Una crisis, una oportunidad para identificar lo importante

11 Abril, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por el psicólogo Alberto Álamo
Las crisis nos ponen cara a cara con la realidad, limpian el horizonte, dejando solo lo importante e imprescindible delante de nuestros ojos. Así, a nosotros nos queda el trabajo de llevar esta claridad de vuelta a lo cotidiano para hacerlo mejor.

La psicología, o mejor dicho, las investigaciones que se realizan en su marco evidencian que la realidad condiciona cómo nos sentimos. Sin embargo, no lo hace en el vacío, no somos unos meros espectadores; así, no trabajamos con lo que sucede o pasa, sino con lo que entendemos que sucede o pasa. De esta manera, trabajamos con una escala de prioridades subjetiva e individual, sobre la que podemos trabajar en esta crisis para identificar lo importante.

¿Por qué es tan especial esta crisis a nivel mental? De repente, sin planificación, sin organización previa, estamos cambiando muchas rutinas. El estado de alarma y la pertinente cuarentena nos ha obligado a alterar nuestro día a día de una forma sin precedentes. ¿Qué cambios? De todo tipo; íntimos, laborales, sociales, familiares…

Hablamos de variaciones, combinaciones o permutaciones que nos afectan a muchos niveles. Estamos ante escenarios que no hemos anticipado; un ejemplo serían aquellas parejas que, en un proceso de separación, no tienen más remedio que prologar la convivencia por un tiempo indefinido.

Otro sería el de aquellas personas que acababan de hacer una inversión fuerte y ahora se ven contra las cuerdas: un escenario que supera incluso el peor que habían imaginado.

Existen muchos ejemplos que, por desgracia, se derivan de las medidas adoptadas por el COVID-19. Así, en estas circunstancias, despejar la niebla e identificar lo importante puede ser un buen punto de partida: certezas sólidas, aunque sean pequeñas, sobre las que comenzar a trabajar.

Mujer con pensamientos negativos

Gestionar estos cambios

Ya son muchos los profesionales de la psicología que se han apresurado a facilitar pautas y guías orientativas para sobrellevar esta situación de la mejor forma posible. Algunas de las muy acertadas recomendaciones van en la línea de reestructurar o reformular nuestras rutinas, para no caer en una suerte de caos temporal.

Otras también recomiendan el hacer ejercicio en la medida de lo posible, para combatir el sedentarismo que tan fácilmente se ha instaurado en nuestras vidas. O incluso recomiendan el tomar consciencia de nuestros pensamientos, de qué tipo de pensamientos tenemos, cómo de frecuentes son y cuánto y cómo nos afectan.

Además de estas pautas, es muy importante tomar consciencia de la propia situación. En alguna ocasión se ha debatido acerca de las diferencias entre la aceptación y la resignación y la situación actual es una buena oportunidad para llevar a la práctica una buena aceptación, y no tanto una resignación.

Está bien tratar de crecer, tratar de mejorar lo máximo posible aprovechando que tenemos más tiempo en casa, pero ofrezcamos también otras opciones igualmente válidas.

También está bien darte el permiso de tener un día triste, melancólico. También está bien frenar los pensamientos obsesivos con seguir formándote, o seguir estudiando, o seguir un ritmo de vida frenético, y aprender a relajarte, darte tiempo para ti, meditar, leer por placer o ver tu serie favorita.

Es momento de aprender qué es realmente importante

Es posible que, en general, no hayamos vivido nada ni de lejos parecido a lo que estamos viviendo estas semanas. En un mar de emociones y pensamientos encontrados, tenemos la capacidad para elegir cómo sentirnos y de qué manera interpretar lo que está sucediendo.

¿Qué tal si tratamos de aprender de esta situación? ¿Qué tal si evaluamos cuáles eran las cosas importantes para nosotros y qué cosas son importantes ahora?

Desde que se inició el confinamiento, se están dando conductas nunca vistas, de unión, de solidaridad o de comunidad. Sin darnos cuenta, hemos conocido a vecinos que teníamos al otro lado de la pared, cuando nos hemos asomado a la ventana y hemos preguntado “cómo lo llevas”.

También hemos llevado hasta el extremo aquel viejo y tópico dicho de “no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes”. Si valorábamos un abrazo de nuestros seres queridos cercanos, ahora ese abrazo adquiere una nueva dimensión.

Hijo abrazando a su padre

Antes de esta cuarentena, teníamos preocupaciones, qué duda cabe. Seguro que muchas de esas cosas que nos preocupaban, ahora han pasado a ocupar un puesto menos importante en esta simbólica lista.

Porque ahora nos preocupa que nuestro hermano o hermana esté bien, que nuestros padres se cuiden mucho, que aquel ser querido que se encuentra solo o sola en su casa se sienta lo menos solo/a posible. Ahora nos preocupa que nuestro hijo o nuestra hija no se agobie por estar tanto tiempo en casa, que sea feliz, que no pare de aprender y siga jugando.

Si tomamos consciencia de lo que está sucediendo, todo esto se puede traducirse en un gran cambio cuando acabe la cuarentena: la revolución de la vida sencilla.

La revolución de no necesitar más que una conversación y unas risas para sentirse pleno. O de valorar lo que significa salir a la calle, en un día soleado, a pasear, sin hora de regreso.

La revolución de disfrutar de una tarde con tu familia o la de sacar a tu perro a la calle sin hora de vuelta. Amén de miles de revoluciones de lo cotidiano, los grandes terremotos, las grandes crisis que parecen congelar el tiempo son una estupenda oportunidad para identificar lo importante y limpiar nuestra escala de prioridades; esa en la que con frecuencia se cuela el amargor de urgencias superfluas.