3 verdades dolorosas que olvidamos demasiado pronto

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 31 agosto, 2016
Eva Maria Rodríguez · 31 agosto, 2016

Decía Aldous Huxley que “los hechos no dejan de existir porque se los ignore”. En efecto, el hecho que no queramos ver la realidad no implica que las cosas vayan a ser de otra manera. Sin embargo, admitir la realidad, aunque duela, nos da una oportunidad para adaptarnos. Pero algunas de esas verdades dolorosas son olvidas demasiado pronto.

Da igual que hayas vivido mucho o no tanto. Seguro que en algún momento has aprendido alguna valiosa lección de forma dolorosa, directa o indirectamente. De vez en cuando conviene recordar esas verdades aprendidas por las malas o por las que hemos visto sufrir a los demás.

No se trata de vivir con miedo, pero tampoco actuar como si la vida fuera eterna o como si siempre fuéramos a disfrutar de lo que tenemos hoy. Las verdades pueden doler, pero también pueden ayudarnos a permanecer con los pies en el suelo y, sobre todo, a disfrutar de nuestro momento presente con plena consciencia.

Estar ocupado no es lo mismo que ser productivo

Todos debemos -o, al menos, deberíamos- tener un objetivo en la vida. Nuestras metas exigen un trabajo, un esfuerzo. Ser productivo es trabajar para alcanzar esos objetivos. Algo que tenemos que hacer sin olvidar es el hecho de que hacer algo no implica que ese trabajo nos acerque a lo que buscamos.

Mujer ocupada haciendo cosas

Mucha gente se pasa el día haciendo cosas, llenando sus horarios de actividades, pasando horas eternas frente a sus ordenadores o dispositivos haciendo cosas. Pero para alcanzar una meta no es necesario hacer mucho, sino hacer lo necesario. El problema es que lo necesario suele ser bastante duro y complicado, y es más fácil ocuparse en otras cosas que puedan etiquetarse de forma similar.

Si quieres conseguir algo en la vida tienes que ser verdaderamente productivo, pensar en lo que debes hacer y hacerlo de forma efectiva. Leer sobre cómo hacer algo, planificar tu futuro, hablar sobre lo que vas a hacer o hacer cosas para probar a ver qué tal está bien en la primera fase, pero si quieres llegar lejos tienes que dar pasos más allá.

Al final de todo, lo que cuenta no es lo que has hecho para conseguir algo, sino lo que realmente has conseguido. Da igual lo mucho que te hayas esforzado, las horas que le hayas echado, el dinero que te hayas gastado, las ganas que tengas de hacer algo o lo mucho que hayas hablado y pensado. Deja de hacer por hacer y empieza a ser consciente y responsable de tu tiempo y tus actos.

Todo éxito está precedido de algunos fracasos

Cometer errores es humano y es una de las verdades más importantes. Algunos son inevitables, otros simplemente ocurren porque no se tuvieron en cuenta algunos factores que no se consideraron importantes o no se detectaron. No importa. Si te apoyas en ellos aprenderás lecciones que no encontrarás en ningún sitio.

Cuando aprendes de tus errores obtienes una oportunidad para aprender a mejorar. Solo si te culpas y te recrimimas por ellos es cuando realmente fracasas, porque eso mismo te impide avanzar.

Margarita nacida entre piedras

Para aprender de un error es necesario perdonarse a uno mismo, no avergonzarse y colocarlo como lanzadera. Todos los grandes han fracasado alguna vez. Mientras no te rindas, nada está totalmente perdido.

La diferencia entre el maestro y el aprendiz es el número de veces que ambos han fallado: el maestro ha fallado muchas veces más. Cuantos más fallos cometes más oportunidades para aprender encuentras y, por lo tanto, más sabes.

La vida humana es bastante corta

La esperanza de vida media del ser humano es poco más de ochenta años. En algunas zonas o culturas puede que esta media sea algo mayor o incluso sensiblemente inferior. En cualquier caso, diez o veinte años no son nada en comparación con los miles de años de historia de la humanidad o los millones de años de historia del universo.

La muerte nos llegará a todos, el mundo seguirá su curso y la historia continuará. Sin embargo, cuando alguien de nuestro entorno fallece sentimos una enorme sorpresa y consternación. Incluso aunque sea una muerte anunciada todavía algo en nuestro interior se altera.

mujer llorando

¿Cuántas cosas le quedaron por hacer o por decir el difunto?, ¿cuántas cosas se perdió?, ¿cuántas cosas quisiste decirle y no le dijiste? ¿Cuántas cosas se te ocurren que podías haber podido cambiar en él?

Muchas personas, al ver próxima la muerte, se dan cuenta de que han cometido muchos errores, que han dejado pasar muchas oportunidades; que no han vivido libremente, sino condicionados por su entorno. Nuestro tiempo en esta vida es corto, pero suficiente si lo aprovechamos al máximo, si vivimos según nuestros valores y buscando crecer como personas desde la consciencia de lo que somos y hacemos.

La mayor pérdida no se produce cuando morimos, sino cuando dejamos escapar las oportunidades de vivir plenamente.