5 desconcertantes frases de Diógenes, el cínico

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 6 junio, 2018
Edith Sánchez · 6 junio, 2018

Las frases de Diógenes, el cínico, nos hablan acerca de uno de los filósofos más honestos de todos los tiempos. Esto es, alguien con una verdadera voluntad de entender la realidad y llegar a la verdad, sin ningún interés adicional que el amor mismo por la verdad.

Realmente no se conservan muchas frases de Diógenes, el cínico, pues él nunca escribió. Lo que ha llegado hasta nuestros días lo sabemos gracias a sus discípulos. En especial a su homónimo, Diógenes Laercio, quien se dio a la tarea de recopilar varias de sus enseñanzas.

La sabiduría sirve de freno a la juventud, de consuelo a los viejos, de riqueza a los pobres y de adorno a los ricos”.

-Diógenes, el cínico-

La principal característica de este filósofo, nacido en Sínope y famoso en Atenas, fue su enorme desprendimiento. Amaba la libertad por encima de todo y no temía decir la verdad a los poderosos. Se decía de él que vivía en un tonel y muchos lo confundían con un mendigo. Estas son algunas de las más conocidas frases de Diógenes, el cínico.

Mujer lanzando flecha simbolizando las frases de Diógenes, el cínico

1. Una de las frases de Diógenes, el cínico, sobre los insultos

Una de las frases del Diógenes, el cínico, dice lo siguiente: “El insulto deshonra a quien lo infiere, no a quien lo recibe”. Significa que con frecuencia el error está en la mente de la persona ofensiva, no en el ser o en la naturaleza de quien es objeto de esa ofensa.

Esto, pese a que el propio Diógenes fue conocido por emplear frases muy duras para dar forma a su verdad. Sin embargo, su denuncia tenía más que ver con la doble moral y los fallos en la ética que con una persona en particular. No buscaba atacar a la persona, sino cuestionar su postura moral.

2. Los aduladores

Uno de sus discípulos, Hecatón, dejó por escrito una de las frases de Diógenes, el cínico, que, al parecer, pronunciaba con más frecuencia. Esta dice: “Es preferible la compañía de los cuervos a la de los aduladores, pues aquellos devoran a los muertos y estos a los vivos”.

Si algo detestaba este filósofo era a los aduladores. Se hizo famoso por un episodio: Alejandro Magno lo buscó, atraído por su prestigio. Se presentó frente a él y le dijo que podía pedir cualquier cosa. Diógenes le pidió que se apartara, pues le tapaba la luz del sol.

3. El desprendimiento total

Se cuenta que una vez Diógenes se detuvo a observar a un niño que recogió agua con sus manos y la bebió. El filósofo tenía muy pocas pertenencias, entre ellas un cuenco. Pero al ver al pequeño dijo: “Un niño me superó en sencillez” y tiró el cuenco.

En otra oportunidad, observó que otro niño tomaba su comida sobre una hoja. Eran lentejas y él usaba el pan, a modo de cuchara, para llevárselas a la boca. Imitándolo, Diógenes abandonó su escudilla y desde entonces comió de esa manera.

Niña cogiendo gotas de la Luna representando las frases de Diógenes, el cínico

4. Sobre callar y hablar

Esta es una de las frases de Diógenes, el cínico, sobre la que no hay total certeza de autoría. Dice lo siguiente: “Callando es como se aprende a oír, escuchando es como se aprende a hablar; después, hablando, se aprende a callar”.

Si la frase no es de Diógenes, en todo caso es acorde con su pensamiento. Significa que comunicarse es un proceso complejo en el que la escucha es fundamental. Esta es la que permite, primero, aprender a hablar. Y el saber hablar implica decantar, entender cuándo se debe guardar silencio.

Lienzo representando las frases de Diógenes, el cínico

5. La caridad y sus intereses

La historia cuenta que uno de los ciudadanos atenienses, impresionado por el grado de pobreza en el que vivía Diógenes, se le acercó y le preguntó: “¿Por qué la gente da dinero a los mendigos y no a los filósofos?”.

Diógenes pensó un momento y luego le respondió: “Porque piensan que, algún día, pueden llegar a ser inválidos o ciegos, pero, filósofos, jamás”. Una ingeniosa manera de decir que la caridad se inspira en una suerte de egoísmo, que alimenta sobre todo la ayuda inspirada en el egoísmo. En esa ecuación no entran las virtudes, sino las deficiencias; no entra la empatía, sino el miedo.

En los tiempos de Diógenes se apreciaba mucho a los filósofos. Él pudo haber vivido como un protegido de los nobles, en medio de lujos y privilegios. Sin embargo, eligió desprenderse de todo para alcanzar el mayor grado de autenticidad, de verdad. Por eso mismo, es recordado miles de años después.