El yo espejo: 3 reflexiones para el autoconocimiento

Conocerse a uno mismo es un objetivo extraordinariamente ambicioso, y al mismo tiempo liberador. Ya lo decía Carl Rogers: «la curiosa paradoja es que cuando me acepto a mí mismo, puedo cambiar». Por ello, en este artículo planteamos algunas reflexiones para conocerse mejor.
El yo espejo: 3 reflexiones para el autoconocimiento
Gorka Jiménez Pajares

Escrito y verificado por el psicólogo Gorka Jiménez Pajares.

Última actualización: 17 febrero, 2023

La búsqueda del autoconocimiento es tan antigua como la humanidad. En la Antigua Grecia, concretamente en la falda sur del Monte Parnaso, existía una antigua escultura de Homero, cerca del Oráculo de Delfos. En ella, los griegos inscribieron hasta siete grandes mandatos. Uno de ellos fue el de «conócete a ti mismo», atribuido a Heráclito.

¿Qué es conocerse a uno mismo? Nos referimos a una pregunta tan amplia como ambigua. Para acotar el término y hacerlo más entendible podemos definir el autoconocimiento como la información que tenemos sobre nuestra persona, es decir, sobre en qué creemos, qué queremos y qué percibimos.

«El autoconocimiento, tan misterioso y tan ambiguo como los consejos del oráculo, es el cimiento de la posibilidad misma de la autoayuda».

-Jose Burgos-

Mujer mirándose al espejo
Conocerse a uno mismo nace de la observación.

Autoconocimiento: el arte de conocerse mejor a uno mismo

Para algunos autores (Ryle, 1949), autoconocerse es ser conscientes de nuestros actos y nuestra forma de reaccionar ante determinadas situaciones, pero también ante determinados pensamientos y sentimientos. Es decir, implica conocer la forma en que percibimos y nos comportamos ante los múltiples escenarios de la vida. Para ello, el lenguaje es muy importante, puesto que estamos predispuestos, como seres humanos, a describir nuestras vidas de manera narrativa.

El autoconocimiento nace de la observación. Por ejemplo, podríamos detenernos y observar qué estrategias de afrontamiento solemos poner en marcha cuando identificamos un problema. Si tendemos a pedir ayuda, a intentar encontrar una solución de manera autónoma o a ignorarlo hasta que nos nos queda más remedio que optar por otras estrategias.

En este ámbito, la información que poseemos sobre nosotros mismos acerca de la forma de pensar, experimentar las emociones o reaccionar ante las situaciones es dinámica. Es decir, puede cambiar conforme pasa el tiempo y las experiencias vitales nutren a la persona. A diferencia de otros tipos de conocimiento, este se basa en las creencias. De hecho, para José Burgos (2003) «creer es saber».

«Hay tres cosas extremadamente duras: el acero, los diamantes y el conocerse a uno mismo».

-Benjamin Franklin-

Reflexiones para promover el autoconocimiento

La tarea de «mirar dentro de nosotros» puede volverse más productiva si nos ayudamos con algunas preguntas. Así, mediante la introspección, podemos llegar a conclusiones sobre nuestro «yo» que nos podrían haber pasado desapercibidas.

De esta forma, al conocernos más y mejor, es posible que encontremos formas innovadoras de afrontar los sucesos vitales desbordantes. De manera más adaptada. Pero también de disfrutar más de las cosas cotidianas que proporcionan bienestar.

«Cuando no sabemos a qué puerto nos dirigimos, todos los vientos son desfavorables».

-Séneca-

1. Todos los problemas a los que te enfrentas han desaparecido

Imagina que todas las cosas que te causan malestar desaparecen, ¿qué harías? Así, tras pulsar un botón imaginario, han desaparecido los problemas relacionados con la economía, los hijos, la pareja, las amistades o el trabajo. ¿Te sentirías mejor?

La respuesta a esta pregunta dista de ser sencilla, porque los problemas forman parte de la vida. Sin embargo, la forma en que los seres humanos reaccionan ante los eventos desagradables dice mucho de sí mismos. En este sentido, ¿afrontas o evitas? El afrontamiento activo del problema se ha visto relacionado con una mayor percepción de autoeficacia. Es decir, nos sentimos más capaces de enfrentarnos a los desafíos vitales.

Al separarnos de los problemas que nos asedian (pulsando un botón imaginario), podemos adoptar una perspectiva distinta. Es decir, podemos observar cómo estamos reaccionando ante lo que nos causa malestar: ¿nos gusta la forma en que lo hacemos? Podemos cambiarla si respondemos un «no» a esta pregunta.

«Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo».

-Albert Einstein-

2. Una mirada a lo bueno que hay en ti

Todos somos potencialmente conscientes de buena parte de nuestros defectos. Para entenderlo mejor, podemos utilizar una sencilla metáfora. Los defectos pueden llegar a ser como «grandes gotas negras en la inmensidad de una pared blanca». Sin embargo, ¿son tan grandes como para que la pared deje de ser blanca?

Nuestros defectos pueden tener la capacidad de actuar como los faros de nuestros coches, iluminado nuestro entorno más cercano a su paso. Esto puede hacer que dejemos de atender a nuestras fortalezas, es decir, a las cosas que más amamos de nosotros mismos ¿Serías capaz de dedicar una parte del día a autodescribirte en términos positivos? Para ello, puedes pensar cómo te describiría tu persona favorita.

La realidad es que el lenguaje «cala» y mucho en la forma en que reaccionamos ante nuestros pensamientos y emociones. En este sentido, ver lo malo de nuestro «yo» con mayor frecuencia que lo bueno puede ensombrecer la forma en que miramos la vida.

¿Estarías dispuesto a ponerte unas gafas más amables a la hora de ver la realidad? Esto dista de ser un autoengaño, puesto que el ejercicio simplemente consiste en autorrecordarse las características positivas que sabemos que albergamos en nuestro interior.

«Lo esencial es invisible a los ojos».

-Antoine de Saint-Exupéry-

Mujer pensando
Reflexionar sobre nuestros aspectos positivos es necesario para conocernos.

3. ¿Cómo eres feliz?

¿Qué te gusta? ¿Qué te hace sentir bien? ¿Qué es significativo para ti? La felicidad es un tema complejo. Los debates en torno al concepto de la felicidad son muy extensos y prolijos. Hay tantas definiciones de felicidad como seres humanos que la experimentan. Por esta razón, hemos querido resaltar la última pregunta: ¿qué es lo verdaderamente significativo para ti?

La felicidad puede ser entendida como un estado temporal que se experimenta ante hechos que son importantes para la persona. Por ejemplo, «Andrea se siente feliz y realiza al final de su jornada laboral, porque ha salvado a dos personas. Andrea es bombero». Mientras que «para Julen, la felicidad es el estado emocional que experimenta cuando se reúne con su familia cada mañana para desayunar».

¿Cuál es tu motor? ¿Qué es te da energía y te hace avanzar? ¿Qué te gusta? Si las personas son capaces de responder a estas preguntas, pueden llegar a establecer metas. En este sentido, la felicidad podría entenderse como la capacidad subjetiva para gozar de la vida, tanto al perseguir una meta como al cumplirla (Veenhoven, 2001).

Alcanzar el estado que hemos denominado en el título como «yo espejo» demanda una reflexión. Para ello, una recomendación que podemos sugerir es buscar un lugar tranquilo que nos dé paz.

Podemos dedicar unos minutos de cada día a reflexionar sobre qué hacemos, cómo somos, qué sentimos, a dónde queremos ir y cuáles son nuestros resultados. Es una buena vía para que nos conozcamos y nos autorregulemos mejor.

«Cada uno de nosotros está en la tierra para descubrir su propio camino, y jamás seremos felices si seguimos el de otro».

-James Van Praagh-


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  • Peralbo Uzquiano, M., & Sánchez Pernas, J. M. (1990). Reflexiones sobre autoconocimiento y educación. Revista de educación.
  • Burgos, J. E. (2003). Algunas reflexiones sobre el autoconocimiento. Analogías del Comportamiento, (6).
  • Prieto Galindo, F. H. (2018). El pensamiento crítico y autoconocimiento. Revista de filosofía, 74, 173-191.
  • Piergiovanni, L. F., & Depaula, P. D. (2018). Estudio descriptivo de la autoeficacia y las estrategias de afrontamiento al estrés en estudiantes universitarios argentinos. Revista mexicana de investigación educativa, 23(77), 413-432.
  • Veenhoven, R. (2001). Calidad de vida y felicidad: No es exactamento lo mismo.

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