4 claves para gestionar las emociones de manera inteligente

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 21 febrero, 2018
Edith Sánchez · 21 febrero, 2018

Gestionar las emociones de manera inteligente significa canalizarlas para mantener el equilibrio y la armonía. Gracias a ello, logramos ser una fuerza positiva para nosotros mismos y para todos los que nos rodean y evitamos que nuestro mundo emocional nos quite energía vital.

Cuando nuestras emociones logran mantenerse en equilibrio somos más productivos, más creativos y más felices. Impedimos que aquello que sentimos se adueñe de lo que somos. Así, conseguimos dar un rumbo constructivo a ese mundo subjetivo, poniéndolo a nuestro favor y no en contra nuestra.

La inteligencia emocional representa el 80 por ciento del éxito en la vida”.

-Daniel Goleman-

Con las emociones en calma somos capaces de trazarnos objetivos y lograrlos. De tener relaciones sanas con los demás y poder dar lo mejor de nosotros mismos. De ahí la importancia de aprender a gestionar nuestras emociones. Lograrlo solo exige decisión y constancia. Y aquí hay cuatro claves para conseguirlo.

1. Entender que no existen las emociones negativas

Las emociones tienen una razón de ser. Por lo tanto, es un error catalogarlas en el grupo de las positivas o las negativas. Simplemente hay que tener presente que existen estímulos que llevan a experimentar determinadas emociones. Es inevitable.

bolas de colores representando el arte de gestionar las emociones

El miedo, por ejemplo, es una respuesta a las situaciones de amenaza. Si no lo experimentáramos, fácilmente caeríamos en conductas temerarias que pondrían en riesgo nuestra integridad. La ira, por su parte, también es una respuesta defensiva, cuyo papel es el de prepararnos para el ataque cuando hay un peligro.

Por lo tanto, no hay emociones negativas. Para aprender a gestionar las emociones lo importante es que sepamos interpretar el mensaje que comunica cada una de ellas. Son una guía para saber que algo sucede y que esto debe abordarse.

2. Permítete sentir, para gestionar las emociones

La educación y la crianza tradicionales casi nunca nos enseñan a gestionar las emociones. Nos convencen de que hay sentimientos y emociones que no debemos experimentar. Nos dicen por ejemplo que llorar o tener miedo no soluciona nada.

Sin embargo, las emociones no nacen porque sí, ni desaparecen porque sí. Por lo tanto, reprimir lo que sentimos no es una manera correcta de gestionarlas. Intentar asfixiar lo que se siente solo aplaza su expresión. Lo reprimido retorna y a veces de mala manera.

Lo primero entonces es entender que todas las emociones son legítimas y tienen pleno derecho a existir y a expresarse. Si aceptamos lo que sentimos, será mucho más fácil gestionar las emociones. No aceptarlo implica propiciar una confusión que termina dando como resultado una tormenta interna.

3. Observa, observa, observa…

La mejor manera de gestionar las emociones es aceptándolas, pero también comprendiéndolas. Para lograr esto es indispensable que incrementemos la capacidad de observación sobre ellas. El solo hecho de prestarles atención ya permite comenzar a canalizarlas.

mirada femenina pensando en cómo gestionar las emociones

Daniel Goleman, el gran teórico de la inteligencia emocional, indica que “La atención regula la emoción”. Esto quiere decir que cuando se enfoca la atención en aquello que estamos sintiendo, automáticamente se modula o se matiza esa experiencia subjetiva.

Para observar las emociones lo adecuado es preguntarse: ¿qué estoy sintiendo? ¿cómo me siento? Luego intentar poner el nombre exacto a esa emoción que se experimenta. ¿Es ira o es frustración? ¿Rechazo o es fatiga? Cuanto más precisa sea la identificación, más fácilmente llegaremos a comprender el por qué de esas emociones.

4. Ser críticos con nuestros pensamientos

Aunque nos parezca que no es así, muchos de nuestros pensamientos surgen de manera mecánica. Se trata de interpretaciones de la realidad, que a veces tienen fundamento y a veces no. En ocasiones son fruto de un razonamiento y en otras no.

El pensamiento no es la realidad, sino un filtro para la realidad. Nos induce a sentirnos de una determinada forma frente a lo que sucede y en muchas oportunidades nos lleva a equivocaciones. Por ejemplo, el pensamiento puede decirnos que una dificultad es una molestia. Pero también podría decirnos que es un reto, una oportunidad. Sin embargo, esto se logra solo cuando nos atrevemos a cuestionar esas ideas y no simplemente a dejarnos llevar por ellas.

Mujer con los ojos cerrados intentando gestionar las emociones

Aprender a gestionar las emociones de manera inteligente implica estar plenamente despiertos. Atentos y enfocados hacia nuestro mundo interno. Puede que al comienzo sea difícil, pero los beneficios son tan grandes que bien valen la pena.