4 actitudes que destruyen relacionales personales

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 30 enero, 2018
Sara Clemente · 30 enero, 2018

A veces, la forma de expresar nuestros pensamientos y las conductas que manifestamos dejan mucho que desear. Somos bruscos, groseros y no tenemos en cuenta los sentimientos de los demás. De hecho, algunas de estas conductas pueden llegar a herir tanto que acaban, en muchas ocasiones, rompiendo amistades, parejas e incluso, familias. Ahora bien, ¿cuáles son este tipo de actitudes que destruyen relaciones personales y nos ocasionan malestar?

Nos referimos, en concreto, a la crítica, el desprecio, el contraataque y la retirada total. En la jerga actual, podríamos decir que son comportamientos de “sincericidio”, porque cuando los llevamos a cabo iniciamos una especie de salto al vacío, fruto de una malentendida sinceridad. Además, ser honesto no está reñido con tener tacto, delicadeza y mesura. Se puede decir lo mismo de distintas formas sin que nadie resulte dañado. Profundicemos a continuación cuáles son ese tipo de actitudes que destruyen relaciones personales.

La destrucción de nuestras relaciones

Cuando alguien nos contesta de manera maleducada o irrespetuosa a un comentario inocente está activando involuntariamente la parte emocional de nuestro cerebro. Pero no de una manera positiva, sino de forma negativa. Así, esta activación nos plantea un dilema entre dos acciones con el objetivo de protegernos: huir o luchar.

Normalmente, al sentirnos atacados, heridos u ofendidos por una persona con la que tenemos confianza, solemos optar por pasar su comentario por alto. Pero también es probable que le respondamos invadidos de rabia con otro aún peor. Lo que decidamos dependerá del grado de contrariedad u hostilidad que sintamos en ese instante.

En las actitudes que destruyen relaciones hay rastros de ira y desprecio y en ocasiones, resentimiento.

Pareja discutiendo como ejemplo de las conversaciones difíciles

No obstante, el efecto que tiene ese comentario en nosotros suele ser el mismo: enfado, rabia y desagrado hacia la persona que lo ha emitido. Por eso, si cada vez que la vemos, adopta la misma actitud y nos agrede verbalmente, terminaremos por cansarnos de ella. A nadie le agrada rodearse de alguien que genera continuamente malestar. Razón por la que decidiremos acabar con la relación.

La actitud de crítica

“Siempre dejas todo tirado por el suelo”, “Nunca te lavas las manos antes de comer”, “Llegas tarde sistemáticamente, no hay quien lo soporte” son ejemplos de críticas poco constructivas. Además de no ir acompañadas de una conducta sustitutiva de la indeseada, son frases que contienen adverbios rotundos y sentenciadores (“siempre”, “nunca”). Expresiones que no dejan margen para la comprensión ni la flexibilidad conductual.

Ahora bien, la crítica puede transformarse en una sugerencia constructiva o cambiarse por un comentario menos hiriente. De este modo, evitaremos discusiones, malentendidos y el deterioro de nuestras relaciones.

En los ejemplos anteriores, podríamos añadir un “Si dejas todo tirado por el suelo, tengo que recogerlo yo. Y ya tengo suficientes tareas diarias. Me gustaría que me ayudaras”. O “Cuando llegas tarde a todos los sitios, me dejas en evidencia. No me gusta disculparte cada vez que sucede”.

La actitud de desprecio

Mientras que la crítica se manifiesta mayoritariamente de forma oral, el desprecio puede efectuarse en dos modalidades: gestual y verbal. La primera de ellas es una manera un poco más sutil, pero igual de destructiva.

Veamos algunos ejemplos. Un grupo de amigas han quedado para cenar después de mucho tiempo sin verse. Y una de ellas se muestra con tal alto grado de autorrealización que las demás, en vez de alegrarse por ella, ponen cara de asco constantemente. O ese jefe que cada vez que habla uno de sus trabajadores dirige su mirada hacia el cielo, como si estuviera clamando un “que se calle ya, por favor”. Ambos casos, aunque poco llamativos, son muy hirientes para quienes los sufren.

No hay mayor desprecio que no hacer aprecio.

Mujer mirando con envidia a otra

El lenguaje del sarcasmo es otra forma de desprecio. Es una forma de agresión encubierta que, malentendida o realizada en el momento inadecuado, puede hacer también mucho daño.

Contraataque y retirada total: actitudes para aumentar el conflicto

A veces creemos que cuando nos atacan solamente tenemos dos opciones: contraatacar o escapar. Si optamos por la primera, lo más lógico es que respondamos automáticamente a la otra persona lo primero que se nos pasa por la cabeza. Y no suele ser algo agradable. Esto, a su vez, causa malestar en él, lo cual puede llevarle a contraatarcanos también. De este modo, ambos nos sumergiremos en un peligroso círculo vicioso difícil de detener.

El contraataque es una de esas actitudes que destruyen relaciones. Una trampa que si no se sabe gestionar puede ocasionar graves consecuencias. Entre ellas, heridas emocionales difíciles de sanar.

Pareja discutiendo a través de agresiones verbales

Por el contrario, la retirada total es similar a la rendición en el campo de batalla. Es consecuencia de una lucha de poder encarnizada entre dos personas. Así, tras semanas o meses de continuos ataques, críticas o burlas, uno de los dos participantes opta por “rendirse”: busca el diálogo y no la confrontación.

A su vez, esta actitud exaspera a la otra parte, que sigue esperando un ataque con el que alimentar el suyo propio. Pero al final, al no obtener respuesta hostil alguna, acaba por enfadarse, gritar y desesperarse. Hay personas que no saben respetar los momentos de respiro de los demás y en lugar de esperar, aumentan el conflicto con sus comportamientos y actitudes.

Como vemos, las actitudes que destruyen relaciones personales no suelen ser agradables ni sus consecuencias tampoco. Somos conscientes de que si alguien nos critica (de manera no constructiva) difícilmente seremos sus amigos. O que si nos quejamos constantemente a nuestra pareja, estamos haciendo todo lo posible para alejarla de nuestro lado. No obstante, seguimos adoptándolas.

A veces, más vale un alto en el camino para respirar y ser consciente de lo que está sucediendo que continuar a toda prisa sin contemplar las consecuencias de nuestros actos.