5 mitos sobre la sexualidad en la tercera edad

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 29 abril, 2018
Maria Prieto · 29 abril, 2018

La sexualidad en la tercera edad es considerada por muchos como un tema tabú del que no se habla por vergüenza y miedo, o simplemente por desconocimiento. Vivimos en una sociedad donde se transmite la idea de las bondades de la eterna juventud, donde la sexualidad aparece ligada a la lozanía y se constituye en un espacio dedicado especialmente a los que no suman demasiados años.

Envejecer, no significa perder repentinamente el interés por el sexo. Lo normal es que si existe una buena salud, las personas se mantengan sexualmente activas durante toda su vida. Por lo tanto, una vez más, se repite la premisa de que gozar de una buena salud es la clave para disfrutar al máximo de la sexualidad.

Alrededor de la sexualidad en la tercera edad se ha construido un muro cargado de estereotipos, prejuicios y marginación. Este telón lleva a la persona mayor a dejar de hablar de sexualidad, en muchos casos a no compartirla con nadie y en última instancia a abandonarla.

Para disfrutar de forma sana de la sexualidad en la tercera edad es preciso conocer los cambios que se producen en el cuerpo con el paso del tiempo y cuál será la influencia de estos en el campo que hoy tratamos. Entender estos cambios implica generar un proyecto vital en el que el bienestar no esté limitado por la pérdida de aptitudes físicas.

En este sentido, estar al tanto de los cambios físicos que vienen asociados a la edad y tomar conciencia real de ellos en el propio cuerpo es fundamental para enfrentarnos al conjunto de mitos que rodean el tema del placer “mayor” y que pueden provocar rechazo a la sexualidad.

Pareja de personas mayores en la cama

Los especialistas coinciden en que el órgano más importante en la sexualidad es el cerebro. Cualquier temor o inseguridad se puede convertir en el mayor obstáculo a la hora de mantener relaciones íntimas. El principal miedo de los hombres suele ser el de no conseguir una erección o no mantenerla, mientras que el de la mujer suele vincularse más a su presencia física, es decir, no sentirse erótica o sensual. Es cierto que la edad va vinculada a ciertos cambios inexorables, pero precisamente por eso hay que asumirlos con naturalidad.

Los últimos estudios en gerontología hablan de la importancia de evolucionar en nuestras falsas creencias sobre la sexualidad, en las que los miedos y, en muchos casos, la educación recibida nos lleva a pensar en los adultos mayores como seres asexuados.

El hombre tiene mayor necesidad sexual que la mujer

Uno de los mitos más extendidos sobre la sexualidad en la tercera edad tiene que ver con el deseo y la creencia de que los hombres tienen una mayor necesidad sexual. Pero el deseo sexual no tiene nada que ver con el género. Tanto hombres como mujeres muestran necesidades sexuales a cualquier edad y, por supuesto, también en la madurez.

El envejecimiento y el sexo, salvo casos extremos de patologías, son buenos compañeros de viaje. No se trata de pretender tener una vida sexual igual que en la juventud, sino de dosificar esfuerzos, intensificar la relación de cariño con la pareja y mantener la capacidad para disfrutar.

La sexualidad es para los jóvenes

Es falso que a partir de cierta edad se pierda progresivamente el interés por el sexo. La actividad sexual suele mantenerse estable y satisfactoria en quien tiene una historia sexual en la que estos dos elementos han sido protagonistas.

La capacidad sexual a lo largo del tiempo está condicionada por factores como la salud física y mental o la existencia de una pareja activa, pero casi nunca determinada.

La práctica del sexo en adultos mayores es nociva para la salud

La realidad de esta afirmación sobre la sexualidad en la tercera edad es bien distinta: la práctica sexual ayuda a que se sientan mejor y no deja de ser estupenda para su salud física y mental. El sentimiento de autovaloración y felicidad hace que los mayores vean aumentada su autoestima y se acreciente el vínculo emocional con la pareja.

Existen beneficios asociados al placer, como sentirse dichoso, eliminar el dolor, regular el insomnio y la depresión, favorecer la activación del sistema inmunitario y mejorar el clima de las relaciones interpersonales, de los que las personas mayores pueden seguir disfrutando.

Los mayores no necesitan pareja

El amor no tiene edad, lo que sí es normal es que cambie con los años. En la juventud puede ser más pasional, mientras que con el transcurrir del tiempo puede convertirse en un sentimiento más maduro y sereno, donde se prioricen otros temas como la compañía y los cuidados. Se crea un vínculo emocional al poder compartir con la pareja esa complicidad que lleva al otro a sentirse confiado y deseado.

Pareja representando la La inteligencia emocional en las personas mayores

Los impulsos sexuales se agotan con la edad

El envejecimiento de la persona no lleva por sí mismo a la muerte del deseo o al cese de la actividad sexual. Es cierto que el cuerpo cambia y la respuesta sexual tiende a ser más lenta, pero el placer es el mismo si se produce el estímulo adecuado.

El sexo es fabuloso a cualquier edad y una buena vida sexual proporciona autoestima y placer. En este sentido, en muchos casos no hay razón objetiva para renunciar a una enorme fuente de bienestar, como es el disfrute de la sexualidad, con el paso de los años. Desgraciadamente este es un tema tabú en la sociedad e incluso en las propias consultas.

“Una bella ancianidad es, ordinariamente, la recompensa de una bella vida“.

-Pitágoras-