Todo lo que podemos perder cuando nos ponemos a la defensiva - La Mente es Maravillosa

Todo lo que podemos perder cuando nos ponemos a la defensiva

Yamila Papa 7 julio, 2014 en Psicología 90 compartidos

Estar a la defensiva no siempre es algo que hacemos “a propósito”. Un ejemplo típico es cuando alguien dice “qué bien que has cocinado”, “es el mejor informe que he visto en los últimos tiempos”, “te sienta muy bien ese vestido”, “has hecho una excelente reunión”, etc. Ante este comentario, el receptor replica: “¿Qué estás queriendo decir? Que usualmente no cocino/realizo informes/me visto/armo reuniones bien?”. Sin dudas, la persona que hizo el cumplido se sentirá enojada y la escena puede terminar muy mal, ya sea en pelea o en un silencio de hielo.

Entonces, estar a la defensiva implica una reacción diferente a la que se espera. Si ante una frase positiva o hasta neutral, atacamos como si fuera una amenaza o hacemos que salte una chispa, es porque algo no anda bien en nuestro interior.

Algunas de las razones por las que podemos estar a la defensiva son:

-Creemos que la actitud del otro es amenazante, que ataca nuestra integridad personal. En este caso, se erige sobre el miedo a que los demás nos puedan herir o lastimar. Esto puede deberse a que hemos vivido muchas decepciones en nuestra vida o mismo porque esa persona no ha tenido buenas acciones u obras con nosotros en el pasado.

-Porque estamos pasando por una situación de mucha presión o estrés, ya sea en el trabajo o en la vida personal. Cualquier cosa hará que “suenen las alarmas”. Es verdad que hay muchos recelosos por naturaleza y que acostumbran vivir en una atmósfera de desconfianza, que hace que nunca se puedan relajar. En el fondo, hay un gran temor al fracaso y a la vez, una baja tolerancia a las críticas, aunque sean “constructivas”.

-La postura defensiva es adoptada porque esa persona pretende con esta actitud armar una fortaleza de su espacio íntimo, algo que no está dispuesto a ceder a nadie, ni a los más cercanos. Puede ser lo que ocurre entre hijos adolescentes con sus padres, aquellos que sufren una adicción o tienen una enfermedad o bien las parejas que recién se casan o empiezan a vivir juntos.

-El resentimiento hacia la otra persona también nos hace estar a la defensiva. Puede pasar cuando no nos llevamos bien con nuestro jefe, hemos tenido una separación con nuestra pareja, tenemos problemas con nuestros padres por actitudes del pasado, etc. También existe la posibilidad de que se luche por controlar una situación, imponer nuestro punto de vista y dejar de comprender las relaciones interpersonales como un acuerdo constante en lugar de un campo de batalla donde uno gana y el otro pierde, sin que haya término medio ni una chance apenas de llegar a una negociación o acuerdo.

-La actitud defensiva, afirman los psicólogos, esconde a una persona completamente insegura de si mismo, de sus habilidades y capacidades. Enviando la “señal” de que es cerrado de mente y respondiendo de manera exagerada o muy emocional a las situaciones, es imposible que pueda construir relaciones sanas, ya sea en lo privado como en lo profesional.

¿Cómo saber cuando estamos a la defensiva?

-Si lo negamos rotundamente cuando alguien nos lo hace notar.
-Si empezamos a hablar rápidamente para que el otro no tenga tiempo de explicar sus razones o puntos de vista.
-Si no nos tomamos “el trabajo” de escuchar a los demás en relación a lo que piensa y cuáles son sus argumentos.
-Si procesamos todo lo que nos dicen como si fuera en nuestra contra, para molestarnos, para hacernos sentir mal o inferiores.
-Si percibimos que el otro es un enemigo al que hay que ganarle constantemente.
-Si utilizamos justificaciones que no son ciertas pero que sirven para eliminar nuestra cuota de responsabilidad en el tema.
-Si usamos la palabra “pero” más veces de lo necesario, sobre todo al comenzar una frase.
-Si respondemos una crítica personal sacando a la luz los errores del resto y comparándonos con ellos.
-Si usamos el sarcasmo para devaluar a otros.
-Si no pedimos explicaciones cuando no entendemos sino que comprendemos lo que nos parece.
-Si nos sentimos tensos e irritados continuamente, como si la vida fuera una batalla.

Foto cortesía deolegganko

Yamila Papa

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