4 valores que rigen nuestra vida pero nos hacen infelices

Edith Sánchez · 19 abril, 2018

Nos guste o no, vivimos tiempos en los que los valores humanistas han pasado a un segundo plano. Buena parte del mundo y de la vida gira en torno al poder y al dinero. Se trata de una lógica frente a la cual hay muchas resistencias, pero que de todos modos impone los principales valores que nos rigen.

Muchas veces asumimos esa lógica del mundo actual como si fuera la única posible. No es así. Pese a que los valores que nos rigen están asociados a la producción y al comercio, también podemos ser críticos frente a ellos y no permitir que determinen completamente nuestras vidas.

No es que los valores que nos rigen no sean importantes también. Lo que sucede es que si se asumen de manera acrítica y como algo absoluto, terminan limitando nuestra vida y conduciéndonos a la angustia y la insatisfacción. Por eso es importante identificarlos y no permitir que lo invadan todo. Estos son los principales valores que nos rigen, pero nos hacen infelices.

1. La eficiencia, uno de los valores que nos rigen

Una de las mayores exigencias en el mundo actual es la de ser eficientes. Constantemente recibimos mensajes relacionados con la importancia de los logros, la necesidad de enfocarnos en nuestros objetivos, el éxito e ideas por el estilo. Eso está muy bien. Lo que no está bien es darle un peso excesivo a ese valor y poner todo a girar en torno a él.

Chico en el interior de un círculo de libros simbolizando los valores que nos rigen

La eficiencia es uno de los valores que nos rigen porque se trata de un rasgo que facilita el buen desempeño de la economía. Las empresas quieren gente eficiente porque, finalmente, eso es más rentable. Y, por supuesto, la eficiencia garantiza un mejor desempeño laboral y un lugar privilegiado dentro del sistema.

Sin embargo, esto no quiere decir que lo más importante en los seres humanos sea la eficiencia. No somos máquinas y, por lo tanto, dependiendo de las circunstancias somos más o menos eficientes. Eso no nos hace menos valiosos.

2. La productividad

La productividad tiene que ver con los resultados concretos que somos capaces de generar. Productivo se le llama a alguien que es capaz de hacer mucho en poco tiempo y al que, a su vez, lo que hace le permite obtener más dinero o beneficios. Es decir, productivo es alguien “útil”; sin embargo, esta “utilidad” se mira, casi siempre, referida a lo económico.

Se habla de “personas productivas”, o de “edades productivas”, o de “gente útil”. De lo que no se habla es de que el ser humano es mucho más de lo que produce. De que, como en el caso anterior, no somos máquinas de hacer dinero, o incrementar el dinero de los demás. Centrarse solo en esto hace que la única dimensión que termine imperando sea la económica y laboral. Y por esa vía nunca se alcanza la felicidad.

3. La cantidad

La sociedad actual es particularmente obsesiva con la cantidad. Todo se mide y la palabra “más” se ha convertido en una religión para muchos. Lo ilimitado no se mide en términos de sueños o ideales, sino en función de cuánto es posible acumular o producir. Un día es bueno cuando “hacemos mucho” en él. Un año es bueno cuando se lograron “muchas” cosas. Una vida es válida cuando tienen “muchos” objetivos cumplidos.

chica bajo una nube sintiendo los valores que nos rigen

¿Qué tan relevante es la cantidad? Por lo general, su valor está principalmente presente en la economía y la producción. Es allí donde se convierte en uno de esos valores que nos rigen. Desde una perspectiva más humana, la cantidad suele reñir con la calidad. Se hace mucho, o se logra mucho, o se acumula mucho, a costa de sacrificar el sentido profundo de eso que se hace, se logra o se acumula.

4. La velocidad

En todos los ámbitos la velocidad se ha convertido en un objetivo. Lograr que todo suceda rápidamente se asume como una señal de “lo correcto” o “lo eficiente”. La idea es poder hacer más cosas en menos tiempo. Por eso cinco minutos de pausa a algunas personas las desespera. O tardar más tiempo en completar una labor los frustra.

La velocidad es otro de esos valores que nos rigen, pero no nos conducen al bienestar. Así como ocurre con la cantidad, con la velocidad pasa que lo rápido es enemigo de lo bueno. Por supuesto, no en todo, pero sí en aspectos importantes. Los que están obsesionados con la velocidad pierden esa capacidad de degustar cada momento único. También les cuesta comprender el sentido de los procesos en los que el tiempo otorga un plus.

chica frente a una ventana afrontando los valores que nos rigen

Aunque todos estos valores que nos rigen son importantes para adaptarnos al mundo tal y como es en la actualidad, resulta importante que digiramos su significado y no los aceptemos pasivamente, simplemente porque es lo que impone la cultura.