Ven ansiedad, te estoy esperando

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 10 octubre, 2018
Alicia Escaño Hidalgo · 15 junio, 2016

A menudo consideramos que la ansiedad es un estado en el que nunca deberíamos estar y lo argumentamos con frases como “sentir ansiedad es de débiles”, “puedes volverte loco por ser ansioso”, “si estoy ansioso los demás lo notarán y pensarán mal de mi”, etc.

A causa de ello hacemos todo lo que esté en nuestra mano para evitar sentirla y como en cualquier estrategia de evitación, al final obtenemos el famoso “efecto rebote”, es decir, nos ponemos aun más ansiosos de lo que estábamos.

Todo suele empezar con alguna situación problemática en nuestra vida que nos supone una amenaza. Al interpretarla de este modo, se ponen en marcha toda una seria de mecanismos fisiológicos destinados a huir de la amenaza o bien a luchar contra ella. Se trata de la famosa respuesta de lucha/huída.

El problema es que además de este problema primario, casi siempre se une uno secundario: nos ponemos ansiosos porque estamos ansiosos, es como si nos diera miedo nuestro propio miedo y es entonces cuando nos quedamos bloqueados en un círculo vicioso del que resulta difícil escapar.

¿Por qué tememos a nuestra ansiedad?

Todos los miedos sin fundamento proceden de las ya conocidas creencias irracionales. Esas verdades absolutistas y exageradas que nos han inculcado a lo largo de nuestra vida y que nosotros hemos hecho nuestras.

Mujer con una nube en la cabeza

Por lo tanto, el miedo a la ansiedad no iba a ser menos. Nos han dicho cosas como que “debemos ser fuertes”, “la ansiedad te puede matar o volverte loco”, “las personas inteligentes y fuertes no se ponen ansiosas”, “ser ansioso te aleja de los demás”.

Como se puede apreciar, la ansiedad ha sido conceptualizada como algo “peligroso” y por esta razón es por la que nos da miedo ser ansiosos. Podríamos volvernos locos o morir, quedarnos sin amigos, ser imperfectos…¡qué horror!

Por fortuna, estas creencias no son reales. La ansiedad es una emoción básica y primaria, todos los animales la sienten alguna vez en la vida y además gracias a ella hemos podido sobrevivir como especie y como individuos.

La ansiedad nos ayuda a salvaguardarnos de peligros reales que podrían comprometer nuestra vida.

Con lo cual, la ansiedad no es mala en su medida y en su momento, de hecho pensar así es lo que muchas veces la trasforma en un demonio descontrolado. No mata, nos salva la vida y tampoco nos hace menos fuertes o más vulnerables, al revés, nos hace humanos.

Abrazando a la ansiedad

Si queremos ser menos ansiosos, el primer paso es no querer ser menos ansiosos. Parece contradictorio pero en psicología la paradoja se da en numerosas situaciones.

Cuando nosotros mantenemos una mente exigente, que quiere conseguir lo que desea caiga quien caiga, estamos haciendo justamente que eso que exigimos tener se aleja más.

Es decir, si nos exigimos no ser personas ansiosas -entendiendo exigir como que no toleramos ni un ápice de ansiedad- al final nos pondremos más ansiosos. Tendremos la sensación de que no hemos cumplido nuestras expectativas, que por otra parte habitualmente son poco realistas.

El ejercicio mental que tenemos que hacer es cambiar la exigencia por la preferencia. Es decir, tolerar que como humanos que somos, muchas veces en nuestra vida vamos a sentir ansiedad y eso no es ni malo ni bueno, simplemente es normal.

Mujer con ansiedad

Por otro lado, es conveniente que dejemos de considerar a la ansiedad como una emoción horrible e insoportable. Es cierto que los síntomas fisiológicos de la ansiedad pueden resultar muy molestos y desagradables, pero también es molesto y desagradable un día de mucho calor, tener fiebre o padecer un dolor de cabeza.

A nadie le gusta tener el estómago revuelto, sudar o que el corazón palpite más rápido de lo normal, pero todo esto en realidad es soportable y tampoco es tan grave. Si nos decimos lo contrario, estos síntomas aumentarán mucho más.

El último punto es la aceptación incondicional de uno mismo como persona imperfecta. Ser ansioso no significa nada más que ser ansioso y no hay que darle más vueltas. No quiere decir que somos débiles, ni enfermos, ni inferiores a nadie.

Esas personas que ves por ahí y que parecen tan fuertes emocionalmente también han sentido y sienten ansiedad en sus vidas.

Por lo tanto, mira a la ansiedad a los ojos, déjala que venga a ti, siéntela, abrázala, dile que es un poco pesada pero que tampoco te cae tan mal. Solo cuando hagas todo esto y de verdad la quieras, podrás librarte de ella.