivel. Contiene el sistema de defensa biológicamente más antiguo: la respuesta de inmovilización. ¿Qué parte del cerebro lo controla? El núcleo dorsal motor del tronco del encéfalo. Este nivel podemos encontrarlo en animales con un sistema nervioso menos evolucionado, como los reptiles.
  • Segundo nivel. Contiene un sistema de defensa algo más refinado: luchar o huir. ¿Qué parte del cerebro lo controla?: el sistema nervioso simpático. Es un nivel que aparece por primera vez en los mamíferos.
  • Tercer nivel. Contiene el sistema más sofisticado: la respuesta o enganche social. Es el sistema responsable del comportamiento interpersonal cooperativo. ¿Qué parte del cerebro lo controla? Una reciente en términos evolutivos; el núcleo ambiguo del tronco encefálico. Es un nivel que está muy desarrollado en primates superiores y en humanos.

Para determinados individuos, lo que podría considerarse un evento traumático es solo un hecho más. Para otros, en cambio, es un suceso amenazante que pone directamente en peligro sus vidas, activando en el cuerpo respuestas para enfrentarse a ello: responden como si se fueran a morir.

Actualmente, se desconoce cómo nuestros circuitos deciden qué situaciones son o no son seguras. De un modo pedagógico podríamos que decir que ante las amenazas de nuestro entorno, si estamos protegidos con el tercer nivel, el nivel más nuevo, lo hacemos bien.

“Probablemente las experiencias tempranas juegan un papel importante en el cambio del umbral o de la vulnerabilidad para las reacciones desadaptativas ante los hechos traumáticos”.

-Porges-

Por ejemplo, ante una experiencia de abuso sexual, se puede activar el circuito vagal más antiguo: la inmovilización. Lo que ocurre es que nosotros no tenemos el control consciente de este circuito. Como consecuencia, podemos “desconectar”: nos podemos desmayar.

En terapia, las personas que hablan de abusos, especialmente los abusos sexuales, tienen la experiencia de ser sometidos o abusados físicamente. La descripción que habitualmente realizan es de no estar realmente allí: se desmayan o disocian.

Neurocepción: un concepto clave de la teoría polivagal en relación con el trauma

La neurocepción es la detección sin conciencia. La percepción requiere consciencia de lo que se está percibiendo, la neurocepción no. Es detectar algo sin ser conscientes de ello. Es el nivel cerebral que monitoriza, evalúa y detecta el grado de amenaza que puede suponer para nosotros cada uno de los elementos que percibimos. La neurocepción pone de relieve nuestro tercer sistema: el de enganche o cooperación social.

El trabajo del tercer sistema puede influir sobre nuestras defensas “más primitivas”, pero cuando el riesgo aumenta, los dos primeros sistemas toman el control. En respuesta a un peligro potencial o real, el primer y el segundo sistema disparan una cascada de reacciones metabólicas, hormonales y neuronales para que podamos luchar o huir.

Cuando el sistema de cooperación social está trabajando y regulando a la baja nuestras defensas, nos sentimos calmados.

Un mismo hecho traumático puede desencadenar diferentes reacciones neuroceptivas. Sabemos que los hechos traumáticos producen disociación. Disociar es separar. Es romper algo. A menudo, lo que queda separado es, por un lado, el relato del hecho traumático y, por el otro, las características sensoriales: las señales acústicas, los olores, los colores o los sabores.

Así, hoy sabemos que uno de los desencadenantes más potentes de la neurocepción (la detección inconsciente) son las características acústicas.

Mujer con disociación
En la disociación, la mente se desconecta de la realidad ante una situación límite.

El proyecto Escucha

El proyecto Escucha es un proyecto de intervención, a partir del cual se está investigando si el entrenamiento de los músculos del oído medio puede ayudar a las personas que han sufrido un trauma.

La teoría polivagal apoya la hipótesis de que si empezamos a incidir en nuestro tercer sistema, el sistema de cooperación social, y entrenamos a los músculos del oído medio -importantes para la detección de las características acústicas- seremos más hábiles a la hora de distinguir la voz humana del resto de estímulos, lo que ayudará a la persona a ser más social de manera espontánea.

El objetivo es crear una hipersinsibilidad auditiva. La idea es que aumentando nuestra sensibilidad a las voces humanas, nos volvemos más sociables. Se activa más nuestro tercer sistema de respuesta, haciendo más improbable la posibilidad de experimentar un evento como traumático.

En general, los seres humanos somos muy adaptables a las circunstancias en las que nos encontramos inmersos. Si venimos de una familia en la que nuestros padres estén deprimidos, o son caóticos, nos adaptaremos para no involucrarnos; y, por tanto, estaremos regulando a la baja o apagando nuestro tercer sistema: el de cooperación social.

Además, esta teoría podría aportar más luz a determinadas enfermedades y trastornos psiquiátricos que se relacionan con fallos en la regulación de los tres sistemas, como el trauma, el trastorno de identidad disociativo o el trastorno límite de la personalidad.

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  • Dufey, M., Fernández, A. M., & Muñoz, J. A. (2022). Sintonizando con otro: la teoría polivagal y el proceso de psicoterapia. Revista chilena de neuro-psiquiatría, 60(2), 185-194.
  • Porges, S., & Buczynski, R. (2012). La teoría polivagal para el tratamiento del trauma. Una Sesión de Tele Seminario. Faculta de Psicología Universidad Autónoma de México.
  • Rodríguez Vega, B., Fernández Liria, A., & Bayón Pérez, C. (2005). Trauma, disociación y somatización. Anuario de Psicologia Clinica y de la Salud/Annuary of Clinical and Health Psychology, 1, 27-38.