Tu vida es tuya y de nadie más

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 14 febrero, 2017
Alicia Garrido Martín · 14 febrero, 2017

Sí… por muy obvio que parezca… tu vida es tuya y de nadie más. La frase en sí misma puede resultar redundante pero es una realidad que hemos de volver a saborear y degustar. Es una realidad que hay que enmarcar. De la misma manera que enmarcamos las fotografías que son importantes es fundamental que no desatendamos ni dejemos en un segundo plano esta afirmación.

Piensa que las decisiones que tomamos conforman nuestra vida. Tanto las que tomamos nosotros por propia voluntad como las que tomamos “influenciados por los demás”… Toda decisión se va guardando en nuestra mochila vital. Cada decisión tiene un peso, más o menos liviano, pero un peso con el que hemos de caminar. Un peso que va definiendo y dando forma a NUESTRA vida.

Nuestra vida se conforma de las decisiones que vamos tomando. Absolutamente todas las decisiones que tomamos, influenciadas o no en cierta medida por otras personas, son nuestras y nosotros somos los últimos responsables de ellas.

Tu vida es tuya y eres tú quien toma las decisiones en ella

Muchas veces nos vamos a encontrar queriendo tomar una decisión que no es aprobada por los demás. Decisiones que, en muchas ocasiones, se tachan de inconscientes, o de precipitadas… o simplemente son decisiones que los otros no pueden comprender. Las personas que nos quieren pueden temer las consecuencias de tomar esas decisiones en nuestra vida y para nuestro futuro.

Recuperarnos de una mala decisión

No obstante, si has tenido tu tiempo para reflexionar, si has sentido que hay cambios que debes hacer (drásticos o menos drásticos, más o menos anclados a la “realidad”…) no hacerlo por lo que puedan decirte los demás o por cómo puedas “preocupar” a las personas que te quieren depositar tu libertad lejos del lugar adecuado.

La vida, al fin y al cabo, es de quien la vive. Por supuesto hay decisiones que hay que meditar para saber desde qué lugar las estamos tomando. A veces tomamos decisiones cuando estamos muy enfadados o muy eufóricos, cuando quizás convenga pensarlas y meditarlas en un estado mucho más reposado para identificar deseos genuinos.

A veces culpamos al otro de nuestras decisiones

Pero es que esa tarea es nuestra. Nos pertenece a nosotros. Razonar nuestras decisiones, razonar los cambios que queremos en nuestra vida. Y nuestro deseo es totalmente legítimo si así lo sentimos. No podemos dejar manipularnos por ese “miedo” que los demás tienen ante las decisiones que queremos tomar.

Las personas que nos quieren entenderán que el diseño de nuestro camino es una tarea propia, con nuestros valores y emociones, con nuestros pensamientos y con nuestras vivencias… con nuestra propia y original visión de la vida. Pensemos si queremos la vida que los demás quieren para nosotros. Sería ir en contra de nuestra naturaleza. Estaríamos condenados a una sensación sorda y constante de infelicidad y de inadecuación…

Acabaríamos culpando a los otros como consecuencia de nuestra falta de valentía y coraje. ¡Tú tuviste la culpa!, ¡Tú fuiste el que me dijo que no lo hiciera!… Y nadie más que nosotros es responsable de nuestra vida. Culpar al otro es evitar tomar conciencia de que la vida es nuestra, y de que nosotros somos responsables de cada una de las decisiones que tomamos en ella.

Los demás no toman decisiones por nosotros. Las tomamos nosotros mismos. Desde el lugar del miedo o la cobardía, desde el lugar de la madurez y la adultez, desde el niño que llevamos dentro…

El aprendizaje vital nace de nuestras equivocaciones y de nuestros aciertos

Todos estos lugares son lícitos y márgenes de error imprescindibles. Que aburrida seria la vida si solo tomáramos decisiones perfectamente razonadas, “realistas” y bien encuadradas en el modelo de vida ideal que muchas veces nos sentimos obligados a cumplir.

En esta vida, no hay prórrogas

Tú eliges tu vida, sus matices y sus colores. ¿Que puedes errar? ¿Que puedes equivocarte con algunas decisiones? ¡Por supuesto! Nos equivocaremos muchas veces, pero esto jamás supondrá una equivocación en sí misma, precisamente porque el aprendizaje viene de las “malas” y las buenas decisiones que hemos tomado en nuestra vida.

De hecho, piénsalo, ¿qué experiencias han sido las que te han hecho madurar profundamente y saber lo que deseas en tu vida y lo que no? Así que vive tu vida como tú la quieras construir. Tómate tu tiempo y no te martirices demasiado por defraudar a los que te quieren. Ellos entenderán que solo tú puedes decidir lo que quieres y no en tu vida. Y sólo tú podrás darte cuenta de ello.

¡Ánimo en este camino!