5 diferencias entre la ansiedad patológica y la ansiedad adaptativa

Edith Sánchez · 9 marzo, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 9 marzo, 2019
Es saludable que experimentemos ansiedad ante la presencia de un riesgo, un peligro o una amenaza. Nos ponemos ansiosos porque es una forma de hacerle frente a esto. El problema es tener episodios de ansiedad, sin que haya una amenaza real.

Actualmente, la palabra ansiedad tiene una connotación básicamente negativa. Sin embargo, en principio no se trata de un estado bueno o malo como tal, sino de un mecanismo de supervivencia propio de la condición humana. Si frente a un peligro real no experimentáramos ansiedad, tampoco podríamos prepararnos para enfrentarlo.

La ansiedad funciona como una especie de señal de alarma. Se activa al detectar la presencia de algo potencialmente dañino para nosotros. La activación, derivada de la ansiedad, nos permite prepararnos para la huida o la lucha. Por lo tanto, su papel fundamental es el de proteger y preservar nuestra integridad y nuestra vida. Eso es lo que se denomina ansiedad adaptativa.

Otra cosa ocurre cuando no existe una amenaza real, pero la ansiedad se activa de todos modos, en función de peligros imaginarios o imprecisos. Es entonces cuando comienzan los problemas. Las personas terminan reaccionando con fuertes descargas de ansiedad, frente a un estímulo insignificante, e incluso inexistente. En estos casos, el estado tiende a prolongarse y alcanzar altos niveles de intensidad. Esa es la ansiedad patológica.

Para comprender mejor el tema, veamos cuáles son esos aspectos que marcan la diferencia entre la ansiedad patológica y la adaptativa.

La ansiedad no puede evitarse, pero sí reducirse. La cuestión en el manejo de la ansiedad consiste en reducirla a niveles normales y en utilizar luego esa ansiedad normal como estímulo para aumentar la propia percepción, la vigilancia y las ganas de vivir”.

-Rollo May-

Chica con ataque de pánico

1. Intensidad

La intensidad es uno de esos factores que marca una gran diferencia en la ansiedad adaptativa y la patológica. En el primer caso, dicha intensidad es proporcional a la valoración que hagamos del potencial de daño del estímulo.

Si estamos frente a un león en un descampado, es probable que nuestro nivel de activación se dispare. Pero si nos enfrentamos a un examen rutinario o nos metemos en medio de un atasco, es probable que, aumentado la activación, esta tendrá una intensidad menor.

En cambio, en la ansiedad patológica la intensidad suele ser muy alta: hay una distancia muy grande entre el grado de amenaza real que supone el estímulo y aquel que estima la persona. De este modo, atravesar una calle se puede convertir en fuente de terror. O mirar por la ventana de un edificio alto, aunque estemos protegidos por una reja.

2. Frecuencia, un factor que marca diferencias en la ansiedad

Otro elemento que marca la diferencia es la frecuencia. En la ansiedad adaptativa, los episodios se presentan si hay un estímulo concreto que «la merezca», algo que no sucede con mucha frecuencia. Pueden pasar muchos días sin que nos enfrentemos a una amenaza potencial seria.

En la patológica, en cambio, los episodios suelen ser frecuentes -entra dentro de la definición de patológica: produce un desajuste de consecuencias negativas en la vida de la persona-.

En casos extremos se siente frente a todo. Se imaginan peligros todo el tiempo. Si la persona está en la casa, teme que haya un terremoto en cualquier momento. Si está en la calle, imagina que puede ser asaltado o atropellado por un coche.

3. Nivel de reacción

El nivel de reacción en la ansiedad adaptativa es el esperable en una persona promedio. Correr, si hay que protegerse de un objeto que está cayendo o esconderse si hay algún maleante o un animal que está atacando. Es lo que haría cualquier persona racional.

En la ansiedad patológica hay reacciones desproporcionadas. La persona pierde el control y actúa de forma errática, incluso si no hay un peligro evidente. Es el caso de quienes se lavan las manos 500 veces al día por temor a contagiarse de virus.

4. Duración

Otro elemento importante es la duración de los episodios. En la ansiedad adaptativa, los episodios tienen una duración limitada. Aparecen cuando hay un riesgo o peligro y se diluyen cuando ese estímulo desaparece o logra controlarse.

En la modalidad patológica esos estados tienen una duración prolongada. El estado no desaparece del todo, sino que tiende a generar una especie de eco emocional que se mantiene. Cuando la persona pierde el control, no es fácil que recupere el control.

Chico triste con un ventana

5. Profundidad

En la ansiedad adaptativa hay un sufrimiento. Sin embargo, este es transitorio y solo llega hasta un punto determinado. En general, se difumina y prácticamente no deja ninguna huella en la vida cotidiana. Después de pasado el susto, la persona puede volver a sus actividades sin problema.

En la ansiedad patológica el grado de sufrimiento es mucho más alto. Se experimenta de manera profunda y deja una huella visible en la vida de la persona. De una u otra manera, lo vivido comienza a afectar al desarrollo de su vida.

Derivado de lo anterior, hay otro elemento que marca una importante diferencia. En la ansiedad patológica se desarrolla lo que se llama “componente anticipatorio”. Esto es que la persona queda como a la expectativa de que vuelva a aparecer el estímulo que le produce angustia. Por eso no puede estar tranquila.

Así pues, la ansiedad adaptativa es una reacción perfectamente razonable, frente a situaciones que ponen en juego nuestros mecanismos de supervivencia. En cambio, la patológica es un estado en el que hay fuertes componentes irracionales y frente al cual hay que recibir tratamiento profesional.

  • Orozco, W. N., & Baldares, M. J. V. (2012). Trastornos de ansiedad: revisión dirigida para atención primaria. Revista médica de costa rica y Centroamérica, 69(604), 497-507.