9 cosas que las personas con autocontrol hacen muy bien

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 12 febrero, 2015
Raquel Aldana · 11 febrero, 2015

Ahí están la manzana y la tarta de chocolate  y, aunque te has prometido no tocar más alimentos que los de tu dieta, tus manos se deslizan nerviosas hacia la porción más apetecible de tu nevera.

Esa noche en la que celebrabais el cumpleaños de tu mejor amigo y te pasas con las copas e incluso acabas despertándote al lado de alguien que no conoces o conduciendo tu coche ebrio…

¿Os suenan estas situaciones? A menudo, una meta propuesta a largo plazo (p.e. adelgazar) entra en conflicto con los placeres inmediatos (tarta de chocolate). Sin embargo, el disfrute inmediato y momentáneo de ciertos placeres puede dañarnos y dañar nuestras metas, así como la motivación para mantenernos en ellas.

Pero, ¿cómo es posible que sucumbamos a la tentación cuando estamos plenamente comprometidos con lo que queremos conseguir?

Parece que nuestro sistema impulsivo rastrea el entorno en busca de estímulos que nos garanticen el placer, los valora y determina nuestro comportamiento (ir en busca del trozo de tarta de chocolate). Obviamente, la magnitud de estos impulsos no es igual en cada momento ni en cada persona, sino que es función de múltiples circunstancias y disposiciones. Por ello, por ejemplo, se recomienda que no vayamos al supermercado con hambre.

Por otra parte, tenemos a nuestro sistema reflexivo, el cual actúa planificando y elaborando las consecuencias de nuestra conducta. Pensar sobre lo que vamos a hacer requiere de muchos recursos y capacidad pero a la par de costoso es rentable puesto que si lo realizamos con asiduidad, ir al gimnasio se convertirá en un hábito y no en un eterno dilema cuando tenemos el sofá a nuestros pies.

Entonces, ¿una persona con autocontrol nace o se hace?

Pues bien, una persona con autocontrol se hace y es por esto por lo que podemos aprender mucho de las personas que han logrado dejar el tabaco, adelgazar, entrenarse para una maratón o estudiar unas oposiciones.  No obstante, no es necesario que las metas sean tan ejemplares, podemos tomar nota de estos consejos para conseguir cualquier tipo de meta que nos propongamos.

¿Qué hacen éstas personas?

1. Toman conciencia de los riesgos y las consecuencias negativas que puede suponer llevar a cabo una conducta perjudicial. Así, por ejemplo, elaboran reglas del tipo “si… entonces”. Esto es: “si me como un trozo de pastel, entonces no lograré mantener mi objetivo semanal de pérdida de peso”, “si me ofrecen un cigarro, entonces lo rechazaré”, “si hoy no entreno, entonces perderé la oportunidad de acumular progresos”, etc… El hecho de habernos imaginado una situación crítica en la que respondemos adecuadamente puede resultar muy útil para no desviarnos de nuestro camino.

2. Aumentan su compromiso personal explicándole a su entorno cuáles son sus objetivos y su plan de acción. Estas personas coinciden en el hecho de afirmar que elaborar verbalmente su estrategia para contársela a los demás refuerzan sus metas y consiguen eliminar distracciones innecesarias.

3. Transforman sus objetivos abstractos en pequeñas etapas o tareas que tienen que cumplir. Esto es: esta semana voy a procurar estabilizar la pérdida de ese medio kilo, voy a ir al gimnasio un día más o me voy a pegar una caminata de 2 horas 5 días a la semana.

4. Se alegran de los logros parciales y de la consecución de sus metas. Sí, el no haber perdido ya los 10 kilos que querían no les supone una agonía por pensar en todo lo que les queda por delante. Cada gramo, cada cigarrillo sin fumar, cada kilómetro recorrido suponen una o varias sonrisas.

5. También utilizan la estrategia “si…entonces” para elaborar propósitos y sustituir las costumbres viejas por unas nuevas.

6. Modifican sus impulsos estableciendo una asociación entre el aspecto externo de la tentación con algo. Por ejemplo: la imagen de una porción de pastel de chocolate se asocia con una bola de sebo, la botella de ginebra con un accidente automovilístico, etc.

7. Entrenan su memoria. Sí, puede parecer extraño pero, cuantas más cuestiones consigamos tener presentes y accesibles en nuestra mente, mejor podremos tomar nuestras decisiones.

8. Reflexionan sobre las situaciones que representan un gran riesgo para la salud y tratan de evitarlas.

9. Procuran realizar suficientes pausas y momentos de descanso para conseguir restaurar sus recursos mentales y su motivación. Es especialmente importante que, ante el agotamiento que supone luchar contra nuestros impulsos constantemente, haya momentos en los que nos demos tregua y nos concedamos algún capricho o desvío. No obstante, esto debe de ser pautado y pactado con nosotros mismos, siempre en la medida de lo posible y siendo flexibles.

En definitiva, la senda del autocontrol pasa por controlar nuestras tentaciones y aprovechar nuestras fortalezas. La próxima vez que os topéis con un dilema entre una situación inmediata y una meta a largo plazo, no os olvidéis de imaginar a vuestro sistema reflexivo y a vuestro sistema impulsivo luchando entre sí. ¿Cuál merece ganar la batalla?