7 formas invisibles de machismo - La Mente es Maravillosa

7 formas invisibles de machismo

Edith Sánchez 4, Abril 2017 en Psicología 3444 compartidos

Muchas veces es difícil reconocer el machismo. A menudo se camufla en comportamientos que parecen inofensivos. La cultura misma lo alimenta y hace que se transmita en pequeñas dosis cotidianas. Pero esas pequeñas dosis, sumadas, conforman toda una cosmovisión que sigue otorgándole un papel cuestionable a la mujer.

Ningún espacio de la vida diaria está a salvo del machismo. Es una conducta tan acendrada que se transmite y retransmite inconscientemente. La mujer enfrenta día a día insinuaciones o actitudes de discriminación que muchas veces pasan desapercibidas, pero que implícitamente la agreden profundamente.

“—Entonces, ¿por qué les pagaban menos? —Bueno chico, es obvio —dijo el panadero encogiéndose de hombros—. Son mujeres”.

-Juan Gómez-Jurado-

Aunque las mujeres han alcanzado derechos que antes no tenían, todavía falta mucho. Se sabe por ejemplo que en general ganan salarios menores. Y que en muchos trabajos tienen que probar una excelencia fuera de lo normal para obtener ascensos.

La calle también es uno de esos escenarios en los que muchas veces se libra una batalla de géneros. Hay ciudades en el mundo que debieron implementar transportes públicos exclusivamente femeninos para proteger a la mujer. En pleno siglo XXI esto es, por lo menos, preocupante. También hay otras formas de machismo cotidiano que vale la pena examinar y que enseguida te presentamos.

1. El machismo en la frase “Te hace falta un novio”

Esta frase tiene que ver con tus estados de ánimo. Si estás muy triste poco importa el porqué. La conclusión es que necesitas un hombre a tu lado. Se supone que las mujeres se ponen insoportables si no tienen un hombre al lado. Así que si estás preocupada, tensa o estresada, muchas veces te dirán “Lo que te hace falta es un novio”.

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Esta frase en realidad encierra un componente muy agresivo. Plantea a la mujer como un ser “en falta” y concluye que lo masculino es todo lo que ella necesita para estar bien. Se trata de una de esas fórmulas que parten de la idea de que la mujer es el “sexo débil” y que necesita, sí o sí, de un hombre para ser feliz.

2. Tienes que cuidar tu apariencia, sino, ¿quién se va a fijar en ti?

Debes arreglarte siempre, tener un cuerpo armónico, lucir agradable. De lo contrario estás condenada a la invisibilidad. En otras palabras, a la inexistencia. Se asume de entrada que la belleza física es el único atributo que le otorga una presencia social a la mujer.

El problema de este tipo de afirmaciones es que esconden una amenaza muy agresiva que pasa desapercibida. Confinan el papel social de la mujer a la seducción. Minan la seguridad y el amor propio. Y reafirman la idea de que la mujer existe para gusto del hombre y no para ningún otro propósito.

“Se confina el papel social de la mujer a la seducción”
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3. El día que te cases…

Es una frase que los padres, y muy especialmente la madre, le repiten incansablemente a sus hijas en ciertas culturas. Se habla de “El día que te cases…” como su destino final. En el fondo, lo que están afirmando es que su proyecto de vida debe apuntar al matrimonio. Y a ser la buena esposa de algún hombre.

Se supone que la mujer ya ha alcanzado un lugar importante en la ciencia, la política y la cultura. Sin embargo, es de verdad muy frecuente escuchar este tipo de frases en los hogares. Quizás piensan que otras mujeres pueden escalar hacia grandes posiciones, pero su hija o su hermana no.

4. Deberías ser más femenina

La adjudicación de los roles de género es un asunto cultural. No existe alguna ley biológica que indique que un hombre no pueda ser sensible, o que una mujer no pueda ser ruda. Simplemente las culturas han distribuido la delicadeza de este modo. Quizás para impedir que la mujer se subleve o confronte al hombre.

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El “deberías ser más femenina” es una llamada de atención para que la mujer suavice sus modales, cuando al mismo tiempo también es una invitación a no cuestionar su rol. A adaptarse pasivamente a lo que la cultura le impone. Al tiempo, implícitamente, define las maneras que se consideran “impropias” en los varones.

5. Los piropos en la calle

Es una situación muy incómoda tener que aguantar ciertas frases que pueden dedicarte por la calle. Y más que incómoda, es una situación que puede entrañar un riesgo para la mujer. Pero muchos hombres se sienten con ese derecho, mientras no sean frases ofensivas ni groserías, aclaran. Pocos aceptan que es una agresión injustificada.

Te pueden decir al verte que pareces un ángel, que estás muy bonita. Es posible que te reciten un poema. Sin embargo, es un abuso que no tendrías por qué soportar. Las mujeres que se oponen a este tipo de prácticas son llamadas “feminazis” o “amargadas”.

6. No seas mojigata o no seas tan fácil

El mensaje de la cultura es: está bien que te veas bonita, que seas simpática y que te comportes de manera seductora. Pero no exageres. No muestres más de la cuenta o parecerás una mujer fácil. El secreto está en mostrarte deseable y a la vez difícil de alcanzar.

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El recato, ante todo, alguna insinuación y nada más. Lo demás corre por cuenta del hombre. Él es el encargado de conquistarte y tú de aceptar después de un tiempo. Nada de tomar la iniciativa. Si lo haces dejarás de ser una mujer interesante. Una que otra mirada y ser siempre agradable garantizan que te veas interesante.

Con este tipo de aseveraciones se refuerza la idea de la “mujer-presa”.  La mujer vendría a ser el premio de caza para un hombre. “La presa” a la cual dirige sus avances. En general, una mujer que toma la iniciativa amorosa o se empodera de su vida sexual es vista como amenaza.

7. No seas tan ilusa, el amor es un sueño romántico de las mujeres

El machismo te advierte que el amor es inalcanzable. Solamente se da en los cuentos de hadas. Tú no eres una princesa, sino una simple mortal que vive de sueños e ilusiones. Los hombres no pueden ser románticos y, por lo tanto, no tienes derecho a esperar que lo sean. El amor al estilo “femenino” no es más que una ingenuidad.

Te aseguran que la realidad es muy diferente. Tienes que conformarte con lo que te tocó en suerte. Imagínate que, por esperar tu “príncipe azul”, termines sola para siempre. Atrapa al primer hombre que encuentres o se te puede escapar. Es preferible tener un hombre asegurado o, de lo contrario, el día de mañana te vas a arrepentir.

Todas estas formas de micromachismo hacen daño. No solamente a las mujeres, sino también a los hombres. A nadie le quedan bien las camisas de fuerza. Cada persona es única y el rol de género a veces le queda estrecho a muchos. Ya es hora de abrir la conciencia a esas fórmulas cotidianas y erradicarlas para siempre.

Edith Sánchez

Escritora y periodista colombiana. Ganadora de varios premios de crónica y de gestión cultural. Algunas de sus publicaciones son "Inventario de asombros", "Humor Cautivo" y "Un duro, aproximaciones a la vida".

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